Aguante Barreda de Alejandro Colliard
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El sujeto y el poder: Michel Foucault
Enviado por Daniel Rojas
el 28/10/2008 a las 15:55
El sujeto y el poder: Michel Foucault
Por que
estudiamos el poder: la cuestión del sujeto. Las ideas que desearía discutir
aquí no representan ni una teoría, ni una metodología. En primer término me gustaría
decir cuál ha sido el propósito de mi trabajo durante los últimos veinte años. Mi propósito no ha sido
analizar el fenómeno del poder, ni tampoco elaborar los fundamentos de tal
análisis, por el contrario mi objetivo ha sido elaborar una historia de los
diferentes modos por los cuales los seres humanos son constituidos en sujetos.
Mi trabajo ha lidiado con tres formas de objetivaciones , las cuales
transforman a los seres humanos en sujetos. El primero, el modo de
investigación que trata de darse a sí mismo el estatus de ciencia, por ejemplo
la objetivación del sujeto hablante en la Grammaire Générale, la filología y la
lingüística, o incluso en este primer modo de objetivación del sujeto
productivo, que trabaja, en el análisis de la riqueza y la economía, o un
tercer ejemplo, la objetivación del hecho puro de estar vivo en historia
natural o biología. En la segunda parte de mi
trabajo he estudiado los modos de objetivación a los que yo llamaría
"prácticas divisorias". El sujeto está dividido tanto en su interior
como dividido de los otros. Este proceso lo objetiva. Los ejemplos son, el loco
y el cuerdo; el enfermo y el sano, los criminales y los buenos chicos. Finalmente, he pretendido
estudiar, -es mi trabajo actual- los modos en que los seres humanos se
transforman a sí mismos en sujetos. Por ejemplo, he elegido el dominio de la
sexualidad: como los hombres han aprendido a reconocerse a sí mismos como
sujetos de la "sexualidad". Por lo tanto no es el poder
sino el sujeto, el tema general de mi investigación. Es cierto que me he visto un
tanto implicado en el tema del poder, y podría inferirse fácilmente que en
tanto el sujeto se encuentra en relaciones de producción y significación, se
encontraría igualmente en relaciones de poder, las cuales son a su vez
sumamente complejas. Si bien, la teoría y la historia
económica proveen de buenos instrumentos para las relaciones de producción,
-así como la lingüística y la semiótica ofrecen buenos instrumentos para el
estudio de las relaciones de significación- no sucede lo mismo en el caso de
las relaciones de poder. Tradicionalmente, se ha recurrido a formas de pensar
en el poder basadas en modelos legales, esto es: ¿qué legitima al poder? o se
ha recurrido a formas de pensar el poder basadas en modelos institucionales,
esto es: ¿qué es el Estado?. Por lo tanto considero que es
necesario ampliar las dimensiones de la definición de poder, si se quisiera
usar esta definición para estudiar la objetivación del sujeto. ¿Necesitamos entonces una
teoría sobre el poder?. Desde el momento en que una teoría presupone una objetivación
dada no puede ser tomada como la base de un trabajo análitico. Pero este
trabajo analítico no puede proceder sin una conceptualización permanente, la
cual, implica un pensamiento crítico, una revisión constante. La primera cuestión a revisar
es la que yo llamaría, las "necesidades conceptuales", lo cual
significa que la conceptualización no debería estar fundada en una teoría del
objeto, ya que el objeto conceptualizado no es el único criterio para una buena
conceptualización. Deberíamos tener en cuenta las condiciones históricas que
motivan nuestra conceptualización. Es necesaria una conciencia histórica de
nuestras circunstancias actuales. La
segunda cuestión a revisar es el tipo de realidad con la que tratamos. Un escritor de un conocido
diario francés expresaba su sorpresa diciendo: "¿por qué la noción de
poder es tema creciente para tanta gente hoy en día?. ¿Es un tema tan
importante?. ¿Es un tema tan independiente que puede ser discutido sin tomar en
consideración otros problemas?". La sorpresa de este escritor me
sorprendió aún más. Soy escéptico respecto a la presunción de que la
problemática del poder haya emergido recién en el siglo XX. Para nosotros la
problemática del poder, no sólo configura una cuestión teórica sino que es
parte de nuestras experiencias. Me gustaría referirme solamente a dos
"formas patológicas" de estas experiencia, aquellas dos enfermedades
de poder, el fascismo y el stalinismo. Una de las numerosas razones por las
cuales estas enfermedades nos resultan tan desconcertantes es, porque a pesar
de su "unicidad" histórica, no terminan de ser originales. Ellas
usaron y extendieron mecanismos ya presentes en muchas otras sociedades. Es
más, a pesar de su propia locura interna, se valieron de ideas y mecanismos de
nuestra racionalidad política. Lo que necesitamos entonces, es
una economía de las relaciones de poder, la palabra economía usada en su
sentido teorético y práctico. En otras palabras, desde Kant, el rol de la
filosofía es prevenir a la Razón de ir más allá de los límites de lo que es
dado en la experiencia, pero desde esta época, -es decir con el desarrollo de
los estados modernos y la organización política de la sociedad- el rol de la
filosofía también ha sido mantenerse atenta a los abusos del poder de la
racionalidad política, lo cual es una pretensión bastante alta. Todo el mundo es consciente de
hechos tan banales, pero el hecho de que sean banales no significa que no
existan. Lo que debemos hacer con los hechos banales es descubrir qué problemas
específicos y quizás originales están conectados con ellos. La relación entre
racionalización y excesos de poder político es evidente. No necesitamos
remitirnos a la burocracia o a los campos de concentración para reconocer tales
relaciones; el problema entonces es: ¿qué hacer con un hecho tan evidente?. ¿Debemos juzgar a la Razón?.
