Cámara de tortura
Su ayuda es mi sueldo Su aparición en el Paseo Ahumada (De El paseo Ahumada, 1983) Álbum Otro es el que manipula nuestros actos cuando ellos nos empujan a la derrota, un tahúr en cuyas manos somos una carta marcada, la última y el miedo y el recuerdo de un crimen. Pero ni aun siquiera el personaje de una vieja novela de aventuras: los juegos del azar son todavía juegos y la violencia, en cualquier caso, redime. Quien nos reduce a sombras en la sala de juego es una sombra él mismo menos libre que otras, una condensación de absurdos personajes algo como el horror de un álbum de familia. No es lo mismo estar solo que estar solo en una habitación de la que acabas de salir como el tiempo: pausada, fugaz, continuamente en busca de mi ausencia, porque entonces empiezo a comprender que soy un muerto y es la palabra, espejo del silencio y la noche, el fruto del día, su adorable secreto revelado por fin. Tendría que empezar a ser de nuevo para aceptar el mundo como si no fuese solamente lo único que conservo de ti, tendría que olvidarme como se olvida lo más negro de un sueño, soplar en mi conciencia hasta apagar mi imagen, cerrar los ojos frente a los espejos, deshacerme y hacerme, soñar siempre con otro, morirme de mí mismo para no recordarte a cada instante como el ciego recuerda la luz y el condenado a muerte la vida, toda ella, en un abrir y cerrar de ojos, porque estás más adentro de mí que yo mismo o existo porque existes o yo no sé quién soy desde que sé quien eres. No es lo mismo estar solo que estar sin ti, conmigo con lo que permanece de mí si tú me dejas: alguien, no, quizás algo: el aspecto de un hombre, su retrato que el viento de otro mundo dispersa en el espacio lleno de tu fantasma desgarrador y dulce. Monstruo mío, amor mío, dondequiera que estés, con quienquiera que yazgas abre por un instante los ojos en mi nombre e, iluminada por tu despertar, dime, como si yo fuese la noche, qué debo hacer para volver a odiarte, para no amar el odio que te tengo. Es inútil buscar a tu enemigo en el infierno suyo y de esta ciudad, allí donde la música agoniza larga, ruidosamente en el silencio y beber en su vaso para verte con su mirada azul, roja de odio, el vino que refleja su secreta agonía, la que en su corazón en ruinas danza a la luz de una luna tan desnuda como ella con la misma afrentosa lascivia de la luna que no se muestra al sol, pero acepta su fuego, esa virgen tatuada por los siete pecados capitales no eres tú o eres otra; alguien, quizá yo mismo, entonces toca mi frente y me despierto como el fuego en la noche, en toda mi pureza, con tu nombre verídico en los labios. La mixtura del aire en la pieza oscura, como si el cielorraso hubiera
amenazado una vaga llovizna sangrienta. De ese licor inhalamos, la nariz sucia, símbolo de inocencia y de
precocidad juntos para reanudar nuestra lucha en secreto, por no sabíamos no
ignorábamos qué causa; juego de manos y de pies, dos veces villanos, pero igualmente
dulces que una primera pérdida de sangre vengada a dientes y uñas o
para una muchacha dulces como una primera efusión de su sangre. Y así empezó a girar la vieja rueda--símbolo de la vida--la rueda
que se atasca como si no volara, entre una y otra generación, en un abrir de ojos brillantes y un
cerrar de ojos opacos con un imperceptible sonido musgoso. Centrándose en su eje, a imitación de los niños que rodábamos de
dos en dos, con las orejas rojas--símbolos del pudor que
saborea su ofensa--rabiosamente tiernos, la rueda dio unas vueltas en falso como en una edad anterior a la
invención de la rueda en el sentido de las manecillas del reloj y en su contrasentido. Por un momento reinó la confusión en el tiempo. Y yo mordí,
largamente en el cuello a mi prima Isabel, en un abrir y cerrar del ojo del que todo lo ve, como en una edad
anterior al pecado pues simulábamos luchar en la creencia de que esto hacíamos;
creencia rayana en la fe como el juego en la verdad y los hechos se aventuraban apenas a desmentirnos con las orejas rojas. Dejamos de girar por el suelo, mi primo Angel vencedor de
Paulina, mi hermana; yo de Isabel, envueltas ambas ninfas en un capullo de frazadas que las hacía estornudar--olor a
naftalina en la pelusa del fruto--. Esas eran nuestras armas victoriosas y las suyas vencidas
confundiéndose unas con otras a modo de nidos como celdas, de
celdas como abrazos, de abrazos como grillos en los pies y en
las manos. Dejamos de girar con una rara sensación de vergüenza, sin
conseguir formularnos otro reproche que el de haber postulado a un éxito tan fácil. La rueda daba ya unas vueltas perfectas, como en la época de su
aparición en el mito, como en su edad de madera recién
carpintereada con un ruido de canto de gorriones medievales; el tiempo volaba en la buena dirección. Se lo podía oír avanzar
hacia nosotros mucho más rápido que el reloj del comedor cuyo tic-tac se
enardecía por romper tanto silencio. El tiempo volaba como para arrollarnos con un ruido de aguas
espumosas más rápidas en la proximidad de la rueda del
molino, con alas de gorriones--símbolos del salvaje orden
libre-con todo él por único objeto desbordante y la vida-símbolo de la rueda-se adelantaba a pasar
tempestuosamente haciendo girar la rueda a velocidad
acelerada, como en una molienda de tiempo, tempestuosa. Yo solté a mi cautiva y caí de rodillas, como si hubiera envejecido
de golpe, presa de dulce, de empalagoso pánico como si hubiera conocido, más allá del amor en la flor de su edad,
la crueldad del corazón en el fruto del amor, la corrupción
del fruto y luego . . . el carozo sangriento, afiebrado y seco. ¿Qué será de los niños que fuimos? Alguien se precipitó a
encender la luz, más rápido que el pensamiento de las
personas mayores. Se nos buscaba ya en el interior de la casa, en las inmediaciones del
molino: la pieza oscura como el claro de un bosque. Pero siempre hubo tiempo para ganárselo a los sempiternos
cazadores de niños. Cuando ellos entraron al comedor, allí
estábamos los ángeles sentados a la mesa ojeando nuestras revistas ilustradas--los hombres a un extremo, las
mujeres al otro-- en un orden perfecto, anterior a la sangre. En el contrasentido de las manecillas del reloj se desatascó la rueda
antes de girar y ni siquiera nosotros pudimos encontrarnos a
la vuelta del vértigo, cuando entramos en el tiempo como en aguas mansas, serenamente veloces; en ellas nos dispersamos para siempre, al igual que los restos de un
mismo naufragio. Pero una parte de mí no ha girado al compás de la rueda, a favor de
la corriente. Nada es bastante real para un fantasma. Soy en parte ese niño que
cae de rodillas dulcemente abrumado de imposibles presagios y no he cumplido aún toda mi edad ni llegaré a cumplirla como él de una sola vez y para siempre. ENTRE
CAÍN Y ABEL Desde que mis padres inventaron la muerte y yo el crimen, no ha
pasado una eternidad: ha pasado, en poco tiempo, cientos de años. Vivo a
empavorecida distancia de las ruinas del paraíso. Este se convirtió, obvio es
decirlo, en el lugar que no hay. Pero el espacio mismo que ocupaba existe para
mi fascinación y mi desgracia. Vivo en la calle 108 con Broadway Avenue. En uno
de estos colectivos untados por el ala del cuervo, mordisqueados por el fuego,
rotos, inmundos, ominosos. Sin agua, ascensor ni calefacción. Con tablas o
plástico en lugar de vidrios. Escondrijo de ratas, gatos y drogadictos. Las
murallas de adentro y de afuera son las páginas de un libro de blasfemias que
se escribe y reescribe como un palimpsesto, noche y noche. Pues yo uso el lápiz
o el bolígrafo. Sólo escribo cartas que no envío. A ella. De " Nada tiene que ver
el dolor... Nada tiene que ver el dolor con el dolor nada tiene que ver la desesperación con la desesperación Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas No hay nombres en la zona muda Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus
nuevos amantes acicalada hasta la repugnancia, y los médicos son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me
retracto todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas y éste no es más que otro modo de viciarlas Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte -la niña de sus ojos- un querido problema la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es,
difiere su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener ciertas formas como ahora en esta consulta Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo
descompuesto y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser cuando ya uno, qué alivio, está muerto, olvidado ojalá
previamente de sí mismo esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es su presupuesto Invoco en la consulta al Dios de la no mismidad, pero sabiendo que se trata de otra ficción más sobre la unión de Oriente y Occidente de acápites, comentarios y prólogos Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que
aprender para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a
especialistas de una ciencia imposible e igualmente válida un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia del dolor que del placer, con una sonriente desesperación, pero esto es ya decir una mera obviedad con el apoyo de una figura retórica mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese
lenguaje .........................................................................................
/ desconocido ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a
interpretar el lenguaje humano Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna
inasible forma de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada
uno de los momentos que improntaron la memoria con impresiones desaforadas Cuando en la primera polución -mucho más mística que la primera comunión- pensabas en Isabel ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgástrico
de esa creatura que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente ........................................................................
/ en el tiempo de los demás sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria eso era la muerte y la muerte advino y devino el click de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor ........................................................... /
escrito silenciosamente en el muro o figuras obscenas untadas de vómito tu vida que -otra palabra- se deslizó, sin haberse podido engrupir en lo existente detenerse en lo pasajero hundir el
hocico feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno con el amor como con una piedra la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la .......................................................................
/ casa es la muerte y no la otra, esa nada ese humo esa sombra darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios
de Freud que se besan a sí mismos De todas las
desesperaciones... De todas las desesperaciones, la de la muerte tiene que ser la peor ella y el miedo a morir, cruz y raya cuando ya se puede pronosticar el día y la hora Hay una fea probabilidad de que el miedo a morir y la
desesperación ................................................................................
/ de la muerte sean normalmente inseparables como la uña y la carne Recuerdo a un amigo de otros años él huía de noche de ...................................................................
/ su casa y del hospital sin más salvoconducto que el que se daría a un condenado en el
infierno se dejaba caer en casa de amigas que no compartían su amor ..................................................... / por
ellas, condenadamente bellas exigía con argumentos propios de la ciencia de la locura que lo recibieran en esas casas como huésped estable me parece ver cómo al final de esas conversaciones imposibles era reconducido a su madriguera por las señoras y los esposos en medio del gran silencio, él, el gnomo de la selva negra del
amanecer de vuelta a su anticasa o al aeródromo de los hospitales para que no perdiera su vuelo. La llamamos todos desde el colegio a su parca lección o desde más allá cuando nacemos y ella, medio escondida de la teta materna nos da la suya nadie recuerda esa comunión con la noche nadie recuerda una palabra suya la jauría se escapa por todas las ventanas de la sala vacía en que al niño de su teta y además ella es muda como el cine de antaño pero no gesticula para darse a entender ni se acompaña del piano de un viejo saltimbanqui Simplemente está allí donde todos la miran sin verla, una ceguera que imita a la mirada Presencia, en todo caso, a En vivo y en directo, es el horror de espectar -palco la calle- un accidente de tráfico con sus cadáveres instantáneos y extrañamente irreversibles A esa calva que hace la ronda de la noche servicio militar obligatorio forzada al uniforme o a las gafas oscuras extrínsecamente asociada al degüello a la desaparición Los mendigos también han llegado a lo último de sí mismos pabilos parpadeantes serían sus representantes efímeros y el travesti parado en una esquina como un guerrero de la mala muerte Una calva furiosa sobreactúa por ella la presencia sobrante de esta desconocida su banalización mejor rentada aparece en la radio y en la prensa en la televisión que le pone colores de irrealidad. de estos medios que luchan salvo error o excepción por llenar este mundo de fantasmas vivientes esos que se electrizan cuando cae un avión y mueren todos sus pasajeros, cuando el corresponsal de guerra capta al vuelo lo peor de una masacre y muere él mismo La llamamos con un feroz apodo y no ..........* Así es como abandonamos en un ...........* a nuestra dama y señor de compañía el poderoso andrógino perfecto que invisible camina a nuestro lado toda, toda la vida lo aceptemos o no y aceptarlo sería lo mejor No es ella ni él, ni un monstruo ni un demonio puede domesticarnos si lo dejamos, actúa su presencia netamente interior porque la llevamos en la sangre lo respiramos como el aire y la luz ella está en la placenta de la madre arrullando al nonato como la nodriza más íntima Él si lo deja puede hacernos ver la nuestra en su cara que se ríe más allá de la desgracia, pero sin ninguna ironía saldado el doloroso precio de la existencia, del río, de la carne más que los accidentes del camino La buena muerte dice el dolor es el ser Y el ser este deseo de ser que ella podría extenuar si la dejaran, llenar de cabecera la esporádica ausencia de los médicos y hacer ver al enfermo de extrema gravedad la ingravidez de un feroz peso relativo que significa casualmente existir ...* Ilegible en el original ESTACIÓN
TERMINAL Esta será ya
lo veo tu última imagen: Me
parece llegar a la edad más ingrata, un blanco y
una negra La musiquilla de las
pobres esferas Puede que sea cosa de ir tocando ¿Nunca fue la palabra un instrumento? No se dirige a nadie el corazón Pena
de extrañamiento No me voy de esta ciudad con la resignación de los visitantes en
tránsito En una barraca, cerca de Nueva York, el martillero liquidó el
saldo de su negocio -un stock de fotografías antiguas- No me voy de esta ciudad sin haber amado aquí La isla dispone de fantasmas artificiales con que llenar los
huecos de la contra-historia Como si me retuviera algún negocio en la ciudad Como mis propios fantasmas, esos figurines inverosímiles Lo que me ata a la ciudad es todavía más irreal que ese beso
blanco, que connota glamour, escrito en la luz centelleante De una memoria de la que mi memoria se hace cargo (De Pena de extrañamiento, 1986 ) Si se ha de escribir
correctamente poesía Si se ha de
escribir correctamente poesía no basta con
sentirse desfallecer en el jardín bajo el peso
concertado del alma o lo que fuere y del célebre
crepúsculo o lo que fuere. El corazón es
pobre de vocabulario. Su laberinto:
un juego para atrasados mentales en que da risa
verlo moverse como un buey un lector
integral de novelas por entrega. Desde el momento en que coge el violín ni siquiera el
Vals triste de Sibelius permanece en
la sala que se llena de tango. Salvo las
honrosas excepciones las poetisas uruguayas todavía
confunden la poesía con el baile en una mórbida
quinta de recreo, o la confunden
con el sexo o la confunden con la muerte. Si se ha de
escribir correctamente poesía en cualquier
caso hay que tomarlo con calma. Lo primero de
todo: sentarse y madurar. El odio
prematuro a la literatura puede ser de
utilidad para no pasar en el ejército por maricón,
pero el mismo Rimbaud que probó que
la odiaba fue un ratón de biblioteca, y esa náusea
gloriosa le vino de roerla. Se juega al
ajedrez con las
palabras hasta para aullar. Equilibrio
inestable de la tinta y la sangre que debes
mantener de un verso a otro so pena de romperte los papeles del alma. Muerte, locura
y sueño son otras tantas piezas de marfil y de
cuerno o lo que fuere; lo importante
es moverlas en el jardín a cuadros de manera que
el peón que baila con la reina no le perdone
el menor paso en falso. Quienes
insisten en llamar a las cosas por sus nombres como si fueran
claras y sencillas las llenan
simplemente de nuevos ornamentos. No las expresan,
giran en torno al diccionario, inutilizan más
y más el lenguaje, las llaman por
sus nombres y ellas responden por sus nombres pero se nos
desnudan en los parajes oscuros. Discursos,
oraciones, juegos de sobremesa, todas estas
cositas por las que vamos tirando. Si se ha de
escribir correctamente poesía no estaría de
más bajar un poco el tono sin adoptar
por ello un silencio monolítico ni decidirse por la murmuración. Es un pez o
algo así lo que esperamos pescar, algo de vida,
rápido, que se confunde con la sombra y no la sombra
misma ni el Leviatán entero. Es algo que
merezca recordarse por alguna
razón parecida a la nada pero que no es
la nada ni el Leviatán entero, ni exactamente
un zapato ni una dentadura postiza. 
Su sueldo es la cuadratura de mí círculo,
que saco con los dedos para mantener su agilidad
Su calculadora es mi mano a la que le falta un dedo con el que me prevengo de
los errores de cálculo
Su limosna es el capital con que me pongo cuando se la pido
es
mi estreno en sociedad
Su sociedad es secreta en lo que toca a mi tribu
Su seguridad personal es mi falta de decisión
Su pañuelo en el bolsillo es mi bandera blanca
Su corbata es mi nudo gordiano
Su terno de Falabella es mi telón de fondo
Su zapato derecho es mi zapato izquierdo
doce
años después
La línea de su pantalón es el límite que yo no podría franquear aunque me
disfrazara de usted después de empelotarlo a la fuerza
Su ascensión por la escalinata del Banco de Chile es mi sueño de Jacob por el
que baja un án gel rubio y de alas pintadas a pagar, cuerpo a cuerpo, todas mis
deudas
Su chequera es mi saco de papeles cuando me pego una volada
Su firma es mi entretención de analfabeto
Su dos más dos son cuatro es mi dos menos dos
Su ir y venir es mi laberinto en que yo rumiante me pierdo perseguido por una
mosca
Su oficina es el entretelón en que se puede condenar a muerte mi nombre y su
traspaso a otro cadáver
que
lo lleve en un país amigo
Su consultorio es mi cámara de tortura
Su cámara de tortura es el único hotel en que puedo ser recibido a cualquier
hora
sin
previo aviso de su parte
Su orden es mi canto
Su lapicera eléctrica es lo que hace de mí un autor copioso un maldito
iluminado
o
el cojonudo que muere pollo, según quien sea yo en ese momento
Su mala leche es mi sangre
Su patada en el culo es mi ascensión a los cielos que son lo que son
y
no lo que Dios quiere
Su tranquilidad es mi muerte por la espalda
Su libertad es mi perpetua
Su paz es la mía
siempre
y cuando yo goce de ella eternamente y usted de por vida
Su vida real es el fin de mi imaginación
cuando
me pego una volada
Su mujer es en tal caso mi gatita despanzurrada
Su mondadientes es ahora mi tenedor
Su tenedor es mi cuchara
Su cuchillo es mi tentación de degollarlo
cuando
me mamo un cogollo
Su policial es el guardián de mi impropiedad
Su ovejero es mi degollador a la puerta de su casa como si yo no fuera una
maldita
oveja extraviada
Su metralleta es mi novia con la que tiro en sueños
Su casco es el molde en el que vaciaron la cabeza de mi hijo cuando nazca
Su retreta es mi marcha nupcial
Su basural es mi panteón
..................................... mientras no se lleven los cadáveres.
Desde
la trivial infidelidad de mi madre a Dios -alharaca de
Está
sobre mis libros, en la mesita de luz, en el escritorio que recogí de la calle,
en una silla de basura, en mi cama de tres patas, en el inodoro. Lo llevo
colgado del cinto cuando bajo al drugstore o voy al Olimphia. A mi padre lo
tengo grabado entre ceja y ceja, en medio de la frente. Retrato en forma de
cicatriz. Cicatriz en forma de coño de su madre.
El
viejo murió, según espero, de muerte natural. Un cataclismo para quien nunca
parece haberse resignado a no ser inmortal. Me perdí ese misterio, ese espectáculo.
Ella me habría impedido disfrutarlo, dócil a la voluntad (ahora rota o nula)
del agonizante que me había arrojado a un exilio en segundo grado: no ya del
Paraíso sino de sus extramuros. Y al trabajo.
Por
ese entonces, para mal de su roña, yo era un becario de
Pero
los años convierten la herejía en una costumbre y la promiscuidad en un pito,
en una voladura rastrera y fallida.
La
única que ha sobrevivido intacta a la edad, la culpa y la monserga, es Nuestra
Señora de
En
las fotografías recientes que me envía, más bellas que las de Avedón, no
desmerece, en el tiempo, de los retratos que le hizo en distintas épocas Hans
Memling.
La
eternidad no ha pasado para ella, como si el Esposo Absoluto hubiera condensado
la culpa en el tentado, desplazándola de la tentadora. Conmovido distraídamente
por ella o limitado en sus juicios por las razones y los estatutos de la
serpiente. Por el Código Viperino.
En
el reverso de esas postales leo, releo, repito a ciegas: "Ven, mi corazón
te llama". Tu madre que te quiere. O "Esta noche vi llover, vi gente
correr y no estabas tú". Tu madre que te quiere. O "Voy por la vereda
tropical, la noche plena de quietud...etcétera". Tu madre que te quiere.
Puedo
sostener que el deseo no necesita de la excitación. Por mi parte podría caer
fácilmente, si es que no me encuentro ya en el fondo de ese pozo, en el incesto
platónico.
En
realidad, no espero nada sexualmente de esa mujer. Lo he encontrado todo o casi
todo en ese borde de los nueve círculos del infierno que nos está permitido
frecuentar mientras nos creemos vivos.
Quisiera
parirla, amamantarla, educarla. Sólo esas serenidades podrían elevarse por
encima de los placeres malditos, pero me están vedadas. Porque no soy el
Andrógino Perfecto sino un vulgar asesino. Gastado por esos placeres ya no
podría, lisa y llanamente, conocerla en el sentido bíblico de la palabra. O eso
sólo sería un episodio decepcionante. Porque la emoción que me colma cuando
toco, constantemente, los recuerdos, letras, retratos o fotografías de esa
joven, es metafísica.
Mi
cerebro, entonces, se esponja y la sangre se agolpa en él, dejándome el resto
del cuerpo exangüe. A la manera de la savia de una planta que se concentra en
el despliegue de una flor concentrada, a su vez, en el acto de no pensar, en el
placer monstruoso de abrirse.
Esto
es, más o menos, lo que me ocurre. Al filo de esta ocurrencia, la tentación de
reunirme con ese fantasma, de materializarlo, salvando así la distancia que me
separa de Ella -vive en una isla del Caribe-, es total.
UN
razonamiento la acompaña. Si de un incesto platónico se trata, ¿qué agregaría
la felicidad de curar mi amor con su presencia y su figura a la desgracia de la
separación?
Ultima
astucia de la serpiente: "Puedes vivir toda tu vida con tu madre. Es lo
que hace un hijo soltero de buen corazón y costumbres sanas".
Pero
yo, Caín González de
No
hice mi master en Nueva York, perdí el doctorado,
Se
supone que el arrepentimiento y la tentación me han enloquecido. Que mi
existencia es un suicidio diferido y consumado a la vez, de día en día.
Es
así pero de otra manera. En alguna parte soy una celebridad; he escrito libros
que todos leen sin saberlo, impresos en el aire. Me retiene en esta ciudad -la
de mi ruina- contra el amor fulminante una elaborada forma de la muerte: el
despreciable pero invicto decurso y discurso de la literatura. A la manera de
Borges.
nuestra despedida en el poema en la estación terminal.
No sé por dónde empezarla para que no se me escape nada, y las gentes las cosas
apelotonadas aquí tienen algo de
agobiadoramente comparable a los restos que se enfrían
frases enteras o adjetivos de una pequeña obra maestra
sobre la cual pesara, hasta perderla, esta impaciencia,
nuestro cansancio mi inarticulación la ferocidad del egoísmo
por el cual cuando me empiezan a doler los pies prefiero la cama a cualquier
otra cosa incluyendo a la poesía que voy a decirlo todo esta noche eres tú,
y, entretanto, no insistas en que un gordinflón de cuarenta años
duerma apoyado en tu hombro, para retenerlo otro poco.
A la estación le sobran escenas como éstas,
la cara triste de la revolución
que me sonría por la tuya
con algo de una máscara de hojas de tabaco pequeña obra maestra de la noche te
improvisas
una moral una paciencia y hasta lo que llamas tu amor, nada podría de todo eso
brotar en esta tierra caliente removida por los huracanes
sobre la que pasa y repasa este mundo con sus pies,
y se acumulan los restos a la espera de mis adjetivos, obscenos bultos un mar
de papeles, etc.,
algo, en fin, como para renunciar a este tipo de viajes.
me parece recordar el momento presente:
no eres tú la muchacha que conocí hace un año
ni te marchaste en circunstancias que prefiero olvidar.
Por el contrario, ¿no hicimos el amor?
Una y mil veces, se diría, y para el caso es lo mismo:
te reemplazaron hasta en eso como una sombra borrara a otra,
y tu virginidad: el colmo del absurdo
no te defiende ahora de parecer agotada.
En realidad recuerdo que nos despedimos aquí,
pero no puedo precisar, con este sueño, cómo ocurrió la despedida,
en qué sentido tus manos me revuelven el pelo
y yo arrastro tu equipaje una caja de latón
o me insinúas que te regale un pullover.
A los ojos de la gente que no distingo de mis ojos
sino para mirarles desde una especie de ultratumba
somos una pareja un poco desafiante
y acostumbrada a esto en su Estación Terminal
contra la que, en cualquier momento, alguien arroja una
sonrisa estúpida
el comienzo de una pedrada
La cara triste de la revolución
y yo la tomo entre mis manos de egoísta consumado
Tanto como los párpados me pesan quienes se sientan en el suelo
a esperar una guagua hasta la hora del juicio
en que el viejo carcamal logra ponerse en movimiento
y los riegue lentamente por el interior de
T
esta falta de sentimientos profundos en que me encuentro
parecida a la pobreza por la que en cambio tú
no sientes nada o bien una despreocupada afinidad,
la risa de juntar unos medios con tus alumnos,
el espejo que se guarda debajo de la almohada para soñar con quién se quiera
y tus visitas a la abandonada
que por penas de amor se llena de hijos.
Ya no estoy en edad de soportarme en este trance
ni los bolsillos vacíos ni la efusión sentimental son cosas de mi agrado,
hasta leyendo mis propios versos más o menos románticos bostezo
y se me dormiría la mano si tuviera que escribirlos.
Cuántos años aquí, pero, en fin, tú eres joven:
" de otro, serás de otro como antes de mis besos ".
Yo prefiero al lirismo la observación exacta
el problema de lengua que me planteas y que no logro resolver te escribiré.
La Estación Terminal un libro abierto perezosamente en que las frases ondulan
como si mis ojos fueran un paraje de turistas desacostumbrados a estos
inconvenientes,
nada que se parezca a una mancha gloriosa,
ya lo dije, de vez en cuando, una observación estúpida:
piedrecillas que se desprenden de este yacimiento humano,
incongruentes, con el saludo de Ho Chi Min transmitido por los altoparlantes
institutrices de esas que no dejan en paz a los niños a ninguna hora de la
noche,
y sin embargo, tú duermes con tranquilidad
capaz de todas las consignas, pero con una reserva al buen humor
quizá la clave de todo esto
un primer verso que pone al poema en movimiento como por obra de magia.
la musiquilla de las pobres esferas.
Me cae mal esa Alquimia del Verbo,
poesía, volvamos a la tierra.
Aquí en París se vive de silencio
lo que tú dices claro es cosa muerta.
Bien si hablas por hablar, "a lo divino",
mal si no pasas todas las fronteras.
Digan, al fin y al cabo, lo que quieran:
en la profundidad de la ignorancia
suena una musiquilla verdadera;
sus auditores fueron en Babel
los que escaparon a la confusión de las lenguas,
gente anodina de los pisos bajos
con un poco de todo en la cabeza;
y el poeta más loco que sagrado
pero con una locura con su cuerda
capaz de darle cuerda a la alegría,
capaz de darle cuerda a la tristeza.
pero la que habla sola es la cabeza;
no se habla de la vida desde un púlpito
ni se hace poesía en bibliotecas.
Después de todo, ¿para qué leernos?
La musiquilla de las pobres esferas
suena por donde sopla el viento amargo
que nos devuelve, poco a poco, a la tierra,
el mismo que nos puso un día en pie
pero bien al alcance de la huesa.
Y en ningún caso en lo alto del coro,
Bizancio fue: no hay vuelta.
Puede que sea cosa de ir pensando
en escuchar la musiquilla eterna.
Me dejo atar, fascinado por ella
a los recuerdos del presente:
cosas que no tuvieron, por definición, un futuro pero que, ciertamente,
llegaron a envejecer, pues las dejo a sabiendas de que son, talvez, las últimas
elaboraciones del deseo, los caprichos lábiles que preanuncian la vejez.
ofreciéndolas a gritos
........................... en medio de la risotada de todos:
"Antepasados instantáneos", por unos centavos
Esos antepasados eran los míos, pues aunque los adquirí a vil precio no
tardaron, sin duda, en obligarme a la emoción
......................................................ante el puente de
Brooklyn
como si Manhattan, que se enorgullece
............................................................ de volatilizar el
pasado
conservándolo en el modo de la instigación a desafiarlo
fuera mi ciudad natal y yo el hijo de esos antiguos vecinos de los que la voz
gutural hace irrisión, y el martillo.
a la mujer que conocí y no conocí ni haber agotado
....................................................................................
la vida conyugal
reflotando en el negocio de plantas o antigüedades.
Ellos ocupan en la memoria, con la naturalidad que ésta se perite en relación a
la nada
el lugar de los verdaderos ausentes: caras que vi en las bouffoneries del Soho
.......................................directement angeliques: esas muchachas
caídas de la luna a la nieve
vestidas de pierrot y sus acompañantes andróginos
fueron y no fueron mis amigos de juventud
Se congelan lágrimas que son de frío
pero que memorizan, asimismo, a John Lennon
Reconozco la nieve de antaño, que cae
sobre Blecker Street en este día acrónico
mientras se hace de noche a la velocidad simultánea del vuelo de un murciélago
y pasan películas de mi tiempo en mi barrio.
veo a Cary Grant e Irene Dunne
que acaban de morir en una vieja comedia
víctimas del capricho de uno de los primeros automóviles deportivos
................... ( la máquina del glamour )
Sigo sus apariciones y desapariciones
-una cita de Meliès en la magia blanca y sonora de Hollywood-
la sorpresa de esta pareja se espejea en ellos- los transparentes- por gracia
del celuloide.
evocan, de manera en sí misma realista, alguna época acrónica de lo imaginario
Son los antepasados instantáneos de los deseos que provocan
en la inocencia total de sus reencarnaciones o desplazamientos
desde su absoluta lejanía en blanco y negro
El beso final no ocurre en la pantalla
sino entre la pantalla y la media luz de la sala
un corte insubsanable en que se juntan y se besan el presente y el pasado:
labios incompatibles que ninguna comedia puede reunir.
( el placer del ojo en el paraíso de la visión artificial )
Haciendo el reconocimiento de cómo es lo que no es
......................hic el nunc, en el Blecker Cinema
Esta ciudad no existe para mí y yo no existo para ella
allí, en ese punto en que los tiempos convergen bajo la especie de
Existe
.............................desalojarla
por unos contrasegundos, de la convención que marca el reloj
con sus pasitos de gato en la rutina del living
Trabajo que Hércules no se soñaba
..................................................................en franca
competencia con la Meditación Trascendental
Si yo lo consiguiera, sentiría apoyarse desaprensivamente en mi brazo ( el de
Cary Grant ) la mano enguantada
pronta a desaparecer, de una muerta:
..................................................................Irene Dunne
-frisson nouveau- y entre la pantalla y la media luz de la sala
( borrado ya del tiempo el día de mi partida:
...........................................................................dos
de enero de mil novecientos ochenta y uno )
Se tocarían ( no ) como para cualesquiera de los espectadores
-gatos descongelados en el invierno de Nueva York-
pasado, presente y futuro
en una unidad de medida que reúna esos tiempos incompatibles para ellos y para
mí, pero no para ellos: los veros vecinos de Washington Square.
A diferencia mía ellos permanecerán, de hecho, en la ciudad, con el aval de sus
antepasados
............................................a quienes, a lo mejor, pusieron en
subasta por unos centavos
y que yo mismo adquirí en una barraca.
en la borrada fecha del dos de enero, mi cuerpo tomará el avión para hacer, en
los meros hechos, de algunas
..........................................calles cuyos nombres ya no recuerdo
y de ciertos rincones que nadie volverá a ver
recuerdos sin objeto ni sujeto
Eso en lo que concierte a mi cuerpo, mientras el invisible ciudadano de esos
rincones
....................................................y esas calles
tan innotorio como lo son, al fin y al cabo, entre sí
diez millones de habitantes
seguirá aquí, delegado por la memoria
que llega a la aberración y toma entonces
no sólo la forma de mi sombra:
mi existencia hecha de algo que se le parezca
Ese doble abrirá en mí un hueco que yo mismo no podría llenar con las
anotaciones de mi diarios de viajes
No me proporcionará los estímulos a los que
.....................................................necesite responder cuando
me pregunten en mi pueblo por
Vivirá
una versión del discours sur le peu de realité
Porque la realidad estará allí donde ese
............................parásito del ser se pasee gozando de su inanidad
en tanto miseria sonora de estos versos y más allá del lenguaje y de la vida
que me sustraiga mañana
.............................cuando como un cuerpo sin la mitad de su alma
despojado del terror que fascina, habite
en cualesquiera de esas medio-ciudades,
..............................defectuosas copias de Manhattan y, por lo tanto,
ruinas -nuestros nidos- antes, después y durante su construcción algunos de mis
puntos de destino
...............................cuando me vaya y no me vaya de aquí.







































Grande Lihn!
Lihn, superior a mucho de los sobrevalorados poetas archiconocidos que tiene este país.