
El arte abstrae la vida. Abstraer es eliminar. Cuando el primer
artista pintó un uro sobre las paredes de su cueva, el primer crítico
lo vio y dijo, “¡Eso es un uro!”. Pero no era un uro, era una pintura.
Desde entonces la crítica de arte ha ido en decadencia. El arte, como
la ciencia, es una iluminación mediante eliminación. Los artistas
quitan para mejorar. En este sentido, el minimalismo no es sólo otra
escuela de arte, sino su esencia evolutiva, y todo arte moderno puede
verse como un proceso de autodestrucción progresiva. Los artistas se
destruyen con frecuencia a sí mismos, ocasionalmente se destruyen unos
a otros, pero correspondió a un artista alemán relativamente poco
conocido, Gustav Metzger, dar a este impulso artístico su articulación
más sucinta cuando en 1959 anunció su teoría del “arte
autodestructivo”. No es sorprendente, por tanto, que Metzger anticipara
la Huelga de Arte propuesta para los años 1990-93.
En 1 de enero de
1990 -si cumplen con las directivas del grupo PRAXIS- todos los
artistas abandonarán sus herramientas durante tres años. No habrá
inauguraciones, ni exposiciones, ni lecturas. Los “trabajadores
culturales”, a menos que sean esquiroles, lo harán también. Galerías,
museos y espacios “alternativos” cerrarán o serán reconvertidos para
propósitos más prácticos. Según los promotores de la Huelga de Arte,
todo el mundo se beneficiará de ello. Los artistas, escapando de su
responsabilidad de creatividad especializada, no sólo tendrán un
descanso sino además una oportunidad de tener una vida. Y las masas
populares, ya no intimidadas por “matones con talento”, tendrán la
ocasión de asaltar el arte como aire fresco en los vanos.
Aunque se muestra en principio como supresión del arte, la Huelga de
Arte es su realización en esencia -la última obra de arte, la
culminación de su telos. En la Huelga de Arte, la abnegación artística
alcanza su expresión final: el arte, habiendo llegado a no ser nada,
llega a serlo todo. Si el arte es lo que los artistas no hacen, ¿qué no
es arte ahora? La Huelga de Arte se convierte así en un ejercicio
dentro del imperialismo. Después de todo, todos los demás han estado
siempre en Huelga de Arte. Con la Huelga de Arte, se ofrece a los
líderes la ocasión de ponerse al mismo nivel que sus seguidores, que no
eran previamente conscientes de que tenían líderes, y de que no los
necesitan.
La renuncia ostentosa es codicia en su forma más deformada e insidiosa.
Mediante su ruidosa negación del arte, los huelguistas afirman la del
arte y la suya propia, no distinta de los alcohólicos cuyos encuentros
de Alcohólicos Anónimos sirven para testificar el poder de las drogas y
su propio poder al renunciar colectivamente a ellas. Pero ahí termina
la analogía. Los huelguistas comparan su huelga a la Huelga General de
los sindicalistas y se apropian el encanto de esta táctica obsoleta.
Pero una Huelga particular no es una Huelga General; y la Huelga de
Arte, en la medida en que no incluye el rechazo del trabajo por los
obreros asalariados (artistas que son generalmente empleados como
freelancers o contratistas independientes), no es una huelga en
absoluto.
¿Qué siguen siendo los artistas que renuncian? Artistas, por supuesto.
La Huelga de Arte magnifica la importancia del artista hasta cuando
abandona sus herramientas. Liberado de la obligación de crear, el
artista ya no debe intentar informar o agitar ni siquiera entretener.
Toda pretensión de ser útil a la gente debe ser abandonada. Pero esto
no quiere decir que los artistas vayan a desaparecer en la multitud -si
lo hicieran, nadie sabría que estuvieron en huelga. No, en lugar de
llevar a cabo una producción al margen de su negativa a producir, deben
llamar la atención acerca de lo que ellos no hacen, aunque sus
credenciales de inactividad sean precisamente su arte previo. Esto es
lo que hace elitista al rechazo del arte. La Huelga de Arte es una
noción vanguardista: sólo los artistas pueden negar el arte, y solo los
artistas pueden congratularse de estar en el camino de una explosión de
creatividad popular.
Realmente, la razón de que la gente no cree arte no es que estén
intimidados por “matones con talento”, sino que su poder creativo ha
sido suprimido de tal forma -sobre todo por el trabajo- que dedican sus
horas de ocio al consumo en vez de la creación. La escuela, el trabajo,
la familia, la religión, el derechismo y el izquierdismo - frustran la
creatividad. El tipo de “arte” creado por los promotores de la Huelga
de Arte, sus diversas predicciones y pronunciamientos, es mucho más
opaco para los proletarios que el arte representacional de los tiempos
pre-modernos, y no menos que el arte moderno, que está demasiado lejos
de la experiencia cotidiana de cualquiera para ser intimidados por él,
a no ser por su reputación, que por supuesto crecerá durante los Años
Sin Arte.
Los teóricos de la Huelga de Arte son ambiguos respecto del alcance de
la huelga. Si esto representa el rechazo de la “creatividad” por los
especialistas, es sólo para los artistas. Pero si la Huelga de Arte
pretende cerrar museos, librerías y galerías, debería incluir a los
trabajadores para quienes sería entonces una huelga real, los empleados
del aparato cultural incapaces de rechazar su creatividad en primer
lugar porque nadie les ha llamado a ello. El conserje limpiará lo mismo
el museo que una planta de energía nuclear, especialmente desde que los
intelectuales activistas pretenden hacerle abandonar su puesto allí
donde pueden. Tales trabajadores saben ya de primera mano que los
artistas necesitan bufonadas estrafalarias para comprehender - trabajar
para la industria cultural es todavía trabajar. Sólo para el artista la
Huelga de Arte es una obra de arte. Los otros que se verían envueltos
en ella no serían sino la pintura que los artistas en huelga aplican
sobre sus lienzos, absorbidos por una obra de arte performática. La
vida humana y el sustento como materia prima del arte… ¡Qué artista no
ha sentido moverse algo en lo más profundo de sus tripas al escuchar el
llanto de Nerón: que un artista muere en mí!
Como los Años Sin Ingresos no contienen ninguna llamada al proletariado
industrial del arte o sus burocracias, estos permanecerán en su
trabajo. El impacto de la huelga será muy desigual. Los curators y
libreros estarán contentos de librarse de la parte más dura de su tarea
- guardar fondos de nuevas obras de arte y tratar de adivinar cuales
pasarán la prueba del tiempo. El arte se ha estado acumulando desde
antes de la Edad de Bronce; tres años no serán suficientes para
revalorizar, reordenar y redistribuir el inventario existente. Por
añadidura, las presiones presupuestarias pueden aliviarse. La música,
basada toda ella ya en los “éxitos clásicos”, vivirá también del
pasado. En lugar de música viva volvería el disco. La mayoría de la
gente ve la televisión, no la hace. Ahora todo el mundo la hará. ¿Van a
ir los artistas a la huelga para que les pidamos que vuelvan al cabo de
tres años? Si ya poseían antes un lugar de privilegio, ¿hasta dónde se
elevará su plaza en 1993? La inspiración real para la Huelga de Arte no
es, como se pretende, la huelga general del proletariado, sino algo ya
representado en una obra de arte - la huelga general de capitalistas en
Atlas Shrugged de Ayn Rand..
Pero los artistas no tendrán que esperar tres años para sacar provecho
de la Huelga de Arte. Los beneficios serán inmediatos y se
incrementarán como un interés complejo. La Huelga de Arte actúa
ingeniosamente sobre la oferta, no sobre la demanda. El arte existente
verá su valor apreciado puesto que nada nuevo llegará al mercado para
competir con él. Por añadidura, estará la sobretasa conferida por la
mística de la extinción; en consecuencia, el arte reciente elevará su
precio al nivel del último en su especie. De hecho, no se presentará
como el último sino como la culminación, ya que la ideología del
progreso influye de tal forma en la mente occidental que regularmente
confunde lo último con la forma final de un supuesto proceso evolutivo.
Los últimos serán los primeros, o por lo menos serán valorados de esta
forma. No es extraño que sean algunos de los artistas contemporáneos de
menos éxito comercial lo que lideran la Huelga de Arte, ni que otros
les sigan. Ellos no proponen destruir las obras exactamente (aunque si
se hiciese esto selectivamente tendría aproximadamente el mismo efecto
que una Huelga de Arte). Los Años Sin Arte no incluyen nada de esto,
aunque todos se uniesen a la huelga. En lugar de ello, la Huelga de
Arte creará un cartel - su inspiración no es el IWW o la CNT, sino la
OPEC.
La Huelga de Arte no debe nada al movimiento obrero, a pesar de su pose proletaria, sino el hurto de lo que puede esperarse que los artistas roben: su imaginario. Esto incapacita a los artistas para investir de importancia su agotamiento. La negación del arte certifica sólo a los artistas como intérpretes expertos de lo que nadie más que ellos hace. El arte de la negación, por su parte, actúa contra lo que todo el mundo hace pero nadie ha creado, contra el trabajo y la sumisión al estado. El arte de la negación es el arte de vivir, que empieza con la huelga general que nunca termina.
Publicado en Artpaper, vol 9, # 4, diciembre 1989, Minneapolis, USA







































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