AGUA/VIENTO
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
(a Ysabel
Carolina Díaz)
Agua/viento en el olfato de los animales
urbanos y rurales;
agua de las
arañas y un desconcierto para tránsito de holgura;
agua de
lentejas y lentejuelas;
agua hasta
los tobillos para que las fincas sean barcos;
agua
pajarera y de media varilla y un hontanar;
agua
enjaulada y a merced de su nivel imposible;
agua
melosa, escarnio y templanza de la voluntad;
agua
despidiente y huidiza por la pesadumbre;
agua de
palo herrado y a la intemperie;
agua para
remedio de cerraduras y doncellas preñadas;
agua de
bajada y suculento aprovechamiento y maridaje sin equívocos;
agua de las
salamandras que preservan su hoguera;
agua en la
altura de las falanges y su exposición a los elementos;
agua del
vidrio supositorio y más tarde acaecido;
agua púbica
en beneficio y en buena pro;
agua de los
orinales como emolumentos y doctrina;
agua
moribunda y proclive a la embriaguez de fondo;
agua tras
la umbría y consumidora de puentes enfermizos;
vientos de
porfía y de mujeres en rebaños de calzones;
vientos con
chinelas y abiertos a las cuadras y a los cuadros;
vientos
para planchar a las ánimas;
vientos
bebibles y escasos;
vientos
como hachas y escopetas de tres cañones;
vientos que
flotan dentro de sus madrigueras;
vientos que
pican las moscas y luego escapan a la rascazón;
vientos en
pelotas y en descuido de herrumbre y blasfemias;
vientos de
mangas y bocacalle con perjurio;
vientos
ventrales de la eternidad inconclusa;
vientos de
ventanas que parecen viernes vernales;
vientos
alineados y en la flor del desencuentro;
vientos que
extravían los zapatos y luego permanecen bizcos;
vientos
colchonetas y desparpajos a granel;
vientos
hurtados y dejados atrás para mejor artesanía;
vientos
mareados, bebidos, palpados y corridos;
vientos sin
rumbo y divisados desde las garitas;
vientos
multados y de bolina y de cuatro al tercio;
vientos
mostrencos y en escapatoria y mudanza;
vientos
declarados bienes nacionales y expropiables por antonomasia;
vientos
alimentados con algas y verdecidos a punta de elogios.
Vientos y aguas de los almacenes
emplumados y en comunión permanente con el aguante de los solares y las riadas
que equivocan las salmodias.






































