
UN POEMA DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ
Es la conexiòn con Dios
a travès del confesor
esos rayos celestiales
en el susurrar de la voz del sacerdote .
Es ver que las piedras
salta de un lugar a otro
y todo los pecados danzan
en las oraciones de las buenas intenciones .
Es el fuego de los vitrales
emulando esas noches de descontrol ,
en los bares estruendoso
de la ruleta de los siete pecado capitales .
En el plato abierto de la codicia .
Es reinvertarse en el silencio de una iglesia ,
en el camino de los girasoles ,
en el fulgor de los pastizales ,
en la humedad de los valles perdidos .
El destino es como un dado de la buena fortuna .
Ni santa ni demonio.
El sacerdote escucha mi culpa
de alcanzar las ramas del poder .
Los iconos de las iglesias
estallan en mi mirada .
Naci para ser catedral , no capillita de pueblo perdido .
Emulando el caminar de un Cristo doliente .
El demonio esta a mi lado ,
en mi tablero de ajedrez
de esas travesura de la niña mala ,
en el derrotero de mis sueños
que comienza en los fuegos de la catedral .
Va uniendo cada hilo
en el telar de mis pecados originales .
Siento que los angeles me acompañan ,
en el momento del sonido de las monedas .
El uno por ciento de mis culpas estan cancelado .
El llanto de un niño ,
estallo en las calles de Santiago y La Serena .
Una oraciòn y otra oraciòn
va aliviando este corazòn
en las manos de una pitonisa
una y otra vez .
Ya la misa a finalizado
y continuo con las andanzas de la
niña mala del desierto .






































