
LA METAFISICA, CRITICA DEL CONOCIMIENTO; LA MISTICA, CRITICA DEL SER.
En esta sucinta introducción a
provisionales, infieles; sin ello no tendría idioma con el lector.
El Hombre es la unidad místico-práctica; lo humano del hombre es
esta adunación.
Es tan práctico como el cordero que se ampara del cierzo, tras el
tronco amplio. Y tan místico que a veces por enfatizar el ser,
porque ello sea siempre y sea más -el ser es el credo de la mística-
concibe; para contrastarlo, la muerte. ¿Cuál? La suya propia, pues
si es requerido que algo muera, quien precisará morir es él, cuyo
vivir es el del Mundo, pues en esta perplejidad o defecto de su
vocación mística confunde vivir y percibir. ¿Dónde su muerte? En el
pasado y porvenir, palabras de dos muertes, de los que hace vivos
para que contengan su muerte propia imposible. La palabra del ser es
el presente. Cree figurarse a veces que su individuo psíquico
comenzó en dado tiempo y que será otra vez nada en tiempo que
vendrá; que es preexistido y post-existido por el mundo.
Esta frustración es, creo yo, una obtención momentánea de la
Estética a costa de
Muerte es Tragedia. Todas las bellezas son la actuación de la
muerte; son el vivir de la muerte, su alusión. Lo bonito, ha dicho
Schopenhauer, es lo opuesto de lo bello. ¿Por qué? No lo dice, y
creo poder decirlo: porque no nos conversa de la muerte. Unas veces
la practicidad, otras la estética, confunden o interrumpen la
vocación mística.
Las únicas muertes que el hombre conoce son aquellas a que se
sobrevive: el sueño profundo, el desmayo y los múltiples mínimos
instantes de cada día en que nada se siente o piensa. Esto no lo
detiene de creer a veces que concibe una muerte que dure tanto como
el porvenir. Tampoco lo lleva a advertir cuán poco se dependen el
cuerpo y el alma, el espectáculo cotidiano suyo de que el cuerpo
exista sin alma, sin pensamiento, sin sentimiento, lo que toma mitad
de su tiempo de vida individual. Porque algo se rompe cree, a veces,
el hombre, que muere, y sus despertares cotidianos, el nacimiento
suyo de cada mañana, sin escándalos de
veces a retenerlo en su sentido místico; cuando bien significa ese
fácil desentenderse del alma y cuerpo que el vínculo de causa les es
extraño. Toda la mística está en este aserto: Ser y Presente son una
sola noción. Unidas en el hombre la facultad mística y práctica,
ocurren rebases de ésta en aquella. La practicidad, como la
estética, desordenan a veces la actitud mística de distinto modo.
Meras practicidades como son la causalidad, el tiempo, el espacio,
el yo, la materia, echan fantasmas en el alma mística y engendran
perplejidades como la envuelta en esta pregunta o seudopregunta:
¿Cómo fue causada la realidad? ¿Cómo empezó? El asombro de ser, de
que algo sea, es obra de esta confluxión, y la crítica del
conocimiento o metafísica la remueve, con su aserto único: tiempo,
espacio, causalidad, materia y yo nada son, ni formas de juicio, ni
intuiciones. El mundo, el ser, la realidad, todo, es un sueño sin
soñador; un solo sueño, sólo un sueño y el sueño de uno solo, por
tanto, el sueño de nadie, tanto más real cuanto más es enteramente
un sueño. Lo irreal, la inexistencia, es
excitante de aquel sueño; la materia, lo que nunca pudo ser, pues,
no es soñable.
El ser, o todo lo que es, es un almismo o psiquismo; de otro modo,
el mundo externo-interno de lo dualistas (que no son tales sino
monistas de lo externo pues sólo conciben la acción directa de lo
externo sobre lo interno, lo que es inconcebible), es cualquier
acción entre dos sueños o mundos, es todo almático.
Llamarle almático, psiquismo, sueño, es todavía dualismo, es
lenguaje infiel. El ser es único, específica y causalmente, y, por
lo tanto, inclasificable.
La externalidad, la materia, "nuestro cuerpo", y el cuerpo de nadie,
no poseído psíquicamente, o cosmos, nada son, no son, son
inexistencias. Los estados que llamamos de percepción existen como
estados, pero sin objeto; el ser, el mundo, no es de percepción. No
hay Objeto; somos lo percibido; y lo que "somos" cuando percibimos
nada es sino el estado de percepción sin sujeto. La percepción, la
co-presencia sujeto-objeto, es irreal. Todo "lo somos", no "lo
percibimos". Todo lo es el sueño; lo que no es sueño, no es. La
materia, lo que nos pre-existe y nos post-existe, nada es, ni
sustancia ni apariencia. Sólo el ensueño, el estado, lo sentido, es,
y es todo sustancia, y los otros "mi cuerpo" o cuerpos poseídos o
cuerpos supuestos, causa inmediata de sensibilidad, como materia,
nada son.
El solo pensamiento místico: la identidad Ser-Presente, comporta que
ser y no ser es imposible, lo mismo en distinto tiempo.
Esta concepción es la única que tomo de otro pensador: es una
magnificencia de Schopenhauer, una posesión que mi propio
pensamiento creo nunca me hubiera traído.
Mis tesis propias, o, por lo menos, de propia investigación, son:
metafísicos tan abundosos de explicaciones y asombros ante la
Extensión, no hayan dado admisión y confesado al interrogante de la
Intensidad, que quizás abarca toda
especificidad, variedad o intensidad, éste es todo el problema de la
mística.
Dos sueños, Espíritu y Materia, o un sueño y una realidad, no podría
entre-actuarse, y sobre todo sólo uno podría conocerse. Uno de ellos
sería una mera palabra, como lo es
uno de ellos y, entonces, ¿qué sería de él?
Es contradictorio y vacío creer representarse que un mundo
impresiona a otro. Si la materia impresionara a la sensibilidad, la
impresión misma ¿qué sería? Tendría que ser un estado psíquico; no
sería un estado no sentido, material. Y siendo así, ¿qué habríamos
conocido de la materia?
Si en lugar de impresionar se habla de causar y se dice que todo
estado de sensación o idea o sentimineto tiene por causa inmediata
una modificación material, ello equivale a afirmar a capricho una
causa inagotable, innecesaria e irrepresentable de todo estado
psíquico. Si las sensaciones que llamamos táctiles, visuales, etc.,
no son ellas mismas materia, sino su efecto, ¿qué es la materia?
Nada, sino una "causa", lo que no tiene sentido alguno.
Sostengo que nada hay vacío y ocupable; la extensión y el tiempo
nada son; todo lo que es, es algo, y, si tal, nada puede ocuparlo.
El ser nada contiene ocupable. Y tampoco se presta a las llamadas
representaciones; todo lo que es estado sustancial, pleno, presente.
Un estado que sea representación de otro es mero verbalismo.
Considero concepto personal el paralelismo que propongo de la
Materia y el Yo, dos irrealidades; la una, supuesta sustancia de lo
que cambia en externalidad, el otro, supuesta sustancia continua de
los cambios interiores o estados.
Rechazo por enteramente huecos lo juegos de Berkeley y Descartes.
Enfilan las sensaciones "causadas" por un solo grupo material: una
flor, por ejemplo, para decidir que su aroma, su color, su dibujo,
su movimiento, su tactilidad, su impresión térmica, no son la flor,
pero como en cambio existe un Dios (más fácil de dehojar que la
flor) sustancia de todo... El mal gusto es uno de los poderes del
mundo: casi toda la literatura celebrada en su reino. De igual modo
en metafísica, es irritante que se crea o se crea que se cree
(Spencer) que el grato perfume de una flor, su colorido, su tacto
plegable y acariciador no sean bastante sustancia. Esto es el mal
gusto, el falsete en metafísica.
La idea del "númeno" (Kant) es un verbalismo. El número y lo
inconocible define negativamente la metafísica. Aun hay otro
ingrediente de la ametafísica: el deber categórico; y quizá otro
más: la libertad. Pero Kant no sólo era una mente extraordinaria,
sino de vocación metafísica. Sus dos tesis del númeno y del
imperativo categórico no tenían su asentimiento: eran actitudes de
su caridad hacia los hombres: las creía bienhechoras.
Hay en la literatura metafísica antigua y moderna, pues, profusión,
superabundancia de enunciaciones sin imágenes, sin representaciones,
sin concepción, en suma, sin pensamiento enunciado. Hay todo el
juego triple: del creer pensar y el creer decir, favorecidos por el
más curioso de todos: el creer entender, que entretienen y fingen
una vasta ilusión del "creído-pensamiento-entendido". Múltiples
ejemplos una investigación minuciosa daría oportunidad de señalar,
pero ahora indico el caso máximo y generador, casi: tres mil años de
silogismo muestran cómo se produce la sustitución de un pensamiento
ausente por una figuración, oculta en palabras, de un juego de áreas
o contenidos planos, en una complacencia distraída en figurar las
"extensiones"de la acepción verbal, comparándolas cuantitativamente;
el silogismo es probablemente el más auténtico Vacío que se ha dado,
aun cuando la "demostración", la "aplicación", etcétera, todo lo que
no es meramente una humilde mostración, también es vacío.
En fin, quiero decir que todo es lo que parece y esto ya es bastante
y hasta total; y que es un antojo irresponsable que haya algo más
que aparecerse a la conciencia, como si los estados de la conciencia
fueran una mera burla o falsificación, cuando son el todo y un todo
que ninguna imaginación puede superar en su intensidad de
afectividad, hasta el punto de abrumarnos y desesperarnos
frecuentemente.






































