Continente en emergencia
Un manifiesto cualquiera del grupo Lanzallamas de Madera
- Este manifiesto pierde validez en el momento de su primera lectura pública
- Este manifiesto ha sido leído el 6 de junio de 2008 en Barcelona en el Centre d’Art Santa Mónica en el marco de una maratón de 24 horas de arte contemporáneo
Ahora mismo hay un coche saliéndose de la carretera. Nadie se verá beneficiado por ello. No importa, alguien le sigue la pista, alguien lo sabe: el coche se dirige hacia el interior de un campo. Recuperando, levemente, lo que nos pertenece a todos y habíamos olvidado, aunque no existiera. El neumático se enfrenta a las cosas secas, que no queman mejor, pero alguien aprovechará la inercia del mundo para decir que esto es siempre igual. No dicen y basta, la peliculita se hizo vieja, se hizo muda.
En la radio esperamos el pronóstico de lluvia, o alguna vez de diluvio que venga a llevarse las cuestas y cumplir las promesas. Una gota de agua que, haga justicia o no, empiece a contar desde cero. Mientras tanto trabajamos, tratando de intensificar nuestros movimientos que ahora son intencionados. Aquí no ocurre otra cosa en estos largos fuegos, fuegos-fuegos. En alguna parte, un grupo de espectadores está viajando con furia hacia nosotros, día y noche hacia nosotros. Viajan a través de cenizas, enterrados en ellas hasta la cejas. Pero, ¿sabrán dónde encontrarnos?, ¿reconocernos cuando nos vean? Aquí no crece prácticamente nada pero tenemos algo de fuego, que es casi lo mismo que tenerlo todo. ¿Será suficiente dejar la antorcha encendida toda la noche, de día y de noche?, ¿que pensemos en los espectadores algunas veces, algunas veces y siempre?, ¿que sigamos trabajando? Esperamos como trasfondo, serán ellos quienes llamen la atención y digan que aquí no pasa nada, cumpliendo nuestro sueño: ni un niño sin tranquilidad.
Cuidado con las monstruosas consecuencias de la belleza, no hay espacios donde colgarlas y la casa, con los días, se nos va quedando algo vacía. Una vez apagadas todas las luces, la luna se hundió, se inició un tamborileo de llovizna sobre el tejado y sobrevino un chaparrón de inmensa oscuridad. Parecía que nada iba a poder escapar a aquella oleada, que, colándose por todas las rendijas de la casa y por el ojo de las cerraduras, era una segunda piel del edificio. Tres segundas pieles que cubrían, una encima de otra, en oleajes la caligrafía del viento. No había cuerpo que precisar y las persianas y una jarra y un florero lleno de dalias, preparados de perfiles y el bulto macizo de la cómoda, que no podía ponerlo en ningún lado sin que no fuera el amigo fondón de tanto espectáculo. Nada rebullía en el salón, ni en el comedor ni en la escalera, pero el ruido de la lluvia iba a dejarnos dormir por las esquinas haciendo crujir las molduras hinchadas por la humedad del mar. El resto es vida anterior, incluso a la tuya. Sobrevivirla es recordar, hacer como si. Hay que tener que la casa ¡estaba tan destartalada! Si la luz entra en ella, es cuando nosotros salimos. Dormir y esperar a que las cosas salgan de nosotros como partir el cielo, no esperar ni los principios ni los finales de mes y ver quién trabaja por amor del trabajo y la costumbre, sin esperar nada a cambio. No es cansancio lo que se acumularía aquí, decía el ascensor del edificio, es falta de atención.
Pensé que se estaba muriendo y era una reacción de la vida. Ahora me doy cuenta de que sólo se estaba duchando, y supongo que le daba igual si parecía otra cosa. Me da la sensación de que esa noche fue feliz. Le dejé una nota diciéndole: la próxima vez me haría pasar por otro. He vuelto tres noches más, también esta mañana: ya no está y no tiene aspecto de querer regresar, la lluvia lo contrajo.
Le extraño, he empezado a construir una cabaña al lado de la casa con los periódicos viejos y las intenciones de subir. A partir de ahora voy a vivir con los animales, junto al mar. Me desnudaré, seré cabal, tenaz, codicioso, incansable, y no podrás librarte de mí. Me haré sombra, como un apellido.
