COEXISTENCIAS DEL MEDIODÍA
El
mediodía busca ser el mediador entre los seres y la partición del tiempo. La
semejanza de los seres ocurre en el intervalo de sus vidas interiores. Su
adustez constituye el muro de defensa en el permanente estar despierto. Bajo el
techo se intuye el jardín que no se repetirá. Agradables frases llegan al oído
desde los árboles desnudos donde el cuervo estampa su utopía.
La Séptima
Rama Terrestre se sorprende y agita el azul que impide las siestas. Los seres
coexistentes proceden con seguridad y se reconocen en el momento de brillantez.
De altas tallas serán las mudanzas y la bruma no traerá su mala pantomima. No
hay porqué temer si una ley natural se retrasa o desaparece sin causa.
Sin sonido y sin olor el mediodía se desplaza sobre las circunstancias de lo inmediato. No hay agujero por donde no penetre. Pronto alcanza su verdadera forma invisible y presta sus ilusiones para la liberación y los espejismos. La reverberación se refugia en casas sin nombres. Allí, simplemente, la brisa se aquieta y hace sonar sus cuentas de rosarios y sus cáscaras de nueces. De la nada vuelven a emerger los fundamentos y en una zona mínima de calmas reúnen a diversos personajes que se conocían antes de encontrarse. La inconstancia de la luz que se estrella vertical provoca una sensibilidad en los mensajeros de la transición y las imágenes vivas no se rinden ante la sujeción de lo efímero.







































coexistencias del mediodía.
En esta parte del mundo, es medianoche. Celebro a mi amigo Wilfredo Carrizalez, a su rostro que pretende ser pétreo, sin lograrlo.