Desde mi punto de vista, nada sería más estéril. En primer lugar, porque este
ámbito nada tiene que ver con la culpabilidad o la inocencia. En segundo lugar,
porque no tiene sentido referirse a la Razón como entidad contraria a la
no-Razón. Por último, porque tal juicio nos induciría a engaño, a adoptar el
papel arbitrario y aburrido tanto del racionalista como del irracionalista. ¿Deberíamos investigar
entonces, esta forma de racionalismo que parece específico de nuestra cultura
moderna, y que tuvo su origen en la Aufklärung?. Esta fue la aproximación de
algunos de los miembros de la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, mi propósito
no consiste en entablar una discusión acerca de sus trabajos, más allá de que
sean de los más importantes e invalorables. En todo caso, sugeriría otra manera
de investigar la relación entre racionalización y poder. Sería conveniente no tomar como
un todo la racionalización de la sociedad o de la cultura, sino analizar tales
procesos en diversos campos, cada uno en referencia a una experiencia
fundamental: locura, enfermedad, muerte, crimen, sexualidad y así
sucesivamente. Creo que la palabra
racionalización es peligrosa; lo que debemos hacer es analizar racionalidades
específicas, más que invocar constantemente al Progreso y a la racionalización
en general. Más allá de que la Aufklärung
(Ilustración) haya sido una etapa importante de nuestra historia y del
desarrollo de la tecnología política, creo que deberíamos referirnos a una
serie de procesos más alejados si deseamos entender cómo hemos sido atrapados
en nuestra propia historia. Me gustaría sugerir otra vía
para ir más lejos hacia un nueva economía de las relaciones de poder, una vía
más empírica, más directamente relacionada con nuestra situación actual, la
cual implica una mayor relación entre la teoría y la práctica. Esta consiste en
tomar como punto de partida, a las formas de resistencia contra las diferentes
formas de poder. Para usar otra metáfora, consiste en usar la resistencia como
un catalizador químico, de forma de traer a luz las relaciones de poder, ubicar
su posición, encontrar sus puntos de aplicaciones y los métodos usados. Más que
analizar el poder desde el punto de vista de su racionalidad interna, consiste
en analizar relaciones de poder a través del antagonismo de estrategias. Por ejemplo, para encontrar lo
que nuestra sociedad entiende por sanidad, tal vez deberíamos investigar lo que
está aconteciendo en el campo de la insanidad. Y lo que entendemos por
legalidad en el campo de la ilegalidad. Con el propósito de entender de
que se tratan las relaciones de poder, tal vez deberíamos investigar las formas
de resistencia y los intentos hechos para disociar estas relaciones. Como punto de partida, tomemos
una serie de oposiciones que se han desarrollado en los últimos años: la
oposición del poder del hombre sobre la mujer, la de los padres sobre los
niños, la de la psiquiatría sobre la enfermedad mental, la de la medicina sobre
la población, la de la administración sobre la forma de vivir de la gente. Sin embargo, no es suficiente
con decir que estas son luchas antiautoritarias, debemos tratar de definir más
precisamente que tienen ellas en común. 1.- Son luchas
"transversales"; esto es, no están limitadas a un país. Es evidente
que se desarrollan más fácilmente y más extensamente en determinados países,
pero no por esta razón, están confinadas a un forma política o económica
particular de gobierno. 2.- El objetivo de estas luchas
son los efectos del poder en sí. Por ejemplo, la profesión médica no es en
primera instancia criticada por su provecho económico, sino porque ejerce un
poder no controlado sobre los cuerpos de la gente, su salud, su vida y su
muerte. 3.- Son luchas
"inmediatas" por dos razones. En tales luchas la gente cuestiona las
instancias de poder que están más cercanas a ellas, aquellas que ejercen su
acción sobre los individuos. Estas luchas, no se refieren al "enemigo
principal" sino al enemigo inmediato, como tampoco esperan solucionar los
problemas en un futuro preciso (esto es liberaciones, revoluciones, fin de la
lucha de clases). En contraste con una escala teorética de explicaciones o un
orden revolucionario que polariza la historia, ellas son luchas anarquistas. Pero estos no son los puntos
más originales, en cambio los puntos siguientes parecen ser los más
específicos. 4.- Son luchas que cuestionan
el status del individuo: por un lado, afirman el derecho a ser diferentes y
subrayan todo lo que hace a los individuos verdaderamente individuos. Por otro
lado, atacan lo que separa a los individuos entre ellos, lo que rompe los lazos
con otros, lo que rompe con la vida comunitaria, y fuerza al individuo a volver
a sí mismo y lo ata a su propia identidad de forma constrictiva. Estas luchas no están a favor o
en contra del "individuo", pero si son luchas en contra de "el
gobierno de la individualización". 5.- Estas luchas, -en oposición
a los efectos del poder, ligados al conocimiento, a la competencia, la
calificación- luchan contra los privilegios del conocimiento. Pero son también
una oposición contra el secreto, la deformación y las representaciones
mistificadas impuestas a la gente. No hay nada
"cientista" en esto, (esto es, una creencia dogmática en el valor del
conocimiento científico), pero tampoco es un rechazo escéptico, relativista de
cualquier verdad verificada. Lo que se cuestiona es el modo en que el
conocimiento circula y funciona, sus relaciones con el poder. En otras
palabras, el régime du savoir (régimen de saber). 6.- Finalmente todas estas
luchas giran en torno a la pregunta: "¿Quiénes somos nosotros?". Son
un rechazo a las abstracciones de la violencia económica e ideológica, que
ignoran quienes somos individualmente como también son un rechazo a la
inquisición científica y administrativa que determina quien es uno. Para concluir, el objetivo
principal de estas luchas no es atacar tanto a tal o cual institución de poder,
grupo, elite, clase, sino más bien a una técnica, a una forma de poder. Esta forma de poder emerge en
nuestra vida cotidiana, categoriza al individuo, lo marca por su propia individualidad, lo une a su
propia identidad, le impone una ley de verdad que él tiene que reconocer y al
mismo tiempo otros deben reconocer en él. Es una forma de poder que construye
sujetos individuales. Hay dos significados de la palabra sujeto; sujeto a otro
por control y dependencia y sujeto como constreñido a su propia identidad, a la
conciencia y a su propio autoconocimiento. Ambos significados sugieren una
forma de poder que sojuzga y constituye al sujeto. Generalmente puede decirse que
hay tres tipos de luchas contra las formas de dominación (étnicas, sociales y
religiosas); contra formas de explotación que separan a los individuos de
aquello que ellos mismos producen; o contra aquello que ata al individuo a sí
mismo y los subsume a otros de esta forma (luchas contra la sujeción, contra
formas de subjetividad y sumisión). Creo que en la historia, se
pueden encontrar muchos ejemplos de estos tres tipos de luchas sociales, tanto
separadas unas de otras como mezcladas entre sí. Pero incluso cuando aparecen
mezcladas entre ellas, una prevalece. Por ejemplo, en las sociedades feudales,
las luchas contra las formas de dominación étnicas y sociales fueron las
prevalecientes, aún cuando la explotación económica pudo haber sido muy
importante entre las causas de las revueltas. En el siglo XIX, la lucha
contra la explotación pasa al frente. Hoy en día, la lucha contra las
formas de sujeción, -contra la sumisión de la subjetividad- se está volviendo
cada vez más importante, incluso cuando las luchas contra las formas de
dominación y explotación no han desaparecido, más bien lo contrario. Sospecho que esta no es la
primera vez que nuestra sociedad ha sido confrontada a este tipo de luchas.
Todos aquellos movimientos que tuvieron lugar en los siglos XV y XVI y que
tuvieron en la Reforma su máxima expresión y resultado, deberían ser analizados
como una gran crisis de la experiencia occidental de la subjetividad y una
revuelta contra las formas de poder religioso y moral que dieron forma, durante
la Edad Media, a esta subjetividad. La necesidad de tomar parte
directa en la vida espiritual, en el trabajo de la salvación, en la verdad que
habita en el Libro -todo eso fue una lucha por una nueva subjetividad. Conozco las objeciones que se
pueden hacer. Podemos decir que todos los tipos de sujeción son fenómenos
derivados, meras consecuencias de otros procesos económicos y sociales: fuerzas
de producción, luchas de clases y estructura ideológica que determinan las
formas de subjetividad. Es cierto que los mecanismos de
sujeción no pueden ser estudiados por fuera de su relación con los mecanismos
de dominación y explotación. Pero ellos no constituyen lo "terminal"
de muchos de los mecanismos fundamentales. Ellos conforman relaciones complejas
y circulares con otras formas. La razón por la cual este tipo
de lucha tiende a prevalecer en nuestra sociedad es debido al hecho que desde
el siglo XVI una nueva forma de poder político ha sido desarrollado de forma continua.
Esta nueva estructura política, como todo el mundo sabe, es el Estado. La mayor
parte del tiempo el Estado es percibido como un tipo de poder político que
ignora a los individuos, que mira sólo los intereses de la totalidad, yo diría,
de una clase o de un grupo de ciudadanos. Eso es bastante cierto, pero me
gustaría subrayar el hecho de que el poder estatal (y esta es una de las
razones de su fortaleza) es una forma de poder, al mismo tiempo
individualizante y totalizante. Creo que en la historia de las sociedades
humanas, -incluso en la antigua sociedad china- nunca ha habido una combinación
tan tramposa en la misma estructura política de las técnicas de
individualización y de los procedimientos de totalización. Esto es debido al hecho de que
el Estado occidental moderno, ha integrado en una nueva forma política, una
vieja técnica de poder, que tiene su origen en las instituciones cristianas.
Podemos llamar a esta técnica de poder, poder pastoral. En primera instancia, diré
algunas palabras acerca del poder pastoral. Se ha dicho que la cristiandad
dio a luz un código de ética fundamentalmente diferente al del Mundo Antiguo.
Menos énfasis se ha otorgado al hecho de que este código de ética propone y
difunde nuevas relaciones de poder a través de todo el mundo antiguo. El cristianismo es la única
religión que se ha organizado a sí mismo como Iglesia, y como tal, postula en
principio que ciertos individuos pueden, por su cualidad religiosa, servir a
los otros, no como príncipes, magistrados, profetas, adivinadores,
benefactores, educadores y demás, sino como pastores. De cualquier manera esta
palabra designa una forma especial de poder. 1) Es una forma de poder que
tiene como último objetivo la salvación individual en el otro mundo. 2) El poder pastoral no es
meramente una forma de poder que guía, sino que debe ser preparado para
sacrificarse a sí mismo por la vida y la salvación de la carne. Es más, este
poder es diferente al poder real que demanda un sacrificio de sus sujetos para
salvar el trono. 3) Es una forma de poder que no
atiende solamente a la comunidad en su globalidad, sino a cada individuo en
particular durante su vida entera. 4) Finalmente esta forma de
poder no puede ser ejercida sin el conocimiento de las mentes humanas, sin
explorar sus almas, sin hacerles revelar sus más íntimos secretos. Esto implica
un conocimiento de la conciencia y la habilidad para dirigirla. Esta forma de poder está
orientada a la salvación (como opuesta al poder político). Esta es oblativa
(opuesta al principio de "soberanía"), es individualizante (opuesta
al poder legal); es coextensiva y continua a la vida, está ligada a la
producción de verdad, la verdad del individuo en sí mismo. Podría decirse que todo esto es
parte de la historia; el poder pastoral, si no ha desaparecido al menos ha
perdido gran parte de su eficiencia. Esto es verdad, pero creo que
podríamos distinguir dos aspectos del poder pastoral, el de la
institucionalización eclesiástica, la cual ha desaparecido o al menos ha
perdido su propia vitalidad a partir del siglo XVIII y el de su propia función,
la cual se ha diseminado y multiplicado más allá de la institución
eclesiástica. Un fenómeno importante tuvo
lugar alrededor del siglo XVIII- este fue una nueva distribución, una nueva
organización de este tipo de poder individualizante. No creo que podamos considerar
al "Estado moderno" como una entidad desarrollada por encima de los
individuos, ignorando lo que son e incluso su propia existencia, sino por el
contrario; como una estructura muy sofisticada a la cual los individuos pueden
ser integrados bajo una condición: que esa individualidad pude ser moldeada de
otra forma y sometida a una serie de patrones muy específicos. De cierto modo, podemos ver al
Estado como a una moderna matriz de individualización, o una nueva forma de
poder pastoral. Diré algunas palabras sobre
este nuevo poder pastoral. 1.- Podemos observar cambios en
su objetivo. Dejó de ser una cuestión de guiar a la gente para su salvación en
el más allá, para pasar a ser una cuestión de asegurar su salvación en este
mundo. En este contexto entonces, la palabra salvación toma significados
diferentes: salud, bienestar (riqueza suficiente, nivel de vida) seguridad y
protección contra accidentes. Una serie de propósitos terrenales tomaron el
lugar de los propósitos religiosos propios del poder pastoral tradicional,
todavía más fácilmente porque este último, -por varias razones- había seguido
de forma accesoria un cierto número de estos objetivos. Sólo tenemos que pensar
en el rol que ha jugado la medicina y su función de bienestar asegurada por
largo tiempo por las iglesias católica y protestante. 2.- Al mismo tiempo los
oficiales del poder pastoral se multiplicaban. Alguna vez esta forma de poder
fue ejercida por los aparatos del Estado, o por una institución pública
cualquiera, como la policía. (No debemos olvidar que en el siglo XVIII la
fuerza policial no fue inventada sólo para garantizar la ley y el orden, para
asistir a los gobiernos en su lucha contra los enemigos, sino en todo caso para
asegurar los recursos urbanos, la higiene, la salud y los niveles considerados
necesarios para la artesanía y el comercio). En cierto momento, el poder fue
ejercido por iniciativas privadas, sociedades de bienestar, benefactoras y
filántropas. Incluso antiguas instituciones, como la familia, fueron
movilizadas para llevar adelante funciones pastorales. También fue ejercido por
estructuras complejas tales como la medicina, que incluye iniciativas privadas,
tales como las ventas de servicios basadas en los principios de una economía de
mercado; como instituciones públicas, tales como los hospitales. 3.- Finalmente, la
multiplicación de los objetivos y agentes del poder pastoral focalizaba el
desarrollo del conocimiento humano alrededor de dos roles: uno, globalizante y
cualitativo, concerniente a la población; otro, analítico, concerniente al
individuo. Esto implica el tipo de poder
pastoral, que durante siglos, más de un milenio, ha estado ligado a una
institución religiosa definida, a menudo diseminada por todo el cuerpo social y
que encontró apoyo en una multiplicidad de instituciones. En lugar del poder