El mar es traicionero, pero no cuando toca mirarlo de frente, donde uno se acostumbra a decir que se queda a solas. En el marco común de las combinaciones se puede llegar más lejos de uno, siendo ya otro. ¿Qué está haciendo esta persona con un manual de rompeolas? Stephen cerró los ojos para escuchar a sus botas triturar ruidosamente algas y conchas. Quieras o no quieras, ése es el terreno que pisas. Sí, una zancada cada vez. Un espacio muy corto de tiempo a través de muy cortos tiempos de espacio. Cinco, seis: voy avanzando suavemente en la oscuridad. Mi espada de fresno prende a mi lado. Golpea con ella: ellos lo hacen. Suena sólido: hecho por el mazo de los demiurgos. Si no fuera por las apariencias dar muerte no sería tan divertido ¿Estaré entrando en la eternidad por la playa de Sandymouth? Crush, crack, crack, crack. Pega un moco en la roca y desea que nadie se haya fijado, distraídos como estaban, en los fuegos artificiales del sol.
Sin llevar la contraria no descuides el mirar, aprende la cita completa y juega a las herramientas del salón, pon dos cojines sobre la misma silla y di no con mucho más vocabulario.
Tenemos formas de definir pero no los términos (todavía). Sabemos lo que está por llegar, que nos estamos dirigiendo peligrosamente y elegantemente hacia la resolución del tiempo, emborronada pero viva con muchos significados distintos dentro de esta conversación. Te hablamos con secretos y complejidades. Acostúmbrate, emigra, llama a los bomberos. Eres tú quien puede saber por qué estos incendios. Por qué la espera de la lluvia en la radio. Si se ha hecho de noche, algo tendrá que ver con los desquiciados y temerosos.
Plieguen las sillas, por favor y verán cómo cambia significativamente su posición ante el dolor en el mundo.
Uno de cada dos vencedores de espectáculos les recomendaría vestirse de rojo. No es broma, seguimos luchando, desde hace miles de años, nuestra conquista todavía sigue adentro, aunque hemos tenido incontables bajas. Tenemos enemigos muy duros en nosotros mismos. Allí, por lo menos, había espacio: de la soledad quedaba un círculo de barro impregnado y hacíamos como si esas huellas no fueran nuestras y no las tuviésemos que compartir.
No es lo que miras, sino cómo lo miras. Si dejas de pensarlo esto ya no será un espectáculo. Vamos a hacer la prueba.
A veces uno necesita la luz de un fósforo para alumbrar las estrellas. Mirad este siendo.
Existe.
Ya no. Nunca habrá más perfección que ahora (estoy mirando, en el árbol de cien años, las flores de un día). Que se caigan todas las construcciones sobre el mar. ¿Quién ha ido al cielo? ¿Quién del infierno ha vuelto? Que después no me llamen mentiroso porque no comparto la manía de amedrentar, de agarrar las cosas por su finalidad. Hagan de aquí los votos necesarios para continuar con la especie, todas las especies. Salíamos muy pronto del porque sí.
Cuando fluí de Dios todas las cosas dijeron: Dios es; pero eso no me puede hacer bienaventurado, pues en eso me reconozco criatura. Agacharse o levantar los brezos y mirad qué os envío como lobos en medio de lobos. Es en el atravesar, sin embargo, en donde permanezco libre de mi propia voluntad y de la voluntad de Dios y de todas sus obras y de mí mismo, entonces estoy por encima de todas las criaturas y no soy ni Dios ni criatura, soy más bien lo que fui y lo que seguiré siendo ahora y siempre. Entonces siento un impulso que me debe lanzar por encima del material de las noticias. En dicho impulso no siento, he cedido la riqueza al rico y el mundo vasto también al rico. Has llegado a sentir que la carne es la misma y que esta, furiosa luz, se desmigaja, grita, expande y crece. Es lo que creíste ser y has resultado un abandono. Este, que de tan intenso se hace de la materia de la oscuridad de la lluvia, no precisa sujeto y en eso nos hemos convertido. Bien muerto, dividido entre un punto y otro de la recta eres lo que fui y allí ni decrezco ni ambiciono, sólo un paso más me haría inamovible, como el resto de las cosas. La alegría de la tarde, de esta luz tan clara que apenas pudiera atravesar y dejar sombra de los árboles gigantes que no miran rodar, sustraen de la tierra y clavan su alimento a la montaña con mucha más entereza, como si el tiempo no los inspirase a ser perdurables. Una luz de cromosoma, un fulgor verde en esta tarde, el espíritu que pidió ser pobre, dejarse hacer, quedarse como el templo vacío del árbol que creciese como una sombra, árbol de tan sólo un día.
El teatro, como cualquier arte, es especialmente apto para moverse en el tema de la muerte desde la propia agonía de su forma. Todas las artes luchan tanto con lo que viene desapareciendo, como con lo que se transforma en un nuevo presente. El teatro tiene una oportunidad continua para enfrentarse en este aspecto a las repercusiones. Por respeto al trabajo y a la herencia cultural recibida de muchísimos artistas del siglo XX (y que en nosotros vemos parcialmente asumida), damos por sentado que la literatura escénica ya no puede preconfigurar un devenir escénico. Para cambiar este modelo se han utilizado técnicas donde ya no sólo el actor está vivo en el escenario sino que podemos percibir su alegría por formar parte y realizarse en lo que nace continuamente. Una forma de conectar con lo que cambia en los espectadores y en lo que ocurre, sin límites, más allá del coto privado de atención que produce la misma obra de teatro. Para ello hay que arriesgar, también, las propias capacidades de cambio. No preocuparse por el siguiente paso hasta dado el presente, arriesgando en ello las opciones de poder volver a cambiar nuevamente. Entonces, una vez desnudos en intenciones, puede uno subirse al tren de lo que permanece porque es lo único que está y ha estado siempre.
Pero, ¿qué va a hacer el espectador con esto? ¿Será suficiente con dejar el fueguito en la ventana, pensar en él a veces, a veces y siempre?
El arte es difícil. Sin embargo respeta a quienes se quedan en su superficie, porque es una opción como lo es también vivir sobre el abismo: son responsabilidades y opciones ajenas al arte. Mirar no es un acto inocente, especialmente en esta época, donde el mirar tiene una función claramente política. El teatro puede ser el lugar para lo desconocido, para lo oscuro. No bastan las cabinas del psiquiatra. El hombre es una cosa que aprenden los niños, primero juegan como él, luego les viene en forma de responsabilidad. Una cosa de niños. Los niños esperan escuchar su risa, tragándola como un vaso de agua fresca, ni felices ni aterrorizados. Lo usamos en este espot para poder aprovechar el dejo de indefensión y campaña chantaje emocional al que pretendemos llegar, ¡emociónense por la cultura! ¡Dramaturguen un niño! Y al despertar, lo que se defiende en ese cuerpo y se identificará por muchos. Ver un brazo y no cuestionárselo. En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte.
-No entiendo nada.
-Fíjate, ¿no ves que X es en realidad, o significa en realidad, A?
-¡Aaaaaah!
-¿Qué Y es en realidad B?
-¡Aaaaaah!
-¿Qué Z es en realidad C?
-Qué descanso, por Dios, muchas gracias.
La obra era coja y le adosé una explicación. Menos excusas para la poética de lo explicable. A veces uno escribe para los señores que dan sus conferencias en el cuarto de estar.
La casa quedó abandonada, desierta. Quedó como una concha en un montón de arena. Las cacerolas estaban oxidadas y la alfombra hecha una ruina. Hasta sapos se habían metido. Por el tejado de la despensa se colaban las ortigas y las golondrinas habían anidado en el salón. Y a lo largo de las noches de invierno, lo que había sido un suave golpear de malas hierbas contra la ventana, aquel verdor que inundaba en verano las habitaciones, venía a convertirse en un tamborileo de ramas vigorosas y de zarzas de espinos. El teatro se había ido suave, inevitable, hundido por las semillas.
El ciudadano chino acusado por los incendios sucedidos en distintas mueblerías de la Ciudad de Buenos Aires el año pasado, ofreció donar sus órganos para poder cubrir la fianza que le impuso la Justicia para recuperar la libertad. Hoy Li está internado, desnutrido y espera ansiosamente el juicio oral y público donde poder demostrar su absoluta inocencia. Fue indebidamente considerado enfermo mental y se lo sometió a internación en el Hospital Borda durante cuatro meses, recibiendo medicación psiquiátrica innecesaria. Lleva a cabo una huelga de hambre de manera pacífica y no sabe que su noticia ha llegado hasta aquí, entre nosotros. Jamás se le ocurrió dejar huella alguna, y fue su encanto.
Hacemos política al usar un recurso estético, se toma partido por parecer indiferentes, risibles, momentáneos, particulares, provocadores. Hoy muchos hacen como si cualquiera pudiese provocar, como si lo particular fuese entendible, lo momentáneo exitoso, lo risible sostenible y lo indiferente una actitud esencial para montar una acción teatral con todo el trabajo que acarrea. Dividiendo las costumbres de venir de picnic al teatro hemos pensado en regalar tomos de enciclopedia para que ustedes las rompan en sus butacas y hagan ese tranquilizador ruido de la celulosa dividiendo al mundo en dos. Creo que la indiferencia en la acción con respecto a ciertas estrategias de equívocos es mucho más eficaz que combatirlos. Al enemigo, lo mejor que podemos hacer es no referirlo ni un solo instante, que no surja en nuestras apariciones públicas: si se perpetúa, no será por nuestra voz. En íntimo discurso, para mí, cada vez más, la literatura o el arte o el teatro o el encaje de bolillos, es una colaboración del ser humano y el tiempo. Sobrevivir, pasar por encima de él o permitirte un permiso de permanencia a lo largo de las sensibilidades ajenas, tal que permute los cambios (que es el gran persistir), a ese le debo mis energías creativas o divulgativas. El resto, parecieran ratos muertos. No ser una caja de imprecaciones, un acertijo. De cierto modo cualquier gesto lo es, pero no centramos, superponemos, concentramos hasta que el resto parezca dispersión. Y cuando hablamos de dificultad, no nos referimos a colgar de una pared los sudokus refinados, aunque probablemente caigamos en eso por torpeza de vez en cuando. Sobre la emoción: sirve de camino pero aislada es una superficie, y para sacudirla o calmarla existen productos más eficaces como las telenovelas, paroxetina o Chopin. La pasión no se obtiene así, ni tampoco ninguna integridad moral o espiritual. Aplicar estrategias para que la emoción no tome la palabra permanentemente, aspirando a una mayor simultaneidad de niveles humanos y extrahumanos que se erosionen los unos a los otros para producir una estética del “todo a la vez”: la interrupción de linealidades como superposición de materiales en el tiempo, lo ridículo como contenedor inclusivo que aporte luces al deambular, la convivencia de todo verso con su reverso (si rompemos madera, consideramos el crecimiento de los árboles, consideramos la ceniza ardida, el ocaso de una cerilla), el uso inmediato de las capas atmosféricas del que permanece. De esta manera, más bien contagiamos en los seres, hasta donde nos llegan las manos, una efervescencia: el carácter problemático del mundo.
El teatro, como la peste, es una crisis que se resuelve en la muerte o la curación. Y la peste es un mal superior porque es una crisis total, que sólo termina con la muerte o con una purificación que ha sido dolorosa. Asimismo el teatro es un mal, porque es el equilibrio que no se alcanza sin destrucción. Invita al espíritu a un delirio que exalta sus energías; puede advertirse que desde un punto de vista humano la acción del teatro, como la peste, es beneficiosa, hace caer la máscara, les invita a tomar frente al destino una actitud que nunca hubieran alcanzado de otra manera. Ninguna salud puede ser sólida sin un conocimiento profundo de la enfermedad, al menos por parte del médico o la suerte. Ninguna enfermedad se salva, tampoco, sin un conocimiento profundo de la salud. El depresivo es hipócrita, igual que el alegre cómodo. Superada esta oposición se empieza a pensar rizomáticamente, con libertad; y las manos, los pies empiezan a moverse de nuevo.
Bailes inverosímiles en cajeros automáticos nocturnos. Despliegues pirotécnicos ilegales. Land art, obras terrestres como extraños artefactos alienígenas desperdigados por los Parques Naturales. Allana moradas pero en vez de robar, deja objetos Poético-Terroristas. Secuestra a alguien y hazlo feliz: al cabo de un tiempo te seguirá. Elige a alguien al azar y convéncele de ser el heredero de una inmensa, inútil y asombrosa fortuna -digamos 5000 hectáreas de Antártida, o un viejo elefante de circo, o un orfanato en Bombay, o una colección de manuscritos alquímicos que no pueden leerse. Al final terminará por darse cuenta de que por unos momentos ha creído en algo extraordinario, y se verá quizás conducido a buscar como resultado una forma más intensa de existencia. Instala placas conmemorativas de latón en lugares en los que has experimentado una revelación o has tenido una experiencia sexual particularmente gratificante, etc. El recuerdo se solapa. Ve desnudo como un signo. Duerme con un propósito y cúmplelo. Despiértate con otro. Convoca una huelga en tu escuela o lugar de trabajo sobre las bases de que no satisfacen tus necesidades de indolencia y belleza espiritual. La Complicidad Poética puede ser creada para lugares públicos: poemas garabateados en los lavabos del juzgado, pequeños fetiches abandonados en parques y restaurantes, arte en fotocopias bajo el limpiaparabrisas de los coches aparcados, Consignas en Letras Grandes pegadas por las paredes de los patios de recreo, cartas anónimas enviadas a destinatarios conocidos o al azar (fraude postal), retransmisiones piratas de radio, cemento fresco, una resurrección multitudinaria, un ensayo de desastre marino, el quitar el sitio a las palomas, escribir a oscuras, desdeñosamente, en el silencio, lucir una toga y rodearse de veinte angelitos empoponados en lo alto de un ático y uno de ellos lleva látigo… La reacción o el choque estético provocados por La Complicidad Poética en la audiencia han de ser al menos tan intensos como la agitación propia del terror -asco penetrante, excitación sexual, asombro supersticioso, angustia dadá, una ruptura intuitiva repentina. No importa si La Complicidad poética va dirigida a una sola o a muchas personas, no importa si va “firmado” o es anónimo, si no transforma la vida de alguien (aparte de la del artista) es que no funciona. Vístete. Deja un nombre falso. Piérdete en un barco de remos en el golfo de México y sé legendario. La mejor Complicidad Poética está contra la ley, pero que no te pillen. No estamos llamando a la acción, que quede claro. Cada uno es libre y por favor no os mováis. ¿Queda claro? Que nadie haga nada, que no piense en lo que le parece imposible y ponga un dedo encima de otro, lo diga a su compañero, aunque no comparta la idea. Que no se sacrifiquen una vez por uno, otra vez por otro. Satisfacer una vez no crea reincidencia. Hacemos esto porque nos pagan cantidades ingentes de dinero, nos satisfacemos de dar nuestros apellidos falsos a conocer y seremos famosos por siempre por estos momentos. Por eso mismo os aseguramos que lo que decimos es sólo un sueño y no es posible hacerlo. Si alguien quiere hacer algo de Complicidad Poética no podrá porque tenemos la patente exclusiva y porque está penado y da mucho miedo hacer las cosas penadas que mejoran la vida de los demás. Muchas gracias.
Mañana lo habremos olvidado, pero, ¿qué estamos haciendo con esto? ¿Un manifiesto? ¿Una prueba de orquesta? ¿Una denuncia? ¿Algo que se añade a la marea? Ah, la representación teatral: no se puede permanecer en ella ni intentar ir más lejos. Dale una vuelta de tuerca y observa cómo los siglos comienzan a desmoronarse unos sobre otros, como pisos de un edificio en llamas, hasta que llegamos a esta noche. Esas pocas palabras deliciosas extendidas por la superficie como mermelada no importan, tampoco la sombra. Hemos estado viviendo de una forma blasfema en la historia y nada nos ha dañado, ni puede llegar a hacerlo. Hay que asegurarse que una ola no pueda arrancar una de las piedras y hacer que las que están encima caigan por la pendiente, rompiendo la capa de protección y exponiendo la escollera más pequeña que hay debajo. Para asegurar la colocación de las piedras, el submarinista o ayudante en la embarcación dirige al operador de la grúa cada vez que se coloca una nueva piedra hasta que la capa de piedras sobrepase la superficie del agua, como manda el código del EHS. Al igual que con la primera capa inferior, se necesitan dos capas de piedras de protección para completar la capa principal de protección. Se establecen perfiles de pendiente a intervalos regulares de 5 metros. El resto es sólo drama, batir de olas y repetirse en las orillas. Sabemos que entre las piedras habitan seres vivos como nosotros, por favor, hagan el favor de ser productivos y darnos motivos para una cena. Muchas gracias.
