
Roberto Echavarren es uruguayo. Hizo estudios de postgrado en filosofía en la Universidad Goethe, de Frankfurt am Main. Se doctoró en letras en la Universidad de París VIII.
Fue docente en la Universidad de Londres, en la Universidad de Nueva York, en el Instituto Rojas de la Universidad de Buenos Aires y en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Montevideo.
Sus últimos libros de poemas son Performance (una antología de sus volúmenes anteriores de poesía y una serie de trabajos en torno a su obra) compilado por Adrián Cangi, Buenos Aires, Eudeba, 2000; Casino Atlántico, Montevideo, Artefato, 2004; Centralasia, Buenos Aires, Tse-tse, 2005.
Sus novelas son Ave roc, Montevideo, Graffiti, 1995, Buenos Aires, Bajo la luna, 1995; reedición Buenos Aires, Mansalva, 2007; y El diablo en el pelo, Montevideo, Trilce, 2003, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2005. Traducción al portugués: O diabo em pêlo, Curitiba, Travessa dos Editores, 2007.
Sus libros de ensayo son: El espacio de la verdad: Felisberto Hernández, Buenos Aires, Sudamericana, 1981; Montaje y alteridad del sujeto: Manuel Puig, Santiago de Chile, Maitén, 1986; Margen de ficción: poéticas de la narrativa hispanoamericana México, Joaquín Mortiz, 1992; Arte andrógino: estilo versus moda , Premio del Ministerio de Cultura de Uruguay, Montevideo, Brecha, 1998; Buenos Aires, Colihue, 1998; Valencia, Ex-culturas, 2003; y Fuera de género: criaturas de la invención erótica, Buenos Aires, Losada, 2007.
Es compilador (junto con José Kozer) y prologuista (junto con Néstor Perlongher) de Medusario, muestra de poesía latinoamericana, México-Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1996.
FUENTE ORIGINAL: ELECCIONES AFECTIVAS URUGUAY
Poemas
El muerto estallar de tus tripas
Lