Apoya a la revista y editorial Cinosargo con un donativo vía paypal

Síguenos en Twitter

Web de Cinosargo Ediciones

logosargooooedic.jpg

Página web de Cinosargo Ediciones

LIBROS IMPRESOS DE CINOSARGO (17 libros a la fecha)

Dibujo1SARGO_VENTAS.jpg

Cinosargo Editorial

¿Dónde adquirir nuestros libros?

Descargar el catálogo de la editorial en pdf

EN ARICA, EN LIBRERIA CINOSARGO

GALERIA SAN MARCOS, MAIPU 115 - LOCAL 17

PEDIDOS DIRECTOS A LA EDITORIAL Y ENVÍOS DESDE REGIÓN O EL EXTRANJERO CONSULTAR A:

CARROLLERA@HOTMAIL.COM O AL CELULAR: 0056-9- 98566401


en Santiago estamos en Ciudad Letrada, Estrofas del sur, Librerías Fariña, Librería Cuarto Propio y Metales Pesados.

y en Lima, en librería Inestable en la calle Porta de Miraflores, signado con el número 185-B, donde atiende de 2:00 a 7:00 pm.


Desde el extranjero y a todo Chile vía internet, en buscalibros.cl

Novela Negra de Juan Podestá Barnao
El libro de las revelaciones de Víctor Munita
Carne de Daniel Rojas Pachas

Proyecto Apocalipsis de Andrés Olava * Eduardo Cuturrufo

Nómada de Eduardo Rojas Pachas * Esteban Morales

Gorakhnath de Joel Vril

La Maldición de los Whateley´s de Pablo Espinoza Bardi

Raíz de Uno de Fernando Rivera Lutz
Descargar el catálogo de la editorial en pdf


Descargar el catálogo de la editorial en pdf

Nomada_1.jpg

Nómada

Antología Gráfica del cuento Chileno

del siglo XX

(Comic - Editorial Cinosargo)

1298644364393-Documento-1-p_gina1.jpeg

El Libro de las Revelaciones

por Víctor Munita Fritis

(Poesía -Editorial Cinosargo)


13-5-2011_17.5.5_1.jpg

Necrospectiva Vol.2

"Cuentos de Gore, de locura y de muerte"

de Pablo Espinoza Bardi

(Relatos -Editorial Cinosargo - Colección Necro-Files)


8-6-2011_20.6.5_1.jpg

Carne

de Daniel Rojas Pachas

(Poesía -Editorial Cinosargo)

279614_2062251109923_1054076434_32302116_3252942_o.jpg

Proyecto Apocalipsis

de Andrés Olave / Eduardo Cuturrufo

(Narrativa -Editorial Cinosargo)

 

Descargar el catálogo de la editorial en pdf

averigua más de nuestra editorial en www.cinosargo.com

 



Poemas de Enrique Lihn

Enviado por Corresponsal cinosargo el 28/07/2008 a las 17:04
Corresponsal cinosargo

enriquelihn.jpg

 

 

Cámara de tortura

 

Su ayuda es mi sueldo
Su sueldo es la cuadratura de mí círculo,
que saco con los dedos para mantener su agilidad
Su calculadora es mi mano a la que le falta un dedo con el que me prevengo de los errores de cálculo
Su limosna es el capital con que me pongo cuando se la pido

     

Su aparición en el Paseo Ahumada
                                               es mi estreno en sociedad
Su sociedad es secreta en lo que toca a mi tribu
Su seguridad personal es mi falta de decisión
Su pañuelo en el bolsillo es mi bandera blanca
Su corbata es mi nudo gordiano
Su terno de Falabella es mi telón de fondo
Su zapato derecho es mi zapato izquierdo
                                               doce años después
La línea de su pantalón es el límite que yo no podría franquear aunque me disfrazara de usted después de empelotarlo a la fuerza
Su ascensión por la escalinata del Banco de Chile es mi sueño de Jacob por el que baja un án gel rubio y de alas pintadas a pagar, cuerpo a cuerpo, todas mis deudas
Su chequera es mi saco de papeles cuando me pego una volada
Su firma es mi entretención de analfabeto
Su dos más dos son cuatro es mi dos menos dos
Su ir y venir es mi laberinto en que yo rumiante me pierdo perseguido por una mosca
Su oficina es el entretelón en que se puede condenar a muerte mi nombre y su traspaso a otro cadáver
                                   que lo lleve en un país amigo
Su consultorio es mi cámara de tortura
Su cámara de tortura es el único hotel en que puedo ser recibido a cualquier hora
                                   sin previo aviso de su parte
Su orden es mi canto
Su lapicera eléctrica es lo que hace de mí un autor copioso un maldito iluminado
                                   o el cojonudo que muere pollo, según quien sea yo en ese momento
Su mala leche es mi sangre
Su patada en el culo es mi ascensión a los cielos que son lo que son
                                   y no lo que Dios quiere
Su tranquilidad es mi muerte por la espalda
Su libertad es mi perpetua
Su paz es la mía
                                   siempre y cuando yo goce de ella eternamente y usted de por vida
Su vida real es el fin de mi imaginación
                                   cuando me pego una volada
Su mujer es en tal caso mi gatita despanzurrada
Su mondadientes es ahora mi tenedor
Su tenedor es mi cuchara
Su cuchillo es mi tentación de degollarlo
                                   cuando me mamo un cogollo
Su policial es el guardián de mi impropiedad
Su ovejero es mi degollador a la puerta de su casa como si yo no fuera una
                                   maldita oveja extraviada
Su metralleta es mi novia con la que tiro en sueños
Su casco es el molde en el que vaciaron la cabeza de mi hijo cuando nazca
Su retreta es mi marcha nupcial
Su basural es mi panteón
..................................... mientras no se lleven los cadáveres.

(De El paseo Ahumada, 1983)

 


Álbum

 

Otro es el que manipula nuestros actos

cuando ellos nos empujan a la derrota, un

tahúr

en cuyas manos somos una carta marcada,

la última y el miedo y el recuerdo de un

crimen.

 

Pero ni aun siquiera el personaje

de una vieja novela de aventuras:

los juegos del azar son todavía juegos

y la violencia, en cualquier caso,

redime.

 

Quien nos reduce a sombras en la sala de

juego

es una sombra él mismo menos libre que

otras,

una condensación de absurdos personajes

algo como el horror de un álbum de

familia.

 

Celeste hija de la tierra

 

No es lo mismo estar solo que estar solo

en una habitación de la que acabas de

salir

como el tiempo: pausada, fugaz,

continuamente

en busca de mi ausencia, porque entonces

empiezo a comprender que soy un muerto

y es la palabra, espejo del silencio

y la noche, el fruto del día, su adorable

secreto revelado por fin.

 

Tendría que empezar a ser de nuevo

para aceptar el mundo como si no fuese

solamente lo único que conservo de ti,

tendría que olvidarme

como se olvida lo más negro de un sueño,

soplar en mi conciencia hasta apagar mi

imagen,

cerrar los ojos frente a los espejos,

deshacerme y hacerme, soñar siempre con

otro,

morirme de mí mismo

para no recordarte a cada instante

como el ciego recuerda la luz y el

condenado a muerte

la vida, toda ella, en un abrir y cerrar

de ojos,

porque estás más adentro de mí que yo

mismo

o existo porque existes

o yo no sé quién soy desde que sé quien

eres.

 

No es lo mismo estar solo que estar sin

ti, conmigo

con lo que permanece de mí si tú me

dejas:

alguien, no, quizás algo: el aspecto de

un hombre, su retrato

que el viento de otro mundo dispersa en

el espacio

lleno de tu fantasma desgarrador y dulce.

 

Monstruo mío, amor mío,

dondequiera que estés, con quienquiera

que yazgas

abre por un instante los ojos en mi

nombre

e, iluminada por tu despertar,

dime, como si yo fuese la noche,

qué debo hacer para volver a odiarte,

para no amar el odio que te tengo.

 

Es inútil

buscar a tu enemigo en el infierno

suyo y de esta ciudad, allí donde la

música agoniza

larga, ruidosamente en el silencio

y beber en su vaso para verte

con su mirada azul, roja de odio,

el vino que refleja su secreta agonía,

la que en su corazón en ruinas danza

a la luz de una luna tan desnuda como

ella

con la misma afrentosa lascivia de la

luna

que no se muestra al sol, pero acepta su

fuego,

esa virgen tatuada

por los siete pecados capitales

no eres tú o eres otra;

alguien, quizá yo mismo, entonces toca

mi frente y me despierto como el fuego en

la noche,

en toda mi pureza,

con tu nombre verídico en los labios.

 

 

 La pieza oscura

 

 

La mixtura del aire en la pieza oscura,

como si el cielorraso hubiera

           amenazado

una vaga llovizna sangrienta.

De ese licor inhalamos, la nariz sucia,

símbolo de inocencia y de

          precocidad

juntos para reanudar nuestra lucha en

secreto, por no sabíamos no

          ignorábamos qué causa;

juego de manos y de pies, dos veces

villanos, pero igualmente

          dulces

que una primera pérdida de sangre vengada

a dientes y uñas o

          para una muchacha

dulces como una primera efusión de su

sangre.

Y así empezó a girar la vieja

rueda--símbolo de la vida--la rueda

           que se atasca como si no

volara,

entre una y otra generación, en un abrir

de ojos brillantes y un

           cerrar de ojos opacos

con un imperceptible sonido musgoso.

Centrándose en su eje, a imitación de los

niños que rodábamos de

          dos en dos, con las orejas

rojas--símbolos del pudor que

          saborea su ofensa--rabiosamente

tiernos,

la rueda dio unas vueltas en falso como

en una edad anterior a la

          invención de la rueda

en el sentido de las manecillas del reloj

y en su contrasentido.

Por un momento reinó la confusión en el

tiempo. Y yo mordí,

           largamente en el cuello a mi

prima Isabel,

en un abrir y cerrar del ojo del que todo

lo ve, como en una edad

          anterior al pecado

pues simulábamos luchar en la creencia de

que esto hacíamos;

          creencia rayana en la fe como

el juego en la verdad

y los hechos se aventuraban apenas a

desmentirnos

con las orejas rojas.

 

Dejamos de girar por el suelo, mi primo

Angel vencedor de

          Paulina, mi hermana; yo de

Isabel, envueltas ambas

ninfas en un capullo de frazadas que las

hacía estornudar--olor a

          naftalina en la pelusa del

fruto--.

Esas eran nuestras armas victoriosas y

las suyas vencidas

          confundiéndose unas con otras a

modo de nidos como celdas, de

          celdas como abrazos, de abrazos

como grillos en los pies y en

          las manos.

Dejamos de girar con una rara sensación

de vergüenza, sin

          conseguir formularnos otro

reproche

que el de haber postulado a un éxito tan

fácil.

La rueda daba ya unas vueltas perfectas,

como en la época de su

          aparición en el mito, como en

su edad de madera recién

           carpintereada

con un ruido de canto de gorriones

medievales;

el tiempo volaba en la buena dirección.

Se lo podía oír avanzar

          hacia nosotros

mucho más rápido que el reloj del comedor

cuyo tic-tac se

          enardecía por romper tanto

silencio.

El tiempo volaba como para arrollarnos

con un ruido de aguas

          espumosas más rápidas en la

proximidad de la rueda del

          molino, con alas de

gorriones--símbolos del salvaje orden

          libre-con todo él por único

objeto desbordante

y la vida-símbolo de la rueda-se

adelantaba a pasar

          tempestuosamente haciendo girar

la rueda a velocidad

          acelerada, como en una molienda

de tiempo, tempestuosa.

Yo solté a mi cautiva y caí de rodillas,

como si hubiera envejecido

          de golpe, presa de dulce, de

empalagoso pánico

como si hubiera conocido, más allá del

amor en la flor de su edad,

          la crueldad del corazón en el

fruto del amor, la corrupción

          del fruto y luego . . . el

carozo sangriento, afiebrado y seco.

 

¿Qué será de los niños que fuimos?

Alguien se precipitó a

          encender la luz, más rápido que

el pensamiento de las

          personas mayores.

Se nos buscaba ya en el interior de la

casa, en las inmediaciones del

          molino: la pieza oscura como el

claro de un bosque.

Pero siempre hubo tiempo para ganárselo a

los sempiternos

          cazadores de niños. Cuando

ellos entraron al comedor, allí

           estábamos los ángeles sentados

a la mesa

ojeando nuestras revistas ilustradas--los

hombres a un extremo, las

           mujeres al otro--

en un orden perfecto, anterior a la

sangre.

 

En el contrasentido de las manecillas del

reloj se desatascó la rueda

          antes de girar y ni siquiera

nosotros pudimos encontrarnos a

          la vuelta del vértigo, cuando

entramos en el tiempo

como en aguas mansas, serenamente

veloces;

en ellas nos dispersamos para siempre, al

igual que los restos de un

          mismo naufragio.

Pero una parte de mí no ha girado al

compás de la rueda, a favor de

          la corriente.

Nada es bastante real para un fantasma.

Soy en parte ese niño que

          cae de rodillas

dulcemente abrumado de imposibles

presagios

y no he cumplido aún toda mi edad

ni llegaré a cumplirla como él

de una sola vez y para siempre.



 

ENTRE CAÍN Y ABEL

            Desde que mis padres inventaron la muerte y yo el crimen, no ha pasado una eternidad: ha pasado, en poco tiempo, cientos de años. Vivo a empavorecida distancia de las ruinas del paraíso. Este se convirtió, obvio es decirlo, en el lugar que no hay. Pero el espacio mismo que ocupaba existe para mi fascinación y mi desgracia. Vivo en la calle 108 con Broadway Avenue. En uno de estos colectivos untados por el ala del cuervo, mordisqueados por el fuego, rotos, inmundos, ominosos. Sin agua, ascensor ni calefacción. Con tablas o plástico en lugar de vidrios. Escondrijo de ratas, gatos y drogadictos. Las murallas de adentro y de afuera son las páginas de un libro de blasfemias que se escribe y reescribe como un palimpsesto, noche y noche. Pues yo uso el lápiz o el bolígrafo. Sólo escribo cartas que no envío. A ella.

            Desde la trivial infidelidad de mi madre a Dios -alharaca de la Biblia (libro que aquí todo el mundo manosea) con el hombre único -no había otro a su lado y no era de palo-, descreo de todo. Salvo del amor imposible y, lógicamente, del crimen. Roo este hueso, el único objeto que conservo de mi pasado: el célebre hueso maxilar inferior de un asno que me fue devuelto, con la recomendación implícita de emplearlo otra vez, a la salida de la cárcel.

            Está sobre mis libros, en la mesita de luz, en el escritorio que recogí de la calle, en una silla de basura, en mi cama de tres patas, en el inodoro. Lo llevo colgado del cinto cuando bajo al drugstore o voy al Olimphia. A mi padre lo tengo grabado entre ceja y ceja, en medio de la frente. Retrato en forma de cicatriz. Cicatriz en forma de coño de su madre.

            El viejo murió, según espero, de muerte natural. Un cataclismo para quien nunca parece haberse resignado a no ser inmortal. Me perdí ese misterio, ese espectáculo. Ella me habría impedido disfrutarlo, dócil a la voluntad (ahora rota o nula) del agonizante que me había arrojado a un exilio en segundo grado: no ya del Paraíso sino de sus extramuros. Y al trabajo.

            Por ese entonces, para mal de su roña, yo era un becario de la Universidad de Columbia. Aprendía el inglés, me distraía de mi desesperación frecuentando, con una Biblia en el bolsillo, los bares y prostíbulos, si así pueden llamarse a esas sucursales en el Village de Sodoma y Gomorra, en las cuales existe un margen de gratuidad, hasta de inocencia.

            Pero los años convierten la herejía en una costumbre y la promiscuidad en un pito, en una voladura rastrera y fallida.

            La única que ha sobrevivido intacta a la edad, la culpa y la monserga, es Nuestra Señora de la Manzana, mi amada madre, mi amor querido, mi locura, la serpiente, la muerte.

            En las fotografías recientes que me envía, más bellas que las de Avedón, no desmerece, en el tiempo, de los retratos que le hizo en distintas épocas Hans Memling.

            La eternidad no ha pasado para ella, como si el Esposo Absoluto hubiera condensado la culpa en el tentado, desplazándola de la tentadora. Conmovido distraídamente por ella o limitado en sus juicios por las razones y los estatutos de la serpiente. Por el Código Viperino.

            En el reverso de esas postales leo, releo, repito a ciegas: "Ven, mi corazón te llama". Tu madre que te quiere. O "Esta noche vi llover, vi gente correr y no estabas tú". Tu madre que te quiere. O "Voy por la vereda tropical, la noche plena de quietud...etcétera". Tu madre que te quiere.

            Puedo sostener que el deseo no necesita de la excitación. Por mi parte podría caer fácilmente, si es que no me encuentro ya en el fondo de ese pozo, en el incesto platónico.

            En realidad, no espero nada sexualmente de esa mujer. Lo he encontrado todo o casi todo en ese borde de los nueve círculos del infierno que nos está permitido frecuentar mientras nos creemos vivos.

            Quisiera parirla, amamantarla, educarla. Sólo esas serenidades podrían elevarse por encima de los placeres malditos, pero me están vedadas. Porque no soy el Andrógino Perfecto sino un vulgar asesino. Gastado por esos placeres ya no podría, lisa y llanamente, conocerla en el sentido bíblico de la palabra. O eso sólo sería un episodio decepcionante. Porque la emoción que me colma cuando toco, constantemente, los recuerdos, letras, retratos o fotografías de esa joven, es metafísica.

            Mi cerebro, entonces, se esponja y la sangre se agolpa en él, dejándome el resto del cuerpo exangüe. A la manera de la savia de una planta que se concentra en el despliegue de una flor concentrada, a su vez, en el acto de no pensar, en el placer monstruoso de abrirse.

            Esto es, más o menos, lo que me ocurre. Al filo de esta ocurrencia, la tentación de reunirme con ese fantasma, de materializarlo, salvando así la distancia que me separa de Ella -vive en una isla del Caribe-, es total.

            UN razonamiento la acompaña. Si de un incesto platónico se trata, ¿qué agregaría la felicidad de curar mi amor con su presencia y su figura a la desgracia de la separación?

            Ultima astucia de la serpiente: "Puedes vivir toda tu vida con tu madre. Es lo que hace un hijo soltero de buen corazón y costumbres sanas".

            Pero yo, Caín González de la Sota, no me muevo de aquí. Aunque atraído por ella como la polilla por la luz, mi ser prefiere a su proximidad un estado de constante desfallecimiento, de evaporación. Ni tan cerca que te quemes. Congelado.

            No hice mi master en Nueva York, perdí el doctorado, la Academia.  Desistí, por quiebra moral, de los negocios: Importadora de Frutos Tropicales de Caín y Abel and Company. Me fui empobreciendo hasta la miseria, acepté el werfare. Envejezco de una manera ruin. No he publicado nunca un libro. Mis hijos no quieren saber nada de mí.

            Se supone que el arrepentimiento y la tentación me han enloquecido. Que mi existencia es un suicidio diferido y consumado a la vez, de día en día.

            Es así pero de otra manera. En alguna parte soy una celebridad; he escrito libros que todos leen sin saberlo, impresos en el aire. Me retiene en esta ciudad -la de mi ruina- contra el amor fulminante una elaborada forma de la muerte: el despreciable pero invicto decurso y discurso de la literatura. A la manera de Borges.

 

De "La República Independiente de Miranda", Editorial Sudamericana, Bs. Aires 1989

 

 

Nada tiene que ver el dolor...

 

Nada tiene que ver el dolor con el dolor

nada tiene que ver la desesperación con la desesperación

Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas

No hay nombres en la zona muda

Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes

acicalada hasta la repugnancia, y los médicos

son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios

la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen

porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora

Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto

todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas

y éste no es más que otro modo de viciarlas

Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte -la niña

de sus ojos- un querido problema

la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere

su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar

Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación

Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener

ciertas formas como ahora en esta consulta

Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo descompuesto

y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable

mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa

zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser

cuando ya uno, qué alivio, está muerto, olvidado ojalá previamente de sí mismo

esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es

su presupuesto

Invoco en la consulta al Dios

de la no mismidad, pero sabiendo que se trata

de otra ficción más

sobre la unión de Oriente y Occidente

de acápites, comentarios y prólogos

Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender

para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio

que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas

de una ciencia imposible e igualmente válida

un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos

que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor

y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia

del dolor que del placer, con una sonriente

desesperación, pero esto es ya decir

una mera obviedad con el apoyo

de una figura retórica

mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese lenguaje

......................................................................................... / desconocido

ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar

el lenguaje humano

Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma

de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno

de los momentos que improntaron la memoria

con impresiones desaforadas

Cuando en la primera polución

-mucho más mística que la primera comunión- pensabas en Isabel

ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgástrico de esa creatura

que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente

........................................................................ / en el tiempo de los demás

sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria

eso era la muerte y la muerte advino y devino

el click de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora

acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte

el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento

la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor

........................................................... / escrito silenciosamente en el muro

o figuras obscenas untadas de vómito

tu vida que -otra palabra- se deslizó, sin haberse podido

engrupir en lo existente detenerse en lo pasajero hundir el hocico

feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno

con el amor como con una piedra

la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo

de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada

porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando

del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas

tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la

....................................................................... / casa es la muerte

y no la otra, esa nada ese humo esa sombra

darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud

que se besan a sí mismos

 

 

De todas las desesperaciones...

 

De todas las desesperaciones, la de la muerte tiene que ser la peor

ella y el miedo a morir, cruz y raya

cuando ya se puede pronosticar el día y la hora

Hay una fea probabilidad de que el miedo a morir y la desesperación

................................................................................ / de la muerte sean

normalmente inseparables como la uña y la carne

Recuerdo a un amigo de otros años él huía de noche de

................................................................... / su casa y del hospital

sin más salvoconducto que el que se daría a un condenado en el infierno

se dejaba caer en casa de amigas que no compartían su amor

..................................................... / por ellas, condenadamente bellas

exigía con argumentos propios de la ciencia de la locura

que lo recibieran en esas casas como huésped estable

me parece ver cómo al final de esas conversaciones imposibles

era reconducido a su madriguera por las señoras y los esposos

en medio del gran silencio, él, el gnomo de la selva negra del amanecer

de vuelta a su anticasa

o al aeródromo de los hospitales para que no perdiera su vuelo.

 

 

La Calva

 

La llamamos la Calva, creemos asistir

todos desde el colegio a su parca lección

o desde más allá cuando nacemos

y ella, medio escondida de la teta materna

nos da la suya

nadie recuerda esa comunión con la noche

nadie recuerda una palabra suya

la jauría se escapa por todas las ventanas

de la sala vacía en que la Calva aburre

al niño de su teta

y además ella es muda como el cine de antaño

pero no gesticula para darse a entender

ni se acompaña del piano de un viejo saltimbanqui

Simplemente está allí donde todos la miran

sin verla, una ceguera que imita a la mirada

Presencia, en todo caso, a la Calva le sobra

En vivo y en directo, es el horror de espectar

-palco la calle- un accidente de tráfico

con sus cadáveres instantáneos y extrañamente irreversibles

A esa calva que hace la ronda de la noche

servicio militar obligatorio

forzada al uniforme o a las gafas oscuras

extrínsecamente asociada al degüello

a la desaparición

Los mendigos también han llegado a lo último

de sí mismos pabilos parpadeantes

serían sus representantes efímeros

y el travesti parado en una esquina

como un guerrero de la mala muerte

Una calva furiosa sobreactúa por ella

la presencia sobrante de esta desconocida

su banalización mejor rentada

aparece en la radio y en la prensa

en la televisión que le pone colores

de irrealidad. La Calva es la vedette

de estos medios que luchan salvo error o excepción

por llenar este mundo de fantasmas vivientes

esos que se electrizan cuando cae un avión y mueren todos

sus pasajeros, cuando el corresponsal

de guerra capta al vuelo lo peor de una masacre

y muere él mismo

La llamamos la Calva para disminuirla

con un feroz apodo y no ..........*

Así es como abandonamos en un ...........*

a nuestra dama y señor de compañía

el poderoso andrógino perfecto

que invisible camina a nuestro lado

toda, toda la vida lo aceptemos o no

y aceptarlo sería lo mejor

No es ella ni él, ni un monstruo ni un demonio

puede domesticarnos si lo dejamos, actúa

su presencia netamente interior

porque la llevamos en la sangre

lo respiramos como el aire y la luz

ella está en la placenta de la madre arrullando

al nonato como la nodriza más íntima

Él si lo deja puede hacernos ver la nuestra

en su cara que se ríe más allá

de la desgracia, pero sin ninguna ironía

saldado el doloroso

precio de la existencia, del río, de la carne

más que los accidentes del camino

La buena muerte dice el dolor es el ser

Y el ser este deseo de ser que ella podría

extenuar si la dejaran, llenar de cabecera

la esporádica ausencia de los médicos

y hacer ver al enfermo de extrema gravedad

la ingravidez de un feroz peso relativo

que significa casualmente existir

...* Ilegible en el original

 

 

 

ESTACIÓN TERMINAL

Esta será ya lo veo tu última imagen:
nuestra despedida en el poema en la estación terminal.
No sé por dónde empezarla para que no se me escape nada, y las gentes las cosas apelotonadas aquí tienen algo de
agobiadoramente comparable a los restos que se enfrían
frases enteras o adjetivos de una pequeña obra maestra
sobre la cual pesara, hasta perderla, esta impaciencia,
nuestro cansancio mi inarticulación la ferocidad del egoísmo
por el cual cuando me empiezan a doler los pies prefiero la cama a cualquier otra cosa incluyendo a la poesía que voy a decirlo todo esta noche eres tú,
y, entretanto, no insistas en que un gordinflón de cuarenta años
duerma apoyado en tu hombro, para retenerlo otro poco.
A la estación le sobran escenas como éstas,
la cara triste de la revolución
que me sonría por la tuya
con algo de una máscara de hojas de tabaco pequeña obra maestra de la noche te improvisas
una moral una paciencia y hasta lo que llamas tu amor, nada podría de todo eso
brotar en esta tierra caliente removida por los huracanes
sobre la que pasa y repasa este mundo con sus pies,
y se acumulan los restos a la espera de mis adjetivos, obscenos bultos un mar de papeles, etc.,
algo, en fin, como para renunciar a este tipo de viajes.

Me parece llegar a la edad más ingrata,
me parece recordar el momento presente:
no eres tú la muchacha que conocí hace un año
ni te marchaste en circunstancias que prefiero olvidar.
Por el contrario, ¿no hicimos el amor?
Una y mil veces, se diría, y para el caso es lo mismo:
te reemplazaron hasta en eso como una sombra borrara a otra,
y tu virginidad: el colmo del absurdo
no te defiende ahora de parecer agotada.
En realidad recuerdo que nos despedimos aquí,
pero no puedo precisar, con este sueño, cómo ocurrió la despedida,
en qué sentido tus manos me revuelven el pelo
y yo arrastro tu equipaje una caja de latón
o me insinúas que te regale un pullover.
A los ojos de la gente que no distingo de mis ojos
sino para mirarles desde una especie de ultratumba
somos una pareja un poco desafiante
y acostumbrada a esto en su Estación Terminal

un blanco y una negra
contra la que, en cualquier momento, alguien arroja una
sonrisa estúpida
el comienzo de una pedrada
La cara triste de la revolución
y yo la tomo entre mis manos de egoísta consumado
Tanto como los párpados me pesan quienes se sientan en el suelo
a esperar una guagua hasta la hora del juicio
en que el viejo carcamal logra ponerse en movimiento
y los riegue lentamente por el interior de la República.
T
u última imagen quizá con tus yollitos en el pelo,
esta falta de sentimientos profundos en que me encuentro
parecida a la pobreza por la que en cambio tú
no sientes nada o bien una despreocupada afinidad,
la risa de juntar unos medios con tus alumnos,
el espejo que se guarda debajo de la almohada para soñar con quién se quiera
y tus visitas a la abandonada
que por penas de amor se llena de hijos.
Ya no estoy en edad de soportarme en este trance
ni los bolsillos vacíos ni la efusión sentimental son cosas de mi agrado,
hasta leyendo mis propios versos más o menos románticos bostezo
y se me dormiría la mano si tuviera que escribirlos.
Cuántos años aquí, pero, en fin, tú eres joven:
" de otro, serás de otro como antes de mis besos ".
Yo prefiero al lirismo la observación exacta
el problema de lengua que me planteas y que no logro resolver te escribiré.
La Estación Terminal un libro abierto perezosamente en que las frases ondulan
como si mis ojos fueran un paraje de turistas desacostumbrados a estos inconvenientes,
nada que se parezca a una mancha gloriosa,
ya lo dije, de vez en cuando, una observación estúpida:
piedrecillas que se desprenden de este yacimiento humano,
incongruentes, con el saludo de Ho Chi Min transmitido por los altoparlantes institutrices de esas que no dejan en paz a los niños a ninguna hora de la noche,
y sin embargo, tú duermes con tranquilidad
capaz de todas las consignas, pero con una reserva al buen humor
quizá la clave de todo esto
un primer verso que pone al poema en movimiento como por obra de magia.

 La Habana, Cuba, 1968

 

 

La musiquilla de las pobres esferas

 

Puede que sea cosa de ir tocando
la musiquilla de las pobres esferas.
Me cae mal esa Alquimia del Verbo,
poesía, volvamos a la tierra.
Aquí en París se vive de silencio
lo que tú dices claro es cosa muerta.
Bien si hablas por hablar, "a lo divino",
mal si no pasas todas las fronteras.

¿Nunca fue la palabra un instrumento?
Digan, al fin y al cabo, lo que quieran:
en la profundidad de la ignorancia
suena una musiquilla verdadera;
sus auditores fueron en Babel
los que escaparon a la confusión de las lenguas,
gente anodina de los pisos bajos
con un poco de todo en la cabeza;
y el poeta más loco que sagrado
pero con una locura con su cuerda
capaz de darle cuerda a la alegría,
capaz de darle cuerda a la tristeza.

No se dirige a nadie el corazón
pero la que habla sola es la cabeza;
no se habla de la vida desde un púlpito
ni se hace poesía en bibliotecas.

Después de todo, ¿para qué leernos?
La musiquilla de las pobres esferas
suena por donde sopla el viento amargo
que nos devuelve, poco a poco, a la tierra,
el mismo que nos puso un día en pie
pero bien al alcance de la huesa.
Y en ningún caso en lo alto del coro,
Bizancio fue: no hay vuelta.

Puede que sea cosa de ir pensando
en escuchar la musiquilla eterna.

 

 

 

Pena de extrañamiento

 

No me voy de esta ciudad con la resignación de los visitantes en tránsito
Me dejo atar, fascinado por ella
a los recuerdos del presente:
cosas que no tuvieron, por definición, un futuro pero que, ciertamente, llegaron a envejecer, pues las dejo a sabiendas de que son, talvez, las últimas elaboraciones del deseo, los caprichos lábiles que preanuncian la vejez.

     

En una barraca, cerca de Nueva York, el martillero liquidó el saldo de su negocio -un stock de fotografías antiguas-
ofreciéndolas a gritos
........................... en medio de la risotada de todos:
"Antepasados instantáneos", por unos centavos
Esos antepasados eran los míos, pues aunque los adquirí a vil precio no tardaron, sin duda, en obligarme a la emoción
......................................................ante el puente de Brooklyn
como si Manhattan, que se enorgullece
............................................................ de volatilizar el pasado
conservándolo en el modo de la instigación a desafiarlo
fuera mi ciudad natal y yo el hijo de esos antiguos vecinos de los que la voz gutural hace irrisión, y el martillo.

No me voy de esta ciudad sin haber amado aquí
a la mujer que conocí y no conocí ni haber agotado
.................................................................................... la vida conyugal
reflotando en el negocio de plantas o antigüedades.

La isla dispone de fantasmas artificiales con que llenar los huecos de la contra-historia
Ellos ocupan en la memoria, con la naturalidad que ésta se perite en relación a la nada
el lugar de los verdaderos ausentes: caras que vi en las bouffoneries del Soho
.......................................directement angeliques: esas muchachas caídas de la luna a la nieve
vestidas de pierrot y sus acompañantes andróginos
fueron y no fueron mis amigos de juventud
Se congelan lágrimas que son de frío
pero que memorizan, asimismo, a John Lennon
Reconozco la nieve de antaño, que cae
sobre Blecker Street en este día acrónico
mientras se hace de noche a la velocidad simultánea del vuelo de un murciélago
y pasan películas de mi tiempo en mi barrio.

Como si me retuviera algún negocio en la ciudad
veo a Cary Grant e Irene Dunne
que acaban de morir en una vieja comedia
víctimas del capricho de uno de los primeros automóviles deportivos
................... ( la máquina del glamour )
Sigo sus apariciones y desapariciones
-una cita de Meliès en la magia blanca y sonora de Hollywood-
la sorpresa de esta pareja se espejea en ellos- los transparentes- por gracia del celuloide.

Como mis propios fantasmas, esos figurines inverosímiles
evocan, de manera en sí misma realista, alguna época acrónica de lo imaginario
Son los antepasados instantáneos de los deseos que provocan
en la inocencia total de sus reencarnaciones o desplazamientos
desde su absoluta lejanía en blanco y negro
El beso final no ocurre en la pantalla
sino entre la pantalla y la media luz de la sala
un corte insubsanable en que se juntan y se besan el presente y el pasado: labios incompatibles que ninguna comedia puede reunir.

Lo que me ata a la ciudad es todavía más irreal que ese beso blanco, que connota glamour, escrito en la luz centelleante
( el placer del ojo en el paraíso de la visión artificial )
Haciendo el reconocimiento de cómo es lo que no es
......................hic el nunc, en el Blecker Cinema
Esta ciudad no existe para mí y yo no existo para ella
allí, en ese punto en que los tiempos convergen bajo la especie de la Duración
Existe
para mí, en cambio, en la medida en que logro destemporizarla
.............................desalojarla
por unos contrasegundos, de la convención que marca el reloj
con sus pasitos de gato en la rutina del living
Trabajo que Hércules no se soñaba
..................................................................en franca competencia con la Meditación Trascendental
Si yo lo consiguiera, sentiría apoyarse desaprensivamente en mi brazo ( el de Cary Grant ) la mano enguantada
pronta a desaparecer, de una muerta:
..................................................................Irene Dunne
-frisson nouveau- y entre la pantalla y la media luz de la sala
( borrado ya del tiempo el día de mi partida:
...........................................................................dos de enero de mil novecientos ochenta y uno )
Se tocarían ( no ) como para cualesquiera de los espectadores
-gatos descongelados en el invierno de Nueva York-
pasado, presente y futuro
en una unidad de medida que reúna esos tiempos incompatibles para ellos y para mí, pero no para ellos: los veros vecinos de Washington Square.
A diferencia mía ellos permanecerán, de hecho, en la ciudad, con el aval de sus antepasados
............................................a quienes, a lo mejor, pusieron en subasta por unos centavos
y que yo mismo adquirí en una barraca.

De una memoria de la que mi memoria se hace cargo
en la borrada fecha del dos de enero, mi cuerpo tomará el avión para hacer, en los meros hechos, de algunas
..........................................calles cuyos nombres ya no recuerdo
y de ciertos rincones que nadie volverá a ver
recuerdos sin objeto ni sujeto
Eso en lo que concierte a mi cuerpo, mientras el invisible ciudadano de esos rincones
....................................................y esas calles
tan innotorio como lo son, al fin y al cabo, entre sí
diez millones de habitantes
seguirá aquí, delegado por la memoria
que llega a la aberración y toma entonces
no sólo la forma de mi sombra:
mi existencia hecha de algo que se le parezca
Ese doble abrirá en mí un hueco que yo mismo no podría llenar con las anotaciones de mi diarios de viajes
No me proporcionará los estímulos a los que
.....................................................necesite responder cuando me pregunten en mi pueblo por la Megalópolis
Vivirá
en mí de ella, simplemente, como el huésped del mesonero coadyuvando a que mi vida sea
una versión del discours sur le peu de realité
Porque la realidad estará allí donde ese
............................parásito del ser se pasee gozando de su inanidad
en tanto miseria sonora de estos versos y más allá del lenguaje y de la vida que me sustraiga mañana
.............................cuando como un cuerpo sin la mitad de su alma
despojado del terror que fascina, habite
en cualesquiera de esas medio-ciudades,
..............................defectuosas copias de Manhattan y, por lo tanto, ruinas -nuestros nidos- antes, después y durante su construcción algunos de mis puntos de destino
...............................cuando me vaya y no me vaya de aquí.

 

 (De Pena de extrañamiento, 1986 )

 

 

Si se ha de escribir correctamente poesía

 

            Si se ha de escribir correctamente poesía

            no basta con sentirse desfallecer en el jardín

            bajo el peso concertado del alma o lo que fuere

            y del célebre crepúsculo o lo que fuere.

            El corazón es pobre de vocabulario.

            Su laberinto: un juego para atrasados mentales

            en que da risa verlo moverse como un buey

            un lector integral de novelas por entrega.

            Desde el momento en que coge el violín

            ni siquiera el Vals triste de Sibelius

            permanece en la sala que se llena de tango.

 

            Salvo las honrosas excepciones las poetisas uruguayas

            todavía confunden la poesía con el baile

            en una mórbida quinta de recreo,

            o la confunden con el sexo o la confunden con la muerte.

 

            Si se ha de escribir correctamente poesía

            en cualquier caso hay que tomarlo con calma.

            Lo primero de todo: sentarse y madurar.

            El odio prematuro a la literatura

            puede ser de utilidad para no pasar en el ejército

            por maricón, pero el mismo Rimbaud

            que probó que la odiaba fue un ratón de biblioteca,

            y esa náusea gloriosa le vino de roerla.

 

            Se juega al ajedrez

            con las palabras hasta para aullar.

            Equilibrio inestable de la tinta y la sangre

            que debes mantener de un verso a otro

            so pena de romperte los papeles del alma.

            Muerte, locura y sueño son otras tantas piezas

            de marfil y de cuerno o lo que fuere;

            lo importante es moverlas en el jardín a cuadros

            de manera que el peón que baila con la reina

            no le perdone el menor paso en falso.

 

            Quienes insisten en llamar a las cosas por sus nombres

            como si fueran claras y sencillas

            las llenan simplemente de nuevos ornamentos.

            No las expresan, giran en torno al diccionario,

            inutilizan más y más el lenguaje,

            las llaman por sus nombres y ellas responden por sus

            nombres

            pero se nos desnudan en los parajes oscuros.

            Discursos, oraciones, juegos de sobremesa,

            todas estas cositas por las que vamos tirando.

 

            Si se ha de escribir correctamente poesía

            no estaría de más bajar un poco el tono

            sin adoptar por ello un silencio monolítico

            ni decidirse por la murmuración.

            Es un pez o algo así lo que esperamos pescar,

            algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra

            y no la sombra misma ni el Leviatán entero.

            Es algo que merezca recordarse

            por alguna razón parecida a la nada

            pero que no es la nada ni el Leviatán entero,

            ni exactamente un zapato ni una dentadura postiza.

 

 

 

 

 

Publicidad por Bligoo.com

Sitios que enlazan este artículo:

Grande Lihn!

Enviado por David Barra Rivera el 29/08/2008 a las 22:12
David Barra Rivera

Lihn, superior a mucho de los sobrevalorados poetas archiconocidos que tiene este país.


Este tipo si que sabe

Enviado por Claudia el 07/05/2011 a las 20:08
Claudia

Hey! el tipo que comentó arriba, si que sabe.

Un abrazo


Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Directorios

Itinerario, directorio cultural de Hispanoamérica bannertr.jpg Page copy protected against web site content infringement by Copyscape Blogalaxia
Phoenix Web Design   /   Paginas Web 1abaestudio.com

Directorio de blogs Zuloblog vuelos barcelona londres Poetry Art Blogs - BlogCatalog Blog Directory blogs

  Directory of Literature Blogs  Adoos

 Mi Ping en TotalPing.com Directorio Web - Directorio de Páginas Webs directorio de blogs Blogs México

iPing-it!   BlogsPeru.com  blogarama - the blog directory

directorio de blogs    directorio de weblogs. bitadir  

MundoInicio  Xanky Bitacoras.com Directoriomaestro.com

GoLedy.com  Blogs Dominicanos  blog search directory

avisos gratis  Top Blogs

Directorio de blogs    Creative Commons License Cinosargo by Daniel Rojas Pachas
Literature

planetachileno.cl estamos en
PlanetaChileno.cl

 

BITÁCORAS DE CINOSARGO


28-4-2009 7.4.14 1.jpg 28-4-2009 7.4.25 4.jpg
28-4-2009 7.4.39 1.jpg

9-5-2009 9.5.36 1.jpg

  10-5-2009 8.5.5 1.jpg

Quienes Somos.

Cinosargo Home

En línea desde el 17/5/08

Director: Daniel Rojas Pachas.

Coordinadores Generales: Milvia Alata Tejedo, Daniel Rojas Pachas.

Editores: Daniel Rojas Pachas, Edgard Lara

Redactores de Cinosargo

Cinosargo, es una revista de arte y literatura que nace desde el extremo norte de chile (Arica) y tiene como finalidad, generar en este medio virtual, sin fronteras, un movimiento que impulse a otros cronistas, amantes y estudiosos de las letras, música y cine, a indagar y explorar, en torno al ambiente, historia y perspectivas, en el campo creativo de las diversas áreas de expresión. (Leer más)

CÓMO COLABORAR CON REVISTA CINOSARGO

COMO COLABORAR EN LA REVISTA CINOSARGO
PASOS A SEGUIR PARA PUBLICAR


1. En esta Revista se aceptan colaboraciones en los siguientes géneros: Poesía, narrativa, obras dramáticas, ensayo y crítica Literaria, artículos y reseñas de obras, siempre y cuando se ponga en claro en el documento o en el asunto del mail, el tipo de colaboración que se envía.

2. La colaboración será mandada como dato adjunto al siguiente correo carrollera@hotmail.com

3. Para la extensión de los trabajos se tendrá en cuenta las siguientes especificaciones: Para Poesía: un mínimo de 3 poemas y un máximo de 10. Para Narrativa: un máximo de un cuento o fragmento de novela que no excedan las 15 páginas (en casos especiales se podrá publicar una novela corta que no exceda las 40 paginas, textos más extensos se pueden publicar a través de un fragmento que acompañe un vínculo para su descarga en formato pdf). Para Artículos, reseñas y crítica literaria: un mínimo de una página.

(Leer completa la pauta de colaboración)

Si tu interés es el arte y la cultura y en especial el mundo de las letras y deseas participar de Cinosargo, o enviar tus poemas o relatos a esta primera red de corresponsales literarios y artísticos, no importa donde estes, te invitamos a comunicarte al mail: carrollera@hotmail.com

Suscríbete a Cinosargo

qwqwwq.JPG

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

2008/07/20

EBOOKS DE CINOSARGO

REVISAR TODAS LAS EDICIONES

EN ESTE LINK.

Aguante Barreda de Alejandro Colliard

Leer   o   descargar.


antoooll.JPG

“Un poema siempre será nada más que un poema”  (Cinosargo / Groenlandia 2010)

Leer y descargar desde scribd

descargar desde nuestro servidor de modo directo:

ANTOLOGIA_JOVEN_CHILENA.pdf

 

REVISAR TODAS LAS EDICIONES

EN ESTE LINK.