pastoral o el poder político, relativamente ligados el uno al otro,
relativamente rivales, había una "táctica" individualizante que
caracterizó a series de poder: aquellas de la familia, la medicina, la
psiquiatría, la educación y el trabajo. A fines del siglo XVIII Kant
escribía en un periódico alemán -el Berliner Monatschrift- un texto breve. El
título fue <<Was heisst Aufklärung?>>. Durante mucho tiempo, incluso
hoy, este texto es considerado un trabajo de relativa poca importancia. Yo no
puedo dejar de encontrar a este texto interesante y desestructurante, porque en
este trabajo por primera vez un filósofo propone como tarea filosófica a
investigar, no sólo al sistema metafísico o a los pilares del conocimiento
científico, sino a un evento histórico, un evento reciente, incluso
contemporáneo. Cuando en 1784, Kant preguntaba
<<Was heisst Aufklärung?>>, se estaba refiriendo a: ¿Qué está
ocurriendo en este preciso momento?, ¿Qué nos está sucediendo? ¿Cuál es el
mundo, el período, este preciso momento en el que estamos viviendo? O en otras palabras: ¿Qué
somos? ¿como Aufklärer, como parte del Iluminismo (Enlightment)?. Compararía
esto con la pregunta cartesiana: ¿Quién soy?. ¿Yo, como único pero universal y
ahistórico sujeto?, Yo, para Descartes ¿es cada uno de nosotros, en cualquier
sitio y en cualquier momento?. Pero Kant pregunta algo más:
¿Qué somos nosotros? en un momento muy preciso de la historia. La pregunta
kantiana aparece como un análisis en dos sentidos, del nosotros y de nuestro
presente. Creo que este aspecto de la
filosofía fue tomando cada vez más importancia. Hegel, Nietzsche... El otro aspecto de la
"filosofía universal" no desapareció, pero la tarea de una filosofía
como análisis crítico de nuestro mundo es algo cada vez más importante. Es
probable, que el más certero problema filosófico sea el problema del presente y
lo que nosotros somos, en este preciso momento. Es probable que hoy en día el
objetivo más importante no sea descubrir qué somos sino rehusarnos a lo que
somos. Debemos imaginarnos y construir lo que podríamos ser para librarnos de
este tipo de doble vínculo político (double bind), que es la simultánea
individualización y totalización de las modernas estructuras de poder. La conclusión podría ser que el
problema político, ético, social y filosófico de nuestros días no es tratar de
liberar al individuo del Estado y de las instituciones del Estado sino
liberarnos de ambas, del Estado y del tipo de individualización que está ligada
a éste. Debemos promover nuevas formas de subjetividad a través del rechazo de
este tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante siglos. ¿Como
es ejercido el poder? Para algunos, preguntar sobre
el "cómo" del poder nos limitaría a describir sus efectos sin
siquiera relacionar estos efectos tanto a sus causas como a su naturaleza
básica. Haría del poder una sustancia misteriosa sobre la cual ellos deberían
dudar en preguntar, seguramente porque preferirían no traerla a consideración.
Proceder de esta forma, la cual nunca está explícitamente justificada, parece
suponer la presencia de una forma de fatalismo. ¿Pero acaso su descreimiento no
está indicando la presuposición de que el poder es algo que existe con tres
cualidades distintivas: su origen, su naturaleza básica y sus manifestaciones?. Si un tiempo a esta parte he
otorgado una cierta posición privilegiada a la cuestión del "cómo" no
es porque haya decidido eliminar las cuestiones referidas al "que" y
al "por qué". En todo caso pretendo presentar estas cuestiones de
forma diferente, mejor aún, saber si es legítimo imaginar un poder que unifique
en él, un qué, un por qué y un cómo. Para decirlo de forma sencilla, diría que
plantear el análisis del "cómo" es sugerir que este poder como tal no
existe. Al menos es preguntarse a uno mismo que contenido tiene en mente cuando
usa ese término abarcador y reificante, es sospechar que una configuración
extremadamente compleja de realidades se diluye cuando caemos reiteradamente en
una doble cuestión: ¿Qué es el poder? y ¿De dónde viene el poder?. Por otra
parte, la simple interrogante, ¿Qué sucede? aunque llana y empírica, una vez
planteada evita la acusación de ser una metafísica u ontología fraudulenta del
poder; por lo tanto es plantear el "Cómo", no en el sentido de
"Cómo se manifiesta, sino de por qué medios es ejercido?" y
"¿Qué sucede cuando los individuos ejercen (como ellos dicen) el poder
sobre otros?". En lo que concierne a este
poder, en primera instancia es necesario distinguir aquel que se ejerce sobre
las cosas y da a su vez la habilidad de modificar, usar, consumir y destruirlas
-un poder que procede de aptitudes directamente inherentes al cuerpo o
"apoyadas" en instrumentos externos. Diría que aquí hay una cuestión
de "capacidad" . Por otro lado lo que caracteriza al poder que
estamos analizando es que este pone en juego las relaciones entre los
individuos (o entre grupos). Para no engañarnos a nosotros mismos, si hablamos
de las estructuras o los mecanismos del poder, es sólo en tanto suponemos que
ciertas personas ejercen el poder sobre otros. El término "poder"
designa los relacionamientos entre "compañeros" (y con esto no estoy
pensando en juego de suma-cero, sino simplemente y por el momento permaneciendo
en términos generales, en un entramado de acciones que inducen a otras acciones
y que se concatenan entre sí). Es también necesario distinguir
las relaciones de poder de los relacionamientos comunicacionales que transmiten
información por medio del lenguaje de un sistema de signos o cualquier otro
sistema simbólico. Sin duda, comunicar es siempre una cierta forma de actuar
sobre otra persona o personas. Pero la producción y circulación de los
elementos de significado pueden tener como objetivo o como su consecuencia
ciertos resultados en el "reino" terreno del poder, los últimos no
son simplemente un aspecto de los primeros. Más allá de que pasen o no a través
de sistemas de comunicación, las relaciones de poder tienen una naturaleza
específica. Las relaciones de poder, los relacionamientos de comunicación y las
capacidades objetivas no deberían ser confundidas. Esto no equivale a decir que
existen tres dominios separados: por un lado un campo de cosas, de técnicas
perfeccionadas, de trabajo y transformación de lo real; por otro lado uno de
los signos, de la comunicación, de la reciprocidad, de la producción del
significado; y finalmente un campo de la dominación, de los medios de sujeción,
de la desigualdad y la acción de los hombres sobre otros hombres . Es más bien
en todo caso, una cuestión de tres tipos de relacionamientos, los cuales de
hecho, siempre se superponen uno sobre otro, se mantienen recíprocamente y se
usan mutuamente como medios para un fin. La aplicación de capacidades objetivas
en sus formas más elementales, implica relacionamientos de comunicación (tanto
en forma de información previamente adquirida como de trabajo compartido), está
también unida a las relaciones de poder (tanto si consisten en tareas
obligatorias, de gestos impuestos por la tradición o el aprendizaje, como de
subdivisiones y de una distribución más o menos obligatoria del trabajo). Los
relacionamientos de comunicación implican actividades teleológicas (incluso en
la correcta puesta en funcionamiento de los elementos de significado) y por
efecto de la modificación del campo de la información entre
"jugadores" producen efectos de poder. Difícilmente puedan ser
