
COLABORACIÓN
Wilfredo Carrizales
POEMAS
1
Tú eres
presencia de claridad,
tú quemas
en tus mejillas
y en tu
mirada nace una mariposa de fuego.
Tu
inteligencia se manifiesta dentro del verbo,
caminas con
pasos florecidos hacia la senda
donde se
resuelven los conflictos.
Desde tu
soledad te asomas al paisaje
que el amor
y la pasión inventaron.
Puedo mirar
las estrellas que tremolan
en tu boca
y marfilean en lo divino.
Quisiera
pedalear en tu bicicleta por Nanjing
y sentir el
calor de tu cuerpo alojado allí.
Me despedí
de ti y no fue despedida:
mi corazón
cuelga de tu hombro
como un
amuleto sin nombre.
2
Miles de
cigarras cantaron para ti
mientras
atravesábamos el bosque
y quise
florecer en tus labios
y
enfrutecer tu cintura.
Eres alta,
Elsa, y tu belleza necesita
de esa
altura para asentarse y sobresalir.
Tu piel es
al día lo que mi barba a la noche
y por eso
se desatan los fenómenos del acercamiento.
3
Estás
moldeada con materia lunar
y tus
silencios se transforman en pájaros de música
que fluyen
en los vientos y algunas lluvias.
En el fondo
de ti nada un pez de arroz
y yo lo
siento moverse entre chispazos
de un deseo
que te enaltece.
Quisiera
ser un gallo verde
para
despertarte cada mañana
con cantos
de manzanas
y soles empiyamados.

PRELUDIOS A LA PUERTA ABIERTA DE LA PRIMAVERA
1
¡Oh, Elsa Xie, cálida y bella mujer de la
antigua Luo-yang!
He
abierto la puerta de la primavera y ahora se escucha un vals que es una obra de
la juventud. La fantasía fluye con un hermoso despliegue. Las hojas de los
árboles, mecidas por el viento de travesuras, danzan en un inusitado
espectáculo y las oropéndolas no saben qué hacer: si volar descalzas o lanzar
al aire sus sonrisas.
Hay
una fiesta organizada por los caballos del norte y yo, en su honor, montaré un
brioso corcel y llevaré prendido a mi chaleco de faroles tu retrato. ¡Oh, mi
joven encantamiento! Primero pensaré la rosa para que nazca en tu maceta.
Luego, soñaré con una fila de estrellas coloreadas con tu tierra natal.
Después, daré vuelta al aire para que perfume tu imagen. Por allí se encamina
un croquis para los pasos de la danza. Ejercito mi vocación de viajero y coloco
bridas a la armonía. ¿No podré ser yo también un pez encariñado a tus aguas? Yo
tengo la habilidad de nadar dentro de los periodos nocturnos del alma.
Profunda, íntima y secreta aparece la melodía desde un corazón que me pertenece
a perpetuidad.
En
frente de la poesía: claveles agradables y nostalgias. Nuevos asuntos que son
competencia del espíritu se encuentran por doquier: sobre los muros por donde
enamoran a las plantas trepadoras; encima de los árboles destinados a perdurar
porque sus noches caen en mis días; sobre los puntos que señalan el
desvanecimiento de los recuerdos y sus torpezas.
Quiero
regalarte un balcón desde donde me puedas ver pasar y arrojarme pétalos con
olores vulvares. Así, traeré gustoso, un piano de cola y un taburete deforme y
me pondré a tocar “Para Elsa” y el fuego del tiempo distinguido arderá con luz
de cinco corales y siete cobres.
¡Oh, palabras que desean incorporarse a tu piel y brillar!

2
Elsa, alza tu pecho e iza la bandera que tejí contigo en un mástil de
madera de pino. Después, aquí, allí, más allá, ahora y siempre, jueves será
domingo en tus ojos y tú me mirarás con el despertar de aves en el cielo. ¿Y
qué? Soy poeta y tú posees palabras que pudieran ser mías. Si mi barba es un
impedimento no me la corto para que rabie tu madre y me persiga a cabalidad su
sombra y su cuchillo de barajas. Total: los poetas estamos hechos de asaduras
de tiempos y el brebaje que nos conviene tiene procedencia misteriosa. Eludo
los elogios porque me amarran los zapatos diestros y yo los necesito para
desplazarme hasta los lugares donde no habito. Mi elemento es un agua llena de
peces provocadores y entusiastas y en mi economía sobra el placer para
alimentar a los antiguos dioses de los ríos que no duermen. Ahora quiero más
aire, más oleaje y más nácar en mi ombligo. El tamaño de mis frutos no lo sabe
nadie. A veces, yo también dudo de esas elucubraciones.
Tal
vez sea un expatriado y a la hora de comer tomo el pan de maíz de las manos de
mi abuela y le unto la mantequilla que mi madre dejó de comprar por falta de
sombra. Voy exhortando a mis flancos para que alcancen su ración de pormenores.
Creo que no me flaquea la pared interna que alegra al cerebro. Por lo tanto,
estoy dispuesto a llegar al fondo de las dendritas. Si galanteo en mi galería,
no es por ostentación, sino por gastar energías cuando me subo las mangas de la
camisa prestada.
Mis
zapatos me quieren como yo quiero a mis gatos abandonados en el hogar que no
tengo. Me pongo en guardia con el rabo tieso y corto un pedazo de pastel para
pasar el resto de las tardes por venir. ¿Qué me encuentran en la calle y no
porto documentos probatorios? Apuesto al estómago. Me hormiguea el hoy por su
desprecio del ayer. No husmeo, ni me hurto, ni me hundo. Escuché decir que
alguien llevaba lumbre en las tetillas y supe que hablaban de mí. Impulso mi
cabeza contra las ruedas de la imprudencia. La salud de mi infancia puede
ponerse en entredicho, mas no la intención. Lo inefables es inextirpable y con
una beca hago a mi sobrino general del
común de los desconciertos y su particular creencia. Antes me moría por la
leche de las gallinas y los ancianos acabaron con mi costumbre. Para el momento
actual, las aves ponedoras o disponedoras condensan la tierra a sus bajos
instintos. Metabolizo los labios al ritmo de los pájaros en la roca. ¿Y qué
importa si hay más y descalzo atruena el destino? La amabilidad será cosecha de
lunas. No puedo gastar mi ojo sobre una rosa seca. Sobre todo en estos
instantes cuando la piedra se vuelve endémica y lo caduco huele a corazón.
El
negocio del manicomio va próspero y su capacidad de maniobra induce a un manjar
de ineluctable conclusión. Más con la rodilla cumplida, con la madre que
gritaba en medio de la calle y “tan bonita que es Elsa sobre su bicicleta con
aromas de Nanjing”, con los miles de kilos de peso de la aurora y con la
inconmensurable distancia de mis labios hasta la caída de su beso.
Ya,
de plano y en redondo, me dispongo a viajar hasta tu primordial necesidad y
articulo una reunión de virtudes para que me levanten a las cinco de la
madrugada y pueda salir a recoger las monedas dulces que los grillos modelan
para mí.







































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