I
A SU DAMA
Tus ojos chispean con todo el brillo de los astros; tu tez es cual si la animara el encarnado de las rosas; tus cabellos lucen más que el oro: tus labios, más dulces que la miel, tienen los colare., vivos de la púrpura; el azul de las venas que surcan tu seno realzan su blancura : no hay atractivo que tú no tengas.
Tu talla es de diosa; tus formas celestes superan a las de Venus.
Cuando tu alba mano y tus delicados dedos tejen seda parece que juegan con su mismo precioso tejido.
Tu lindo pie no es como para pisar ni la más leve piedrecilla; la tierra creería cometer un crimen si lo lastimara.
Si quisieras andar sobre lirios, el tallo de los lirios no se doblaría bajo peso tan leve.
Tú sabes agradar por ti misma. Otras que tú adornen su cuello con ricos collares a carguen su cabeza de pedrerías : tú sabes agradar sin ayuda de ningún adorno.
Ninguna otra belleza es intachable en su conjunto sólo tú eres en todo perfecta.
Aquel que pudiera gozar de la vista de todos tus encantos veríase obligado a admirarlo todo en ti. Sí, las Sirenas hubieron de suspender sus conciertos, y Talía dejó a un lado su lira melodiosa, a los acentos de tu voz, de esa tu voz cuya dulzura contagiosa lanza al alma de los desventurados que te escuchan todos los dardos del amor.
Mi corazón, por ti herido, sangra de una herida honda que ni el mismo acero puede curar.
Que tus labios calmen con un beso mis crueles dolores; sólo este díctamo bienhechor puede disipar los males que estoy pasando.
Cesa, al fin, cesa de desgarrar con tamaña violencia mis conmovidas fibras, y pagaré con la muerte el crimen de haberte amado.
Alas si tal merced te pareciere demasiado grande, concede cuando menos a mis súplicas una merced postrera : cuando haya dejado de existir, rodéame, rodéame con tus brazos de alabastro, y me devolverás la vida.
II
LA ENVIDIA, BUITRE, DEL ALMA
El buitre que devora el hígado, desgarra los nervios y penetra hasta lo más íntimo de las entrañas no es el buitre de Tityus, como dicen los poetas, sino que es la envidia, enfermedad del alma.
III
EL ARTE DE AGRADARÁ UNA BELLA
No basta con ser bella.
La mujer que quiere se la encuentre adorable no ha de contentarse con aquello que basta al vulgo de las mujeres.
La agudeza, la jovialidad, la gracia en el decir, valen más que los más preciados dones naturales. Los recursos del arte realzan la belleza : pero, sin el deseo de agradar, la belleza pierde toda su virtud.
IV
SOBRE LA CORRUPCIÓN DE LAS
COSTUMBRES
¿No basta, pues, con que una juventud frenética nos pierda y nos arrastre al oprobio en que su fama se hunde?
¿Será preciso, además, que unos fámulos, manchados todavía de la hez en que nacieron, se ahiten de las riquezas sepultadas en el barro?
Un vil esclavo posee todos los bienes del imperio, y la logia de un cautivo insulta con su lujo al templo de Júpiter y a la antigua morada de Rómulo.
De este modo se sumerge en fango la virtud mientras el vicio despliega a los vientos sus velas victoriosas.
V
EL TEMOR, ORIGEN DE LOS DIOSES
El temor fue en el mundo el origen de los dioses. Los mortales habían visto cómo el rayo, cayendo de lo alto de los cielos, echaba a tierra bajo sus carros llameantes las murallas y encendía las cumbres del Athos; habían visto cómo Febo, luego de recorrer toda la tierra, volvía hacia su cuna: habían visto a la luna envejecer y venir a menos y más tarde reaparecer en todo su esplendor. Y desde entonces se esparcieron por la sobrehaz de la tierra las imágenes de los dioses.
El cambio de las estaciones que dividen el año agrandó todavía la superstición : el labriego, víctima de un grosero error, ofreció las primicias de su cosecha a Ceres, y coronó a Baco de bermejos racimos : Palas fu¿ decorado por mano de los pastores; Neptuno tuvo por imperio toda la extensión de los mares; y Diana reclamó los bosques.
Aquel a quien le liga un voto, y aun aquel que vendió el universo se forjan ahora a porfía dioses propicios a sus deseos.
VI
LA VARIEDAD PREVIENE LA SACIEDAD
No quisiera yo perfumarme siempre la cabeza con las mismas esencias ni humedecerme siempre el paladar con igual vino.
El toro gusta de mudar de grama y prado.
Las bestias feroces buscan alimentos nuevos para aguzar el apetito.
Si el calor del sol nos es grato es porque el sol reaparece cada mañana con corceles nuevos.
VII
MI MUJER Y MI BIEN
Se debe amar a la esposa de uno como a legítima renta : no quisiera verme condenado a no amar sino mi censo.
VIII
CADA CUAL SU GUSTO
¿Cómo satisfacer todos los gustos?
Un mismo objeto no place a todos : éste coge rosas donde estotro no encuentra sino espinas.
IX
NADA ES DE DESDEÑAR
No hay cosa que no pueda ser útil a los mortales. En medio de la adversidad, aquello mismo que se despreciaba se vuelve precioso.
Cuando una nave se hunde, el oro, llevado por su peso, baja al fondo de las aguas, y, los ligeros reinos sirven de sostén a los náufragos.
Cuando la trompeta suena, el acero amenaza la garganta del rico; pero el pobre, dentro de sus harapos, no hace caso del furor de los combates.
X
EXHORTACIÓN a ULISES
Abandona tus Estados y boga hacia tierras extrañas, joven héroe.
Una carrera más noble se abre delante de ti. Arrostra todos los peligros; visita las orillas del Ister, allá en los confines del mundo, y las regiones heladas del Bóreas, y el sosegado reino de Canope, y los climas en que renace Febo, y aquellos otros en que termina su carrera.
Rey de Itaca, tú debes descender más grande a esas arenas remotas






