disociados de las actividades teleológicas, las cuales también permiten el
ejercicio de ese poder (tales como técnicas de entrenamiento, procesos de
dominación; aquellos medios por los cuales se consigue obediencia) y que con el
propósito de desarrollar su potencial sugieren las relaciones de poder (la
división del trabajo y la jerarquía de tareas). Es evidente que la coordinación
entre estos tres tipos de relacionamientos no es ni uniforme ni constante. En
una sociedad dada no hay un tipo general de equilibrio entre las actividades
teleológicas, los sistemas de comunicación y las relaciones de poder. En todo caso
existen diversas formas, diversos lugares, diversas circunstancias u ocasiones
en las que estos relacionamientos se establecen a sí mismos de acuerdo a un
modelo específico. Pero también existen espacios en los cuales el ajuste de las
habilidades, los recursos de comunicación y las relaciones de poder constituyen
sistemas regulados y concertados. Tomemos como ejemplo una institución
educativa, la disposición de su espacio, las regulaciones meticulosas que
gobiernan su vida interna, las diferentes actividades que se organizadan ahí,
las diversas personas que viven o se encuentran, cada una con su función, su
carácter bien definido -todas esas cosas constituyen un entramado de
capacidad-comunicación-poder. La actividad que garantiza el aprendizaje y la adquisición
de actitudes o tipos de comportamientos, es desarrollada allí por medio de
series de comunicaciones reguladas (lecciones, preguntas y respuestas, órdenes,
exhortaciones, signos codificados de obediencia, calificaciones diferenciales
del "valor" de cada persona y los niveles de conocimiento y por medio
de series completas de procesos de poder, encierro, vigilancia, recompensa y
castigo, las jerarquías piramidales). Estos entramados que
constituyen la puesta en marcha de las capacidades técnicas, el juego de las
comunicaciones y las relaciones de poder, que están ajustados acorde a fórmulas
establecidas, constituyen lo que uno podría llamar, -ampliando un poco el
sentido de la palabra- disciplinas. El análisis empírico de como se han
constituido históricamente ciertas disciplinas, presenta un cierto interés,
debido a que estas muestran, primero de acuerdo a sistemas artificialmente
claros y decantados, la forma en que los sistemas de finalidad objetiva (o
teleológicos), los sistemas de comunicación y de poder pueden ser ensamblados.
Estos sistemas también exhiben diferentes modos de articulación, algunas veces
dando preeminencia a las relaciones de poder y obediencia (como en aquellas
disciplinas de tipo monástico y penitencial), algunas otras, a las actividades
teleológicas (como en las disciplinas de los lugares de trabajo u hospitales) y
otras veces a los relacionamientos de comunicación (como en las disciplinas de
aprendizaje), algunas también a la saturación de los tres tipos de
relacionamientos (como puede ser en la disciplina militar, donde una plétora de
signos, indica rigurosas relaciones de poder, calculadas con vistas a producir
un cierto número de efectos técnicos). Aquello que debe ser entendido
por disciplinamiento de las sociedades europeas desde el siglo XVIII, no es por
supuesto que los individuos que forman parte de ellas se hayan vuelto cada vez
más obedientes, o que ellos comenzaran a juntarse en barracas, escuelas o
prisiones; sino que un incontrolado proceso de ajuste crecientemente mejorado
ha sido buscado -cada vez más racional y económico- entre las actividades
productivas, los recursos de comunicación y el papel de las relaciones de
poder. Para aproximarnos al tema del
poder a través de un análisis del "cómo", debemos presentar algunas
críticas en relación a la suposición de un poder fundamental. Eso es darse a sí
mismo como el objeto de análisis de las relaciones de poder y no el poder en sí
mismo -las relaciones de poder que son distintas de las habilidades objetivas,
así como de las relaciones de comunicación. Que es tanto como decir que las
relaciones de poder deben ser tomadas en la diversidad de su secuencia lógica,
sus habilidades y sus interrelaciones. ¿Cuál
es la naturaleza específica del poder? El ejercicio del poder no es
simplemente el relacionamiento entre "jugadores" individuales o
colectivos, es un modo en que ciertas acciones modifican otras. Lo que por
supuesto significa, que algo llamado Poder, con o sin mayúsculas, considerado
que existe universalmente de forma concentrada o difusa, no existe. El Poder existe solamente
cuando es puesto en acción, incluso si él está integrado a un campo disperso de
posibilidades relacionadas a estructuras permanentes. Esto también significa
que el poder no es una función de consentimiento. En sí mismo no es una
renuncia a la libertad, una transferencia de derechos, el poder de cada uno y
de todos delegado a unos pocos (que no preveen la posibilidad de que el
consentimiento pueda ser una condición para la existencia o mantenimiento del
poder); el relacionamiento de poder puede ser el resultado de un consentimiento
más importante o permanente, pero no es por naturaleza la manifestación de un
consenso. ¿Quiere decir esto que uno debe
indagar el carácter propio de las relaciones de poder en la violencia que debe
haber existido en su forma primitiva, su secreto permanente y su último
recurso, el cual en el análisis final aparece como su naturaleza real, en
cuanto es forzado a dejar a un lado su máscara y a mostrarse a sí mismo tal
cual es?. En efecto, lo que define una relación de poder es que este es un modo
de acción que no opera directa o inmediatamente sobre los otros. En cambio el
poder actúa sobre las acciones de los otros: una acción sobre otra acción, en
aquellas acciones existentes o en aquellas que pueden generarse en el presente
o en el futuro. Una relación de violencia actúa sobre un cuerpo o cosas, ella
fuerza, doblega, destruye, o cierra la puerta a todas las posibilidades. Su
polo opuesto sólo puede ser la pasividad, y si ella se encuentra con cualquier
resistencia no tiene otra opción que tratar de minimizarla. Por otro lado, una
relación de poder sólo puede ser articulada en base a dos elementos, cada uno
de ellos indispensable si es realmente una relación de poder: "el
otro" (aquel sobre el cual es ejercido el poder) ampliamente reconocido y
mantenido hasta el final como la persona que actúa; y un campo entero de
respuestas, reacciones, resultados y posibles invenciones que pueden abrirse,
el cuál está enfrentando a una relación de poder. Obviamente la puesta en escena
de las relaciones de poder no excluye el uso de la violencia como tampoco la
obtención del consentimiento, no hay duda que el ejercicio del poder no puede
existir sin el uno u el otro, sino a menudo con la presencia de ambos. Pero a
pesar de que el consenso y la violencia son los instrumentos o los resultados,
ellos no constituyen el principio o la naturaleza básica del poder. El
ejercicio del poder puede producir tanta aceptación al punto de ser deseado:
puede acumular muerte y cubrirse a sí mismo detrás de cualquier amenaza
imaginable. En sí mismo el ejercicio del poder no es violencia, tampoco es
consentimiento, que implícitamente es renovable. Es una estructura total de
acciones traídas para alimentar posibles acciones; el incita, induce, seduce,
hace más fácil o más difícil, en el extremo, el constriñe o prohibe
absolutamente; es a pesar de todo siempre, una forma de actuar sobre un sujeto
o sujetos actuantes en virtud de sus actuaciones o de su capacidad de actuación.
Un conjunto de acciones sobre otras acciones. Seguramente la naturaleza
equívoca del término conducta es una de las mejores ayudas para arribar a
términos especifícos de las relaciones de poder. "Conducir" es al
mismo tiempo "liderar" a otros (acorde a los mecanismos de coerción,
los cuales son -en diferentes grados- estrictos) y un modo de comportarse con
un campo más o menos abierto de posibilidades . El ejercicio del poder consiste
en guiar la posibilidad de conducta y poner en orden sus efectos posibles.
Básicamente el poder es más una cuestión de gobierno que una confrontación
entre dos adversarios o la unión de uno a otro. La palabra "Gobierno"
debería considerarse en su más amplio significado, el que tuvo en el siglo XVI,
la cuál no hacía referencia sólo a las estructuras políticas o a la dirección
de los estados, sino que designaba la forma en que la conducta de los
individuos o de los grupos debería ser dirigida: el gobierno de los niños, de
las almas, de las comunidades, familias, de la enfermedad. "Gobernar"
no sólo cubre las formas legítimamente constituidas de sujeción política o
económica, sino también modalidades de acción más o menos consideradas y
calculadas, orientadas a actuar sobre las posibilidades de acción de los otros.
Gobernar, en este sentido, es estructurar el posible campo de acción de los
otros. El efecto de relacionamiento propio del poder no se encontraría en todo
caso en el campo de la violencia o de la lucha, tampoco en el campo de la unión
voluntaria (todas las cuales son, en el mejor de los casos, instrumentos del
poder) sino en el área de modos de acción singulares que son el gobierno; modos
de acción que no son necesariamente ni jurídicos ni de guerra. Cuando se define el ejercicio
del poder como un modo de acción sobre las acciones de los otros, cuando se
caracteriza esas acciones como el gobierno de los hombres por otros hombres,
-en el sentido más amplio del término- se incluye un elemento muy importante:
la libertad. El poder sólo se ejerce sobre sujetos libres, y sólo en tanto
ellos sean libres. Por esto entendemos sujetos individuales o colectivos que
están enfrentados a un campo de posibilidades en el cual diversas formas de
comportarse, diversas reacciones y comportamientos pueden ser realizados.
Cuando los factores determinantes saturan la totalidad, no hay relacionamientos
de poder, la esclavitud no es una relación de poder en tanto los hombres están
encadenados. (En este caso se trata de una cuestión de relaciones de
constreñimiento físico). Consecuentemente no existe la confrontación cara a
cara entre el poder y la libertad, los cuales se excluyen mutuamente (la
libertad desaparece en todo lugar donde es ejercido el poder), sino un juego
mucho más complicado. En este juego la libertad bien puede aparecer como la
condición para ejercer el poder (al mismo tiempo que es su precondición, ya que
la libertad debe existir para que el poder pueda ser ejercido, y a la vez ser
su apoyo permanente, ya que sin la posibilidad de resistencia, el poder podría
ser equivalente a la imposición física). No puede entonces separarse el
relacionamiento entre el poder y el rechazo de la libertad a someterse. El
problema crucial del poder no es aquel de la servidumbre voluntaria. (¿Cómo
podríamos desear ser esclavos?). En el corazón mismo de las relaciones de poder
y constantemente provocándolas, están la resistencia de la voluntad y la
intransigencia de la libertad. En vez de hablar de una libertad esencial, sería
mejor hablar de un "agonismo" , de una relación que es al mismo
tiempo recíprocamente incitación y lucha, es una provocación permanente, en vez
de una confrontación cara a cara que paraliza a ambas partes. ¿Como
se pueden analizar las relaciones de poder? Se puede analizar tales
relaciones de poder e incluso diría que es perfectamente legítimo hacerlo,
focalizando cuidadosamente determinadas instituciones. Estas últimas
constituyen un punto de observación privilegiado, diversificado, concentrado,
puesto en orden y llevado al punto más alto de su eficacia. Es aquí que, -como una
primera aproximación- uno puede esperar ver la apariencia de sus formas y la
lógica de sus mecanismos elementales. De todas maneras, el análisis de las
relaciones de poder circunscriptas a ciertas instituciones, presenta un cierto
número de problemas. En primer lugar, el hecho de que una parte importante de
los mecanismos puestos en funcionamiento por una institución sean designados
para preservar su propia conservación, traen consigo el riesgo de funciones
descifrantes que son esencialmente reproductivas, especialmente en relaciones
de poder entre instituciones. Segundo, en el análisis de las relaciones de
poder desde el punto de vista de las instituciones le permite a uno abrir la
explicación y el origen del primero en el último, lo que es decir, explicar el
poder por el poder. Finalmente, en tanto las instituciones actúan esencialmente
trayendo a la acción dos elementos: regulaciones explícitas o tácitas y un
aparato institucional, se corre el riesgo de dar a uno u otro un privilegio
exagerado en las relaciones de poder y por lo tanto ver en el último sólo
modulaciones de la ley y la coerción. Esto no niega la importancia de
las instituciones en la constitución de las relaciones de poder. Por el
contrario, yo sugeriría que se debe analizar las instituciones a partir de las
relaciones de poder y no a la inversa y por tanto el punto fundamental de
anclaje de las relaciones -incluso si ellas están corporizadas y cristalizadas
en una institución-, debe ser encontrado fuera de una institución. Volvamos a la definición del
ejercicio del poder como el modo en que ciertas acciones pueden estructurar el
campo de otras acciones posibles. Lo que sería propio de una relación de poder
es que esta es ser un modo de acción sobre otras acciones. Esto es decir, que
las relaciones de poder están profundamente enraizadas en el nexo social, no
reconstituido "sobre" la sociedad como una estructura suplementaria
de la que podamos imaginar su desaparición radical. En todo caso, vivir en
sociedad es vivir de tal modo que la acción sobre las acciones de los otros sea
posible -y de hecho así sucede. Una sociedad sin relaciones de poder sólo puede
ser una abstracción. Por lo cual cada vez es más políticamente necesario el
análisis de las relaciones de poder en una sociedad dada, sus formaciones
históricas, sus fuentes de fortaleza o fragilidad, las condiciones necesarias
para transformar algunas o abolir otras. Decir que no puede existir una
sociedad sin relaciones de poder, no es decir que aquellas que están
establecidas son necesarias o en todo caso, que el poder constituye una
fatalidad en el corazón de las sociedades, tal que este no pueda ser minado. En
cambio, yo diría que el análisis, elaboración y puesta en cuestión de las
relaciones de poder y el agonismo entre las relaciones de poder y la
intransitividad de la libertad es un tarea política permanente inherente a toda
existencia social. Concretamente el análisis de
las relaciones de poder exige establecer un cierto número de puntos: 1.- El sistema de las
diferenciaciones, que permite actuar sobre las acciones de los otros:
diferenciaciones determinadas por la ley o por las tradiciones de status y
privilegio, diferencias económicas en la apropiación de riquezas y mercancías,
diferencias en los procesos de producción, diferencias culturales y
lingüísticas, diferencias en el saber hacer (know how) y la competencia y así
sucesivamente. Cada relacionamiento de poder pone en funcionamiento
diferenciaciones que son al mismo tiempo sus condiciones y sus resultados. 2.- Los tipos de objetivos
impulsados por aquellos que actúan sobre las acciones de los demás: el
mantenimiento de los privilegios, la acumulación de beneficios, l puesta en
funcionamiento de la autoridad estatutaria, el ejercicio de una función o de un
comercio. 3.- Los medios de hacer existir
las relaciones de poder: acorde a como sea ejercido el poder, por la amenaza de
las armas, por los efectos de la palabra, por medio de las disparidades
económicas, por medios más o menos complejos de control, por sistemas de
vigilancia, -con o sin archivos- de acuerdo a reglas explícitas o no, fijas o
modificables, con o sin los medios tecnológicos para poner todas estas cosas en
acción. 4.- Formas de
institucionalización: estas pueden combinar predisposiciones tradicionales,
estructuras legales, fenómenos relacionados a la costumbre o a la moda (tales
como los que se ve en instituciones como la familia), ellas también pueden
tomar la forma de un aparato cerrado en sí mismo, con su loci específico, sus
propias estructuras jerárquicas cuidadosamente definidas, una autonomía
relativa en su funcionamiento )tales como las instituciones de enseñanza o
militares), también pueden formar complejos sistemas provistos de múltiples
aparatos, como en el caso del Estado, cuya función es poner todo bajo su égida,
la existencia de una vigilancia general, el principio de regulación y en cierta
medida también la distribución de todas las relaciones de poder en un entramado
social dado. 5.- Los grados de
racionalización: la puesta en juego de las relaciones de poder como acciones en
un campo de posibilidades puede ser más o menos elaborada en relación a la
efectividad de los instrumentos y la certeza de los resultados (mayores o
menores refinamientos tecnológicos empleados en el ejercicio del poder) o
incluso en proporción al posible costo (sea este el costo económico de los
medios puestos en funcionamiento, o el costo en términos de la reacción
constituida por la resistencia que se encuentra). El ejercicio del poder no es
un hecho desnudo, un derecho institucional o una estructura que se mantiene o
se destruye: es elaborado, transformado, organizado, se asume con procesos que
están más o menos ajustados a una situación. Se ve por qué el análisis de
las relaciones de poder dentro de una sociedad no puede ser reducido al estudio
de una serie de instituciones, ni siquiera al estudio de aquellas instituciones
que podrían merecer el nombre de "políticas". Las relaciones de poder
están enraizadas en el sistema de las redes sociales. Sin embargo, esto no es decir
que existe un principio de poder primario y fundamental que domina a la
sociedad hasta en su último detalle; tomando como punto de partida la
posibilidad de la acción sobre la acción de los otros (la cual es coextensiva a
cada relacionamiento social) uno puede definir distintas formas de poder,
múltiples formas de disparidad individual, de objetivos, de la aplicación de
poder dada sobre nosotros mismos u otros, de institucionalización parcial o
universal, o de una organización más o menos deliberada. Las formas y las
situaciones específicas de gobierno de los hombres por otros en una sociedad
dada, son múltiples: ellas están superimpuestas, se cruzan, imponen sus propios
límites, algunas veces se cancelan entre ellas, otras veces se refuerzan entre
sí. Es cierto, que en las sociedades contemporáneas, el Estado no es
simplemente una de las formas o situación específica del ejercicio del poder
-incluso aunque este es una de las formas más importantes- , en un cierto
sentido todas las demás formas de relaciones de poder deben referirse a él.
Esto no es porque las demás deriven de él, sino porque las demás relaciones de
poder han quedado cada vez más, bajo su control (a pesar de que el control
estatal no ha tomado la misma forma en los sistemas pedagógico, judicial, económico
o familiar). Refiriéndonos aquí al sentido restrictivo de la palabra gobierno,
uno podría decir que las relaciones de poder han sido progresivamente
gubernamentalizadas, es decir, elaboradas, racionalizadas, y centralizadas en
la forma de -o bajo los auspicios de- instituciones del Estado. Relaciones
de poder y relaciones de estrategia La palabra estrategia se usa
corrientemente en tres formas. Primero, para designar los medios empleados en
la consecucion de un cierto fin, es por lo tanto una cuestión de racionalidad
orientada a un objetivo. Segundo, para designar la manera en la cual una
persona actúa en un cierto juego de acuerdo a lo que ella piensa quse sería la
acción de los demás y lo que considera que los demás piensan que sería su
acción, esta es la forma en que uno busca tener ventajas sobre los otros.
Tercero, para designar los procedimientos usados en una situación de
confrontación con el fin de privar al oponente de sus medios de lucha y
obligarlo a abandonar el combate; es una cuestión entonces de los medios
destinados a obtener una victoria. Estos tres significados van juntos en
situaciones de confrontación -guerra o juego- donde el objetivo es actuar sobre
el adversario de tal forma de volver la batalla imposible para el otro. Por
tanto, la estrategia se define por la elección de soluciones ganadoras. Pero
debe tenerse en cuenta de que es un tipo de situación muy especial y que hay
otras situaciones en las cuales es preciso mantener las distinciones entre los
diferentes sentidos de la palabra estrategia. Referido al primer sentido, he
indicado que uno puede llamar estrategia de poder a la totalidad de los medios
puestos en funcionamiento para implementar o mantener el poder de forma
efectiva. Se puede también hablar de estrategias propias de poder en tanto
constituyen modelos de acción sobre posibles acciones, las acciones de los
otros. Se podría entonces, interpretar los mecanismos usados en las relaciones
de poder en términos de estrategias. Pero obviamente, es más importante la
conjunción entre las relaciones de poder y las estrategias de confrontación.
Por lo que, si es verdad que en el corazón de las relaciones de poder y como
una condición permanente de su existencia hay una insubordinación y una cierta
obstinación esencial de parte de los principios de la libertad, no hay entonces
relación de poder sin los medios de escapatoria o fuga posibles. Cada relación
de poder, implica en última instancia, en potencia, una estrategia de lucha, en
las cuales las fuerzas no están superimpuestas, no pierden su naturaleza
específica, no se vuelven confusas. Cada una constituye para la otra un tipo de
límite permanente, un punto de posible revés. Una relación de confrontación
alcanza su término, su momento final (y la victoria de uno de los dos adversarios)
cuando mecanismos estables reemplazan el libre juego de reacciones antagónicas.
A través de tales mecanismos
uno puede dirigir, de forma justa y constante y con una certeza razonable, la
conducta de los otros. Para una relación de confrontación, desde el momento de
que no es una lucha a muerte, la fijación de una relación de poder se vuelve un
objetivo, al mismo tiempo que su cumplimiento y su suspensión. Como
contrapartida, la estrategia de lucha, también constituye una frontera para las
relaciones de poder, la línea en la cual, en vez de manipular e inducir
acciones de forma calculada, se debe estar satisfecho con la reacción a ellas
luego de un evento. No sería posible para las relaciones de poder existir sin
las puntos de insubordinación, que por definición, son medios de escapatoria.
Cada intensificación, cada extensión de las relaciones de poder para hacer
someter al insubordinado puede sólo resultar en los límites del poder. El
alcanza su término final tanto en el tipo de acción que reduce al otro a la
impotencia total (en este caso la victoria sobre el adversario reemplaza al
ejercicio del poder) como en la confrontación con aquellos que no gobierna y su
transformación en adversarios. Esto equivale a decir que cada estrategia de
confrontación sueña con transformarse en una relación de poder y que cada
relación de poder se vuelca hacia la idea de que, si sigue su propia línea de
desarrollo y encuentra la confrontación directa, puede transformarse en una
estrategia ganadora. En efecto, entre una relación
de poder y una estrategia de lucha hay una atracción recíproca, una unión
perpetua y un perpetuo revés. En cada momento una relación de poder puede
transformarse en una confrontación entre adversarios. Igualmente, la relación
entre adversarios en una sociedad puede, en cada momento, dar lugar a la puesta
en funcionamiento de mecanismos de poder. La consecuencia de esta inestabilidad
es la capacidad de descifrar los mismos eventos y las mismas transformaciones
tanto desde el interior de la historia de las luchas o desde el punto de
partida de las relaciones de poder. Las interpretaciones que resultan no
consistirán de los mismos elementos de significado, o de las mismas uniones o
de los mismos tipos de inteligibilidad a pesar de que se refieran a las misma
fábrica histórica y cada uno de los análisis debe referirse al otro. De hecho,
son precisamente, las disparidades entre las dos lecturas las que hacen
visibles a aquellos fenómenos fundamentales de "dominación" que están
presentes en un gran número de sociedades. La dominación es de hecho una
estructura general de poder de la cual sus ramificaciones y consecuencias
pueden, a veces, aparecer descendiendo a las más "incalcitrantes"
fibras de la sociedad. Pero al mismo tiempo, es una situación estratégica más o
menos apropiada de hecho y consolidada por medios de una confrontación a largo
plazo entre adversarios. Ciertamente puede ocurrir que el hecho de la
dominación pueda ser sólo la transcripción de mecanismos de poder resultantes
de la confrontación y sus consecuencias (una estructura política resultante de
la invasión), puede ser también que una relación de lucha entre dos adversarios
sea el resultados de relaciones de poder con los conflictos y clivajes que
implica. Pero lo que constituye a la dominación de un grupo, una casta, o una
clase, junto a la resistencia y revueltas que esta dominación encuentra, un
fenómeno central de la historia de las sociedades, es que el entrecruzamiento
entre las relaciones de poder con relaciones de estrategias y los resultados
procedentes de su interacción se manifiestan en una forma masiva y
universalizada. Nota
de los traductores Al momento de su muerte Michel
Foucault era uno de los pensadores más relevantes de Francia; ocupaba la
cátedra de "Historia de los sistemas de pensamientos" en una de las
más prestigiosas instituciones intelectuales de ese país el "Collège de
France". En Le dictionnaire des philosophes , publicado el mismo año de su
muerte, se encuentra una caracterización de él por parte de Maurice Florence
(pseudónimo de Foucault): "Sin duda todavía es demasiado pronto para
apreciar la ruptura introducida por M.F., profesor en el Collège de France
(cátedra de historia de los sistemas de pensamiento) desde 1970, en un paisaje
filosófico dominado hasta entonces por Sartre, y lo que éste designaba como la
filosofía insuperable de nuestro tiempo: el marxismo. De entrada, desde
Histoire de la Folie (1961), M.F. está en otra parte. Ya no se trata de fundar
la filosofía sobre un nuevo cógito, ni de desarrollar los sistemas de las cosas
ocultas hasta entonces a los ojos del mundo, sino más bien interrogar este
gesto enigmático, quizá característico de las sociedades occidentales, por
medio del cual se ven constituidos unos discursos verdaderos (y, por tanto, también
la filosofía) con el poder que se les conoce". Michel Foucault como bien decía
Deleuze era un pensador sísmico, que incesantemente está quebrando los planos
de su discurso introduciendo nuevas líneas que reconfiguran su trabajo. No está
demás decir que el mismo era consciente de tales prácticas y ya en la magistral
conclusión de la Arqueología del saber se defendía a la pregunta "¿desde
donde habla usted?". Foucault, en uno de sus últimos
escritos, retomando la pregunta de Kant ¿qué somos nosotros?, en este preciso
momento, abre a la Ilustración, a una ontología de la actualidad. Y la
actualidad es lo que devenimos acotará Deleuze, esas diferencias que se marcan
en el ahora abriéndonos a un futuro. Es en esas diferencias (diferendos), donde
debe ubicarse un pensamiento que pretenda incidir en lo que somos-devenimos, y
es ahí donde Foucault trata de situarse esa pura distancia que se encuentra
entre las fuerzas que luchan y que constituyen las coyunturas que atraviesan el
cuerpo social. El presente trabajo de Foucault
que ha sido traducido del inglés, constituía el epílogo a la segunda edición
del libro de Hubert L. Dreyfus y Paul Rabinow: Michel Foucault: beyond
structuralism and hermeneutics (Michel Foucault: más allá del estructuralismo y
la hermeneútica) públicado por la Chicago University Press, 1983. Todo lector
más o menos familiarizado con Foucault, encontrará en este artículo una serie
de precisiones y reformulaciones extremadamente interesantes, que replantean
nuevamente su trabajo, abriendo nuevos horizontes. Last but not least (por último
pero no menos importante), como en todos estas ocasiones se nos viene a la
mente aquél juego de palabras "traductor, traidor". Si leer es
comprender y comprender es traducir, diríamos que en este acto de lectura que
conforma una traducción es donde se hacen más salientes los riesgos que el acto
de leer implica. Pero por otra parte también nos lleva a replantear la
aceptación acrítica de las traducciones, siempre y cuando se esté armado para
tales menesteres. Traducción: Santiago Carassale y Angélica Vitale
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