En una realidad donde las cosas, cuando van a desaparecer, se quedan atascadas, el reto es morir honestamente y pedir una plegaria para que el gesto mantenga la atención del público. Abandonar, de una vez por todas, lo que acabamos de ver para ser lo que continúa. Irse y que el mundo reverbere en silencio. Para ello se pone la atención en lo que nace continuamente: la contemporaneidad. Ella, como dicen las paradojas sobre el futuro a las que se enfrentan los niños, es siempre la víspera de un nacimiento que se posterga y se posterga. Es parir una serpiente interminable, seguir la rotación de la tierra.
Los que puedan entender que amarse y desatarse son un mismo acto; ésos son tíos con suerte, una banda aparte. Los que son sólo capaces de encontrarse como podrían hacerlo niños salvajes, intercambiando miradas a lo largo de la mesa en la cena mientras los adultos farfullan detrás de sus caretas, son dromedarios de la experiencia en un desierto cubierto, muy cubierto.
Así que atiende: nuestra realización, nuestra liberación depende de la de ellos; no porque remedemos a la Familia, esos “usureros del amor” que nos tiene rehenes de un futuro banal, ni al Estado que nos escolariza para hundirnos bajo el horizonte de eventos de una “utilidad” para pasar el rato -no; sino porque nosotros y ellos, los salvajes, somos unos imágenes de los otros, estamos atados y delimitados con lo que define el margen de la sensualidad, de la transgresión y la visión.
Compartimos los mismos enemigos (prácticamente nadie) y nuestros medios de escape triunfal son también los mismos: un juego delirante y obsesivo, impulsado por la brillantez espectral de los lobos y los niños. Sin contar con el resto de los insectos que van a parar a la luz de las velas.
Pensemos un rato en la opacidad de las estrellas. Tremenda y deslumbrante, qué pronto me mataría la aurora. Según la paradoja de Olbers la noche es un campo luminoso imposible de distinguir del día. Si yo no fuera capaz, ahora y siempre, de que de mí naciera la aurora, tampoco la distinguiría. Nosotros también ascendemos, tremendos y deslumbrantes como el sol, formamos nuestra propia aurora. También los confines de las Fosas Marianas están poblados de pilas de cromosomas muy similares a los nuestros.
Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas. Ella también recorrió o ellas han podido rozar un viento helado y sobrevivir. Y que la hormiga es perfecta, y que también lo son el grano de arena y el huevo del zorzal, y que la rana es una obra maestra, digna de las más altas, y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo, y que la menor articulación de mi mano puede humillar a todas las máquinas que podrían aprender a moverse, y que un ratón es un milagro capaz de confundir a millones de incrédulos.
Estos actos minoritarios no se pierden porque producen repercusiones que, puestas entre uno y los demás, atrapan y modifican el paisaje. Creemos que existe la relación directa entre el golpe de la maza y el sonido del gong, aunque sea azarístico y quizá más aún, porque es inexplicable. Existe, inevitablemente, una responsabilidad directa de las consecuencias de la materia que continuamente nos bombardea. Una palabra no es inocua, una sensación, tampoco. Y sólo desde la ingenuidad, no de la ignorancia, se puede hacer algo al respecto. Ya que aquí nos interesamos más por los efectos de la obra que por la obra misma, tendremos que alegar. Es más posible que exista un cosmos desordenado donde sólo podemos seguir hurgando. Mucho después de la duración del mazazo, las repercusiones son potencialmente capaces de seguir causando su efecto, ya que una fracción del mundo se ha deslizado en ella como quien cae en un nido de consecuencias. Las repercusiones, entonces, no se limitan a modificar la forma del universo sino que son capaces de ampliarlo: actúan flexibilizando los horizontes, elevando las bóvedas, tanto como concentrando las intenciones, sirviendo a ideas parciales, sentimientos excluyentes. Haciendo más concreto el mundo, exactamente lo contrario de ahuecarlo por pulimentación de palabras. Para esta búsqueda no sirven ni la premeditación ni las buenas intenciones. Una obra estéticamente conservadora no se justifica por su buena ideología, si sirve a un proceso de una estética que consiga hacer desaparecer la falta de atención, de cierta manera ha logrado su objetivo: perdurar. Pero la voluntad obliga a que estas sensaciones amplíen, desde nuestro punto de vista, el marcador de goles metidos al equipo de la seguridad. Creemos que las cosas no van demasiado bien y sería contraproducente, ahora mismo, complacerse de un logro que repercutirá en la continuidad de esta espiral de desazón. Quizá por el escaso material (siempre es escaso el cuerpo de uno antepuesto al resto de cuerpos) del que disponemos, sugerimos, pedir que ese cuerpo deba entrar en juego y, humildemente, se haga peligrar en el acto creador. No hablamos de cuerdas flojas sobre volcanes literales. Ni mucho menos. Hay profundidades abismales, que ya han sido recorridas y a esos hombres que han sostenido la cultura les debemos infiernos colosales o sonrisas que han servido de fetiches. Logros contra el tiempo que han hecho de un gesto (una pincelada, detenerse en el paseo para sostener una metáfora) una repercusión ampliadora.
El director ha leído que Ofelia está en silla de ruedas en las aguas profundas, inmóvil dentro de su embalaje blanco. Después de leerlo ha hecho teatro hasta chocar con la pared de la habitación. Un segundo director ha leído los diálogos de Bam, Bem, Bim y Bom y sabe que suceden en un rectángulo de dos por tres metros débilmente iluminado. Despacito ha hecho teatro hasta llegar a la pared opuesta de la habitación. Ahora toda la habitación está llena de cenizas y uno las mima, a fuerza de repetir y poner ilusiones hasta que se encariña. Ese teatro en las cenizas es el de los dramaturgos que vienen y van tranquilamente, en su actividad carroñera propia de una repercusión de la cultura como entretenimiento con explicación, con la ética y el compromiso de la sociedad del espectáculo. Aquí, a seis de junio, se llaman jóvenes dramaturgos catalanes, viejos dramaturgos catalanes. Pero el director ya no está en esa habitación, porque ya no lee teatro. Ahora recorre el pasillo tocando teatro y manipulando lo que toca, como si lo que está sucediendo en la habitación ya no le concerniera en absoluto. En la cal del pasillo sus huellas se borraban, recorrida la noche. Tal vez no acierte, pero no errará.
Pero, si bien se mira, ¿qué es una noche? El esfuerzo de una compañía de hombres por minar las que habían sido las bases del terror de la indiferencia, el terror de la lucha, el mismo vocabulario para rojos, azules y grises. Hablar y hablar como si sólo pudiese decirse una forma y entender que el público es tonto. La pereza lo es, aunque no toda.
El gesto de Complicidad Poética puede parecer efímero, blanco, negro, pero el gong continúa vibrando mucho tiempo después de que la maza haya cumplido su función. Desde una extraña lejanía (la lejanía de la materia) se nos golpea una y otra vez. Desde las órdenes de la razón se le llama casualidad, desde el tú a tú, costumbre y en el interior de los seres se puede conocer como misterio. La conexión de todos estos seres, tanto humanos como no, pertenece a una red extensa a la que no se le puede prestar atención en lo externo, quizá porque no somos Argos y no tenemos tantos ojos como para que unos duerman mientras otros velen. Quizá porque al tener más de un ojo no podemos dirigir la atención en la línea recta hasta que todos sus puntos sean simultáneos. Quizá porque sí, porque es un esfuerzo demasiado grande que destruiría el cascarón de ambiciones de nuestras vidas.
Y el mundo, como decía Buddha, es una casa ardiendo. Pero también hay cenizas, básicamente hay cenizas, y se nos enseña a vivir enterrados en ellas hasta las cejas. Nos acostumbramos a caminar entre los cadáveres de lo que ha pasado, con continuos llamamientos a no arder. Educarse para hacer vibrar sin ser visto, mientras persiste la noche (es decir, mientras nos desplazamos con ella alrededor del mundo), es un compromiso de ética estética.
Creemos que lo fundamental es aprovechar a ese espectador que ha venido a vernos a pesar de las comodidades que el mercado le brinda para que no abandone su casa. Pero la idea es no ser condescendientes con él. Primer objetivo: olvidar su expectativa sobre lo teatral.
¿Qué nombre tengo para ti? Realmente no existe un nombre para ti. Hay luz ahí dentro, y misterio y alimento. Ven a verlo. Ven, no por mí, sino por complicidad. Pero si yo todavía estoy allí, cuenta con que nos podamos volver a ver. Toma una no-explicación para los problemas del mundo.
Ella cree que el artista no es un filósofo, que su deber no es encontrar soluciones para los problemas de la vida, sino encontrar y hasta crear los problemas. Existe un espejo oscuro y es él quien marca el camino del artista con sus imágenes extrañas, extranjeras. No cree que haya que dar ningún significado, sino dejar fluir los significantes olvidando el contenido. Así la forma queda liberada. Cree sobretodo en la forma. No se trata, evidentemente, de algo simple, de un formalismo o esteticismo: es otra cosa. Es una modalidad compleja del pensamiento humano que es capaz de pasar desnuda, de funcionar detrás de la memoria, de unificar lo conocido y lo desconocido. Pero no tiene fe en una escritura automática al modo surrealista, puesto que la forma que nos toca profundamente tiene una lógica y una geometría precisas. Aún conociendo esta lógica en mis piezas, ella no puede dar respuestas sino esconder. La inteligencia desentierra tanto como inventa. Evidentemente puede explicar su trabajo, deshacer y desmontar la acción teatral y explicar su geometría. El esfuerzo valdrá la pena de los pocos, la alegría de los tantos seguiría sin tacha, perteneciendo al mundo de los sentidos. Hay un gran trabajo de dramaturgia, pero ésta permanece escondida. La dramaturgia debe trabajar en la sombra. Si estuviera delante sería demostrativa. La indeterminación es necesaria para posibilitar la interpretación del espectador: esta interpretación es su responsabilidad, su rol es activo, él es la llave. Nadie te pone la pregunta: ¿qué significa esto? Pero ella te pone otras: ¿qué eres con esto?, ¿qué harás después de esto? En una cultura cuyo ya clásico dilema es la hipertrofia del intelecto a expensas de la energía y la capacidad sensorial, la interpretación es la venganza que se toma el intelecto sobre el arte. Y aún más. Es la venganza que se toma el intelecto sobre el mundo. Interpretar es empobrecer, reducir el mundo, para instaurar un mundo sombrío de significados. Ya es suficientemente sencillo como para simplificarlo así. El espíritu podría entender y superar este convertir el mundo en este mundo (¡este mundo! Como si hubiera otro). Imaginación, espíritu como para poder ver las fronteras sin contemplarlas, reconocer el acto y sólo disolverlo en Complicidad Poética, reconocer que los demás también responden y que una sonrisa sube las defensas. Desechemos, pues, los duplicados de lo que se piensa, experimentemos con más inmediatez lo que tenemos; no tenemos, de entrada, mucho más.
Cubrieron los ídolos y las alcantarillas y las estaciones de correos y los museos y los manifiestos de una telilla invisible, incolora, insípida, pero pensable. No se rasga, uno se deshabitúa a ella para ver qué había detrás. Afirmarlo es colgar más telilla y nadie se verá beneficiado por ello. Perfeccionar es cuestión de salud y lo extremadamente saludable no respira. Hagamos cuenta y busquemos esa muerte, ese cambio sin opciones a recuperarse, superar la peste de lo que se piensa simplemente y sigue jugando, perfeccionando esos pasos dentro del desorden que ahora son intencionados. ¿No ves que es todo lo que podemos hacer? Mientras tanto, emergen grandes fuegos, como haces de paja en llamas.
A lo lejos se ve una granja en el norte; permaneced quietos, atentos y se precipitará.
Emiliano Pastor







































Arte para excelsas minorías?
Yo creo que las cosas sencillas, un haiku por ejemplo, o un tigre dibujado con tres trazos de un pincel chino, pueden ser de una simpleza exquisita, una sintesis absoluta, y así y todo decir mucho con muy poco... y llegar a conectar con el espíritu de mucha gente. (Ojo, no me refiero al tipo de contacto que establece un Paulo Coelho, por ejemplo, no me malinterpretéis! ). Pero es que vuestro texto peca de una especie de verborrea en donde el oyente, o el lector, al final se queda vacío o se queda sin nada. Si es un manifiesto, ¿tenemos un objetivo o no tenemos un objetivo? Si es un texto artístico.... de qué sirve si no conmueve a nadie, si no manifiesta nada? De qué sirve una obra de arte que no se ve?
No quiero caer en decir que hay que "democratizar" el arte. Pero tampoco confundir el arte con lo enigmático: "porque es difícil es arte". Esta pedantería juvenil hace que este manifiesto o esta acción, se vuelva frívolo y quede estancado a niveles mucho más superficiales de lo que pensáis. Os pido un poco más de humildad y un poco más de compasión y de empatía con vuestros espectadores o lectores...