
UN POEMA DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ
Aunque los vientos
no giraba hacia la direcciòn
de la catedral ,
en el momento en que la daga revento
la ùltima ostia .
Gritaba , gritaba , gritba .
El càliz dibujaba el caos ,
la maldiciòn de los citadinos .
El canto de Orias ,
en el sino de las palabras de los poetas .
Corpus Cristi ,
un cònclave de cardenales ,
aullan por el peso de sus vestiduras .
La daga , la damisela majestuosa , soy yo .
Aqui saco esa cruz ,
para que el sacerdote
se llene con el fulgor de los vitrales ,
sin que el aliento se agite
como el humo blanco de la muerte de un Pontìfice ,
en los canales de Venecia .
Es el trinar la fòrmula de la tragedia griega
y la rueda que se cae por el miedo de los deudores
del uno por ciento ,
que siente el placer de quemar
el librillo del misal ,
uniendo la furia
que da inicio a la historia infame .
Orias , duerme como un Judas
en el àrbol de las siete monedas ,
de las ramas ennegrecidas del espìritu malèfico .






































