ANARQUÍA
TOTAL:
VEINTIDÓS AÑOS DESPUÉS
Escribí este libro para mí mismo, y ni de eso estoy muy seguro.
Durante mucho tiempo sólo fueron páginas sueltas que releía y tal vez corregía
convencido de que no tenía tiempo. ¿Pero tiempo para qué? Era incapaz de
explicarlo con precisión. Escribí este libro para los fantasmas, que son los
únicos que tienen tiempo porque están fuera del tiempo. Después de la última
relectura (ahora mismo) me doy cuenta de que no sólo el tiempo importa, de que
no sólo el tiempo es un motivo de terror. También el placer puede aterrorizar,
también el valor puede aterrorizar. En aquellos años, si mal no recuerdo, vivía
a la intemperie y sin permiso de residencia tal como otros viven en un
castillo. Por supuesto, nunca llevé esta novela a ninguna editorial. Me
hubieran cerrado la puerta en las narices y habría perdido una copia. Ni
siquiera la pasé, como se suele decir, a limpio. El manuscrito original tiene
más páginas: el texto tendía a multiplicarse y a reproducirse como una
enfermedad. Mi enfermedad, entonces, era el orgullo, la rabia y la violencia.
Estas cosas (rabia, violencia) agotan y yo me pasaba los días inútilmente
cansado. Por las noches trabajaba. Durante el día escribía y leía. No dormía
nunca. Me mantenía despierto tomando café y fumando. Conocí, naturalmente, gente
interesante, alguna producto de mis propias alucinaciones. Creo que fue mi
último año en Barcelona. El desprecio que sentía por la así llamada literatura
oficial era enorme, aunque sólo un poco más grande que el que sentía por la
literatura marginal. Pero creía en la literatura: es decir no creía ni en el
arribismo ni en el oportunismo ni en los murmullos cortesanos. Sí en los gestos
inútiles, sí en el destino. Aún no tenía hijos. Aún leía más poesía que prosa.
En aquellos años (o en aquellos meses), sentía predilección por algunos
escritores de ciencia ficción y por algunos pornógrafos, en ocasiones autores
antinómicos, como si la caverna y la luz eléctrica se excluyeran una a otra.
Leía a Norman Spinrad, a James Tiptree, Jr. (que en realidad se llamaba Alice
Sheldon), a Restif de
Blanes, 2002
Roberto Bolaño.














































































































































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