
GRANDES POETAS SUICIDAS
Selección e introducción realizada por José Martínez Fernández, director de Palabra Escrita.
Estos sujetos dignos del aplauso y de la indiferencia son personas que tienen una sensibilidad mayor que el corriente de los mortales, así como un acercamiento a la locura.
Del genio al loco hay poco trecho.
Los poetas son seres terriblemente comprometidos con la vida que, a veces, ese cordón con ella, se deshace en forma violenta.
La vida les corre como ríos dolorosos, aunque parezcan hermosos: ¿Acaso la poética de Pablo de Rokha no es tan bella y doliente a la vez? De allí que su vida se analogara con su muerte.
Oh, dioses, la sensibilidad de los poetas, de los buenos poetas, es de una fragilidad de prueba a todo dar.
Los que mueren jóvenes, se decía, eran los privilegiados de ellos.
Al final todos morimos.
La diferencia la marca qué somos y hacemos en nuestro vivir.
La dignidad de algunos es la imbecilidad de otros.
La muerte de un poeta es la muerte de un ser singular. De un constructor de belleza, de un arquitecto que, luego de levantar una obra, puede decidirse a viajar por el camino rápido del suicidio.
Pero de ese mortal queda en este mundo lo inmortal. Su poesía.
Vivir, morir. En ese trecho está lo que se hace. El pasar sin luces por la vida es no pasar. El tocar los astros con las palabras es el camino. Y aunque el poeta haya decidido cortar ese camino en forma acelerada, ya dejó –en su poesía- su huella.
Ella seguirá viva. Y eso importa.
A continuación hemos elegido a algunos poetas suicidas célebres junto a alguno de sus trabajos más representativos.
Este material lo hice para la revista de poesía “PALABRA ESCRITA” número 51 (julio de 2008) y ahora lo pongo en la vitrina de “CINOSARGO” para que los lectores del bello crear lírico conozcan un pequeño trozo de lo que estos poetas escribieron.
NOCTURNO
(José Asunción Silva, colombiano)
Una noche, una noche
toda llena de murmullos, de perfumes y de música de alas:
Una noche en que ardían
en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida,
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
por la senda florida que atraviesa la llanura
caminabas;
y la luna llena
y la luna llena,
por los cielos azulosos, infinitos y profundos
esparcía su luz blanca;
y tu sombra,
esbelta y ágil,
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectadas,
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban,
y eran una,
y eran una sola sombra
y eran una sola sombra larga…
esta noche,
solo; el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma
por el tiempo, por la tumba y la distancia,
por el infinito negro
donde nuestra voz no alcanza,
mudo y solo
por la senda caminaba…
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida,
y el chirrido
de las ranas…
Sentí frío, era el frío que tenían en tu alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas.
Era el frío del sepulcro, era el hielo de la muerte,
era el frío de la nada,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola
iba sola,
iba sola por la senda solitaria;
y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como aquella noche alegre de la muerta primavera,
como aquella noche
llena de murmullos, de perfumes y de música de alas,
se acercó y marchó con ella…
¡Oh, las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos
que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan
en las noches de tristezas y de lágrimas!...
EL NIDO AUSENTE
(Leopoldo Lugones, argentino)
Sólo ha quedado en la rama
un poco de paja mustia,
y en la arboleda la angustia
de un pájaro fiel que llama.
Cielo arriba y senda abajo,
no halla tregua a su dolor,
y se para en cada gajo
preguntando por su amor.
Ya remonta con su queja
ya pía por el camino
donde deja en el espino
su blanda lana la oveja.
Pobre pájaro afligido
que sólo sabe cantar,
y cantando llora el nido
que ya nunca ha de encontrar.
TÚ ME QUIERES BLANCA…
(Alfonsina Storni, argentina)
Tú me quieres alba,
Me quieres de espuma,
Me quieres de nácar,
Que sea azucena
Sobre todas casta.
De perfume tenue;
Corola cerrada,
Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres casta.
Tú que hubiste todas
Las copas a mano;
De frutas y mieles
Los labios morados.
Tú que en el banquete,
Cubierto de pámpanos,
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines
Negros del Engaño,
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.
¡Tú que el esqueleto
Conservas intacto,
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca…
(Dios te lo perdone)
Me pretendes casta…
(Dios te lo perdone)
Me pretendes alba.
¡Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña,
Límpiate la boca,
Vive en las cabañas,
Toca con las manos
La tierra mojada,
Alimenta el cuerpo
De raíz amarga,
Bebe de las rocas,
Duerme sobre la escarcha,
Renueva tejidos
Con salitre y agua
Habla con los pájaros
Y lévate al alba,
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme nívea,
Preténdeme blanca,
Preténdeme casta.
NOCTURNO
(Manuel Acuña, mexicano)
Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro
y mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni en dónde
se alzaba el porvenir.
De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás,
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos,
te quiero mucho más.
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y hundirte en mi pasión;
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga
con este corazón?
Y luego que ya estaba
concluido tu santuario,
tu lámpara encendida,
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar…
¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros,
mi madre como un Dios!
¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida;
y al delirar en eso,
el alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más, por ti!
¡Bien sabe Dios que ése era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza…,
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós, por la vez última,
amor de mis amores,
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!
CANCIÓN
(Pablo de Rokha, chileno)
Morenita de los grandes ojos tristes,
la cutis soleada como espiga;
corazón de la República de Chile
y aromática violeta campesina…
Piececitos como flores de copihue,
boca en donde apenas cabe una frutilla,
y tan fina la cintura como un mimbre,
oloroso a toronjil y a siemprevivas.
Pechos duros como nidos de perdices,
y amorosos lo mismo que tortolitas…
A lo largo del camino azul que sigues
queda un ancho olor a rosas amarillas…
Duraznero nacional de veinte abriles,
pajarito de mi tierra, ¡golondrina!
De quererte se me ha puesto el alma triste,
y el cantar se me volvió melancolía.
De quererte se me ha puesto el alma triste
y en tu incendio se quemó toda la vida,
de quererte se me ha puesto el alma triste,
y extranjera, como las hojas marchitas…
NACIMIENTOS
(André Frédérique, francés)
Un hombre de tierra y una mujer de hierro
dan nacimiento a un niño de porcelana
Un hombre de mar y una mujer de fuego
dan nacimiento a un niño de los trópicos
Un hombre de acción y una mujer de terciopelo
dan nacimiento a un niño con piel de castor
Un hombre de sombra y una mujer de honor
dan nacimiento a un niño del diablo andaluz
Un hombre de presidio y una mujer de arrabales
dan nacimiento a un perro de pelo duro
Un hombre de mundo y una mujer del más allá
dan nacimiento a un niño delicado
Un hombre de bronce y una mujer esponja
dan nacimiento a un niño de salame
Dos hombres del Tíbet y una mujer de religión
dan nacimiento a un niño muerto con marcas de lepra
Un hombre de albúmina y una mujer de encaje
dan nacimiento a un niño de catacumbas
Un hombre de carbón y una mujer de rábano
no dan nacimiento a ningún niño
Un hombre de ley y una mujer que cumple su deber
dan nacimiento a cinco agentes de la policía especial
Un hombre de cianuro y una mujer de mercurio
dan nacimiento a un niño hidrargirio
Un hombre muerto y una mujer médica
dan nacimiento a una barba o una mandíbula.
SUICIDAS IDEALES
(Kostas Karyotakis, griego)
Giran la llave de la puerta. Toman
sus viejas cartas guardadas.
Leen calmadamente, y después
Por última vez arrastran sus pisadas.
Se detienen en la ventana. Miran
los árboles, los niños; y más allá,
la naturaleza; los marmoleros
que esculpen a martillo. El sol
que quiere ponerse para siempre.
Era su vida –dicen- una tragedia.
Dios mío, la horrenda risa de los hombres.
Las lágrimas, el sudor, la nostalgia
de los cielos. La desolación de los lugares.
Todo ha terminado…La nota
hela aquí. Breve, simple, profunda,
como corresponde, llena de indiferencia y de perdón
para aquel que ha de llorar y ha de leer.
Miran el espejo. Miran la hora.
Se preguntan si es un error quizás o una locura.
Ahora todo terminó –susurran.
Seguros en el fondo que lo postergarán.
CORAZÓN MALDITO
(Violeta Parra, chilena)
Corazón contesta
¿por qué palpitas, sí, por qué palpitas?
como una campana
que se encabrita, sí, que se encabrita
¿por qué palpitas?
¿No ves que la noche
la paso en vela, sí, la paso en vela?
como un mar violento
la carabela, sí, la carabela,
tú me desvelas.
¿Cuál es mi pecado
pa’maltratarme, sí, pa’ maltratrarme?
como el prisionero
por los gendarmes, sí, por los gendarmes
quieres matarme.
Pero a ti te ocultan
duras paredes, sí, duras paredes
y mi sangre oprimes
entre tus redes, sí, entre tus redes
¿por qué no cedes?
Corazón maldito
sin miramiento, sí, sin miramiento
ciego, sordo y mudo
de nacimiento, sí, de nacimiento
me das tormento.







































"LOS POETAS SUICIDAS", LEERLOS.
Recomiendo a los lectores de CINOSARGO leer los textos de los poetas suicidas que para PALABRA ESCRITA 51 seleccionó y que CINOSARGO ha publicado.
Es increíble la belleza de los poemas deestos aedas que -por factores diveros- se quitaron la vida.
Estos poemas son extraordinariamiente hermosos.
Vuestro amigo,
J.G.M.F.