El sonido y la furia (fragmento)
" Quentin, que amaba no el cuerpo de su
hermana, sino algún concepto de honor familiar y (él lo sabía bien),
temporalmente suspendido en la frágil y diminuta membrana de su
virginidad, semejante al equilibrio de una miniatura en la inmensidad
de la esfera terrestre sobre el hocico de una foca amaestrada. Quien
amaba, no la idea del incesto que no cometería, sino algún
presbiteriano concepto de su eterno castigo: él y no Dios, podría
arrojarse a sí mismo y a su hermana al infierno, donde eternamente
podría protegerla y cuidarla para siempre jamás, invulnerable ante las
llamas inmortales. Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que
quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida
curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime
ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada,
hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja,
renunciando a todo, ahogándose. "






































