GOMBROWICZIDAS
Nos las estamos viendo otra vez con
las aproximaciones de Gombrowicz a la naturaleza. Ya sabemos que se
sentía confuso y en contradicción con la naturaleza al punto que al
momento de ponerse en contacto con ella se transformaba en un demonio,
en una anti-naturaleza. La importancia que fue tomando el dolor
respecto de la muerte era, a su juicio, la causa de esta inseguridad,
pero la causa también podría ser el papel preponderante que le daba
Gombrowicz a la actuación y al artificio. Sea como fuere vamos a ver
qué cosas le ocurren cuando se pregunta cómo debía comportarse en los
encuentros que había tenido con una vaca en los campos de su amigo
Wladyslaw Jankowski.
Paseando por un avenida arbolada de la
estancia "La Cabaña" en Necochea, detrás de un árbol se le apareció una
vaca. Quizá el hecho que lo obligó a realizar indagaciones sobre este
encuentro fue que la vaca lo miró, mejor dicho, que él le había
permitido a la vaca que lo mirara, y si bien es cierto que no estaba en
condiciones de sacar de ese encuentro las consecuencias drásticas que
saca Sastre de la mirada, se sintió tenso y con una vergüenza propia de
hombre frente al animal. Continuó el paseo pero se sentía incómodo,
como si toda la naturaleza lo estuviera asediando mientras lo
contemplaba.
La
primera idea que le pasó por la cabeza para resolver esta oposición
entre su humanidad y la naturaleza fue la de que el hombre es
no-natural, es anti-natural, pero resulta que Gombrowicz tenía la
tendencia a establecer contacto con lo inferior.
Si en el
mundo humano pone al descubierto la dependencia que tiene la conciencia
superior de la inferior, si recorre el camino descendente de la madurez
a la inmadurez yendo contra la corriente, entonces, ¿por qué no seguir
descendiendo hasta el fondo en la escala de las especies?
Y cuando
pareciera que empieza a seguir los pasos de San Francisco de Asís, de
pronto se detiene bruscamente. Mirar, contemplar y comprender la
naturaleza es una cosa, pero dejarla aproximar como algo igual a
nosotros porque la comunidad de la vida nos engloba, tutearla, es
demasiado, regresa rápidamente a su casa humana y cierra la puerta con
doble llave. La negativa a reconocer la humanidad de una vaca, es
decir, de la naturaleza, una negativa que se le traduce en fatiga y
aburrimiento a partir del momento en que intenta reconocer a esa vida
inferior en un pie de igualdad, vendría a ser una de las
características principales de la humanidad de Gombrowicz
Pero Gombrowicz no sólo tenía problemas con las vacas, también los tenía con los cocodrilos.
"(...)
Es verdad que mi doble personalidad se prestaba a la mixtificación, mi
apariencia era más bien la de un terrateniente que la de un asiduo a
los cafés y la de un escritor vanguardista. Sin embargo, yo, por mi
parte, no podía ser diferente, ya que hubiera sido más fácil, por
ejemplo, comprender la naturaleza de un cocodrilo que la mía, formada
por influencias y factores que eran para los demás completamente
desconocidos"
A
caballo de los años 1954 y 1955 Gombrowicz cae en uno de esos estados
hipomaniacales característicos de los genios de los que resultan
variaciones vivísimas que aparecen en los diarios.
En efecto, en
noviembre de 1954 relata un paseo campestre que hace por la estancia
que los Rússovich tienen en Goya. Después de tres días de viaje en
coche y setenta kilómetros de vuelo en el último tramo del viaje, baja
del aeroplano bastante confundido, sudando a mares, cuando de repente
ve una mansión entre los eucaliptos mientras escucha el griterío de los
papagayos.
Le aburría que Sergio Rússovich hiciera siempre lo que se
esperaba de él, así que le pide que deje de aburrirlo y que se comporte
de un modo menos previsible.
Al
día siguiente pasean por la estancia y Sergio, de repente, se trepa a un árbol: –Sergio, ¿no puedes inventar algo más original?
El
muchacho no le responde, sin embargo, según le parece a Gombrowicz,
sigue ascendiendo ya sin árbol: –Sergio, ¿no puedes dejar de ser
convencional? Otra vez, silencio, pero el joven parece levantarse del
suelo y caminar a quince centímetros de altura. Durante la cena,
Sergio, en vez de encender un cigarrillo le prende fuego a una cortina,
pero no del todo, a medias, lo que causa el asombro de sus padres, pero
también a medias: –¡Vaya, vaya, Sergio, qué cosas haces!
Sergio le
da una escopeta a Gombrowicz y le pide de una manera apremiante que le
dispare a algo que tiene la forma de una triángulo y un color
verdoso-amarillento-azulado. Gombrowicz dispara y algo se agita,
desaparece... es un cocodrilo.
"Sergio no decía nada, pero yo
sabía que todo eso llevaba agua para su molino..., y no me sorprendió
en absoluto cuando, de una manera incompleta pero ya abiertamente, voló
hacia una rama y gorjeó un poco (...) De alguna manera me preparo para
huir. Hasta cierto punto hago las maletas. ¡El cocodrilo, no total, el
cocodrilo incompleto! Los padres de Sergio ya casi han subido al coche
tirado por cuatro caballos y en cierto modo se alejan..., casi sin
prisa... Calor. Bochorno. Ardor"
Después
de esta narración metafísica y bucólica Gombrowicz sigue todavía en un
estado hipomaniacal, así que mete en los diarios los relatos de la casa
de los Pueyrredón, del cretino de la columna de Creta y del fotógrafo
impostor. Finalmente una lectora de Canadá se cansa y le manda una
carta.
"Al principio, lo que usted escribía tenía carácter
polémico, despertaba controversias, producía reacciones, incluso
negativas, pero fuertes. Los últimos fragmentos no me producen ninguna
reacción aparte del estupor de que usted los escriba y de que Kultura
los publique"
Gombrowicz lee con atención la carta y
reconoce que el diario publicado en noviembre le salió un poco frívolo,
especialmente con el cuento del cocodrilo, pero no está dispuesto a
escribir sólo para la satisfacción de los lectores, les pide que le
dejen cierta libertad y que no se entrometan demasiado en su trabajo.
"Cuidad
de que mi diario tenga el mínimo indispensable de inteligencia y
vitalidad, la cantidad exigida por el nivel medio de la palabra
impresa, pero en cuanto la resto, dejadme las manos libres. En este
saco meto muchas cosas distintas: todo un mundo al sólo os
acostumbraréis en la medida que adquiera superioridad sobre vosotros;
mientras tanto, muchas cosas de este diario os parecerán innecesarias e
incluso os quedaréis sorprendidos de que se acepte su publicación"






































