EL ORIGEN
Muy hacia atrás, desenvolviendo en lento el caracol del tiempo y aún antes de que el hombre caminara erguido, nuestro mundo era regido por dos soles.
Uno blanquecino con reflejos de oro. El mismo que nos calienta hoy mismo y que es el causante de la luz del día. Y otro de color rojo furia, que reinaba sobre la noche y sobre nosotros, los salvajes que respirábamos libertad.
" ¿Quién es el que asoma tras la montaña?
¿Quién emerge en la orilla opuesta del crepúsculo?
Las aves de la noche cantan su nombre:
Padre Sol, le han llamado,
El Mensajero de
Infinidad de nombres alabaron su grandeza. Fue llamado "el Opuesto", el equilibrio perfecto para la creación, y no existía el miedo escondido en la belleza de sus noches. Al contrario: la suya era la hora del éxtasis.
" Se agudizan mis ojos por el Amado
y hasta la nieve de las cumbres más álgidas
se ruboriza ante su llegada.
Danos tu caricia de soplo frío
que nos consume por dentro..."
El reino del Sol Rojo era un descubrimiento constante dentro de un tiempo mágico. Nada era comparable al frescor cálido de sus vientos, ni a la penumbra púrpura de sus rincones bajo el titilar de las estrellas.
" Cierto: sangre es el color de la vida..
Mis ojos hambrientos resplandecen la noche
como carbones fosforescentes.
Te buscan, para encontrarme,
en un sólo festín de cuerpo y alma..."
Estaba escrito: las diferencias entre dos hermanos van tallando en el aire los desaires del destino. Así fue, tal como lo escribieron los libros sagrados:
" Uno de los dos debe ser sacrificado...". Al total arbitrio de los dioses.
"¿Por quién es que llora la noche entera?
Es por él, es por ella y por todos nosotros.
Llevamos su marca en la frente
y el color de su espíritu en el alma:
el dolor de su condena es el nuestro..."
" Nuestro Amado fue deshecho en mil pedazos
y su cuerpo vivo, de fuego incandescente
llovió sobre nuestras atemorizadas cabezas.
Nosotros, los eternos indomables,
lo devoramos en un acto de amor..."
Una coraza de plata fue colgada en los cielos impidiéndonos ver el lugar sagrado donde habitaba nuestro Sol, y las noches fueron barridas por un frío blanquecino donde los hombres aprendieron a arder sus fogatas.
"¿Quiénes son estos nuevos dominadores?
Gestos de crueldad guían todos sus actos
y poseen más de una faz engañadora.
Sus voces profieren palabras sin peso
y nada los detiene ante su fin..."
Fuimos declarados enemigos en un mutuo sentimiento. Ellos, adoraron a su sol blanco. Nosotros, veneramos al nuestro ofrendándole una incesante búsqueda, quizás con el secreto anhelo de poder reunir todos sus pedazos.
"¿Pagarán ellos el rescate por tu venganza ?
Por sus manos corren ríos de su propia sangre
pues no encuentran temor ante la muerte.
Sus mismos corazones están vacíos
y no saben a nada entre mis colmillos..."
Sus mujeres fueron seducidas por la nueva luna y las mareas de su cuerpo danzaron a su influjo. En algún tiempo , ellas corrieron con nosotros sobre la pradera. Ellas, adorando a su diosa. Nosotros, aullando nuestra pena.
"¿Fue aquél momento el origen del cambio?
Un círculo rojo coronó a la luna llena
y no hubieron presas ni predadores:
sólo la entrega, sin altares de piedra,
sólo el instinto de saber lo no sabido..."
Los dioses... no necesitan más nombres que Crueldad y Capricho, y aquel consuelo del libre albedrío es otra jugarreta en aras de su diversión. Bien lo dijeron los hombres: estamos creados a su imagen y semejanza.
"¿Qué turbio hechizo ha pasado por nosotros?
¿Quién es este cuerpo? ¿ Qué esconde esta voz?
Y este vacío que siento en mi pecho...
Mi fragmento de Sol esta faltante
tal como el sentido de mi existir..."
Nuestro condena conmovió hasta a los cuatro elementos, quienes lloraron al unísono nuestro destino y se declararon en secreto, nuestros aliados, tanto como la misma luna, temerosa de sufrir suerte semejante.
"Hemos sido condenados tan solo por SER
algo distinto, ajenos a todo lo impuesto.
Es nuestro sino: fugitivos del deber
en busca del verdadero fuego sagrado,
el Sol rojo de nuestros orígenes..."
Por siglos de historia nos han perseguido sin que nada ni nadie consiga frenar nuestra búsqueda, nuestra razón y castigo. Y no hay dios alguno que pueda sembrar dudas en nuestro andar: así somos, contra todo afán.
"Y tú, nuevo hombre ¿ qué temes ahora?
Todos tus pesares afloran a tus ojos,
pero tú, no quieres verte a ti mismo.
¿A donde está tu dios esclavizante?
¿Cual es la luz que guía tus pasos?
Porque está escrito, y ante la verdad no hay mito que resista: no hay otro sentido que el retornar al origen, una y otra vez, en cíclico peregrinar, hasta que así lo disponga lo indescifrable: la eterna voluntad de todas las cosas.
Amanda Espejo
www.lamanchadesdequilicura.blogspot.com








































Sobre el texto...
Hola equipo de CINOSARGO:
les doy las gracias por publicar mi texto y por haber encontrado una imagen que le quedó perfecta. Yo, con el entusiasmo de compartir el texto, me desatendí de ello.
Daniel: por favor, no olvides mandarme una dirección pronto.
Un beso.
Amanda