
Kenzaburō Ōe (大江 健三郎) es un escritor japonés. Nació el 31 de enero de 1935. Fue el segundo japonés ganador del premio Nobel de literatura, en 1994. Fue profesor del Colegio de México. Su hijo, Hikari Ōe, padece de deficiencia mental, lo que lo llevó a escribir Una cuestión personal (1964). En español fue traducido por el artista Kazuya Sakai y por Miguel Wandenbergh.
Nace el 31 de enero de 1935 en la localidad de Ose (en la actualidad es parte del Pueblo de Uchiko) de la Prefectura de Ehime, donde pasa su infancia y adolescencia hasta que, en 1954, se traslada a Tokio para iniciar la carrera de Filosofía y Letras. Finaliza su licenciatura cuatro años después, especializándose en literatura europea.
En 1958 recibe el Premio Akutagawa por su novela "La Presa", en la que narra sus vivencias infantiles. Establecido como escritor importante de la posguerra, escribió sobre la condición alienada del Japón moderno, al tiempo que apoyó causas de izquierda, a pesar de su amistad con Yukio Mishima. En 1963, el nacimiento de un hijo retrasado mental y una visita a Hiroshima causaron una nueva evolución en su escritura, que culminó con sus obras maestras Un asunto personal (1964) y El grito silencioso (1967). Su obra, de estilo complejo y contenido intelectual, aborda la crisis existencial, la historia y la identidad cultural. Sus novelas posteriores tratan temas antinucleares y ecológicos en un estilo moderno más libre. Destacan, además, en su vasta obra, Las aguas han inundado mi alma (1973), Juegos contemporáneos (1979) y la novela de ciencia ficción La torre del tratamiento (1990). En 1994 le fue concedido el Premio Nobel, siendo el segundo escritor japonés en recibirlo despues de Yasunari Kawabata (川端 康成, Kawabata Yasunari).

Fragmento de una cuestión personal: Texto completo aqui.
En el dormitorio matrimonial, Bird dormía hecho un ovillo. Yacía por debajo del mapa de África fijado en la pared con chinchetas y sucio de barro, sangre y bilis. La cuna blanca del bebé, todavía envuelta en su capucha vinílica, se hallaba entre las camas de los cónyuges, como una inmensa jaula llena de insectos.
Bird tenía una pesadilla y, mientras dormía, de tanto en tanto gruñía contra el fresco de la madrugada. Permanecía de pie en una meseta, en la orilla occidental del lago Chad al este de Nigeria. ¿Qué estaría haciendo allí? De pronto aparecía un gigantesco phacochoerus. La terrible bestia arremetía levantando una polvareda. Bird estaba en África en busca de aventuras, tribus desconocidas y peligros mortales, en busca de un atisbo de lo que hay más allá del horizonte de una vida rutinaria y una frustración permanente. Pero carecía de armas para luchar contra el phacochoerus. He venido a África sin equipo ni preparación alguna, pensó, y el miedo le invadió. La bestia se acercaba más y más. Bird recordó que solía llevar una navaja cosida en el doblez del pantalón, durante su etapa de gamberro en una ciudad de provincias. Pero hacía mucho tiempo que había tirado esos pantalones. Resultaba curioso que no lograse recordar cómo se decía phacochoerus en japonés. ¡Phacochoerus! Se dio cuenta de que el grupo que le acompañaba le había abandonado en pos de un refugio seguro. Desde allí, le gritaban:
—¡Cuidado! ¡Corre! ¡Es un phacochoerus!
Bird colgó el auricular y corrió hacia el dormitorio, como un cangrejo que regresa a su agujero. Cerró los ojos con fuerza e intentó sumergirse en la tibieza de su cama, como si negando la realidad pudiera desterrarla instantáneamente, como la meseta nigeriana del sueño. Pero nada cambió. Sacudió la cabeza con resignación y recogió la camisa y los pantalones del borde de la cama. El dolor del cuerpo al agacharse le recordó la pelea de la noche anterior. Había dado la talla. ¡Qué orgulloso se había sentido! Intentó experimentar aquella sensación de orgullo nuevamente pero, desde luego, no lo consiguió. Mientras se abotonaba la camisa, dirigió la mirada al mapa de África occidental. La meseta del sueño estaba situada en un lugar llamado Deifa. Encima había una ilustración: un suido africano lanzándose a la carga. Un suido africano. El phacochoerus era un suido africano. Y la línea azul oblicua trazada en el mapa significaba que allí había un coto de caza. Es decir, que no hubiera estado a salvo ni aunque hubiese logrado llegar a la valla inclinada que aparecía en el sueño.






































