
Exvoto
A las chicas de flores
Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de
Las chicas de Flores se pasean tomadas de los brazos, para trasmitirse sus
estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas,
de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.
Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro
de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y
de noche, a remolque de sus mamás —empavesadas como fragatas— van a pasearse
por la plaza, para que los hombres les ayaculen palabras al oído, y sus pezones
fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.
Las chicas de Flores viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como
manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto,
que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen
el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo a todos los que pasan
por la vereda.
12
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se tiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan.
22
Las mujeres vampiro son menos peligrosas que las mujeres con sexo prehensil.
Desde hace siglos, se conocen diversos medios para protegernos contra las
primeras.
Se sabe, por ejemplo, que una fricción de trementina después del baño, logra en
la mayoría de los casos inmunizarnos; pues lo único que les gusta a las mujeres
vampiro es el sabor marítimo de nuestra sangre, esa reminiscencia que perdura
en nosotros, de la época en que fuimos tiburón o cangrejo.
La imposibilidad en que se encuentren de hundirnos su lanceta en silencio,
disminuye, por otra parte, los riesgos de un ataque imprevisto. Basta con que
al oírlas nos hagamos los muertos para que después de olfatearnos y comprobar
nuestra inmovilidad, revoloteen un instante y nos dejan tranquilos.
Contra las mujeres de sexo prehensil, en cambio, casi todas las formas
defensivas resultan ineficaces. Sin duda, los calzoncillos erizables y algunos
otros preventivos, pueden ofrecer sus ventajas; pero la violencia de honda con
que nos arrojan su sexo, rara vez nos da tiempo a utilizarlos, ya que antes de
advertir su presencia, nos desbarrancan en una montaña rusa de espasmos interminables,
y no tenemos más remedio que resignarnos a una inmovilidad de meses, si
pretendemos recuperar los kilos que hemos perdido en un instante.
Entre las creaciones que inventa el sexualismo, las mencionadas, sin embargo,
son las menos temibles. Mucho más peligrosas, sin discusión alguna, resultan
las mujeres eléctricas, y esto, por un simple motivo: las mujeres eléctricas
operan a distancia.
Insensiblemente, a través del tiempo y del espacio, nos van cargando como un
acumulador, hasta que de pronto entramos en un contacto tan íntimo con ellas,
que nos hospedan sus mismas ondulaciones y sus mismos parásitos.
Es inútil que nos aislemos como un anacoreta o como un piano. Los pantalones de
amianto y los pararrayos testiculares son iguales a cero. Nuestra carne
adquiere, poco a poco, propiedades de imán. Las tachuelas, los alfileres, los
culos de botella que perforan nuestra epidermis, nos emparentan con esos
fetiches africanos acribillados de hierros enmohecidos. Progresivamente las
descargas que ponen a prueba nuestros nervios de alta tensión, nos galvanizan
desde el occipucio hasta las uñas de los pies. En todo instante se nos escapan
de los poros centenares de chispas que nos obligan a vivir en pelotas. hasta
que el día menos pensado, la mujer que nos electriza intensifica tanto sus
descargas sexuales, que termina por electrocutarnos en un espasmo lleno de
interrupciones y de cortocircuitos.
Oliverio
Girondo
Oliverio Girondo nació el 17 de agosto de 1891. Realizó sus estudios en el
Epson College de Londres y en el Liceo Luis Le Grand de París. Se recibió de
abogado, aunque nunca ejerció la profesión. En 1911 inicia su actividad
literaria fundando el periódico Comoedia; tras una breve experiencia teatral
escribe
Su decisiva ruptura con el modernismo y sus seguidores, más la vigorosa
renovación de la sacralizada zona poética de las primeras décadas del siglo, a
las que contribuyó de manera notable y extensa, ubican a Oliverio Girondo como
un mojón soberano de la vanguardia poética en Hispanoamérica. Muere en Buenos
Aires el 24 de enero de 1967.
Entre sus obras figuran: Persuasión de los días (1942), Campo nuestro (1946),







































OLIVERIO GIRONDO, INOLVIDABLE
Oliverio Girondo es un gran poeta. Harto lo leí hace ya varios años. Gracias a CINOSARGO me reencuentro con él.
Felicitaciones a Violeta Fernández por haber compilado, brevemente, la poesía de este gran aeda.
JOSE G. MARTÍNEZ FERNÁNDEZ
Director Revista de Poesía "PALABRA ESCRITA".