
Las aves marinas vuelan y se sumergen
en unas aguas atestadas de desechos inorgánicos
una gaviota lleva en el pico una lata de sardinas
-sucedáneo de un desayuno de peces invisibles o inexistentes-
y se aleja con rumbo aleatorio.
En la orilla, junto a la caleta
un grupo de pelícanos compite por adjudicarse
los restos de alimento que arrojan los comerciantes
en complicidad de unos turistas curiosos.
Un pedazo de goma y un trozo de cartón flotan en el mar
quizá avalados por una espuma abundante, amarilla, espesa.
Camino y me sumo a los turistas
que observan la rutina de los pelícanos
mientras respiro un amasijo de olores
entre petróleo, pescado y porquerías.
Entonces decido encender un cigarrillo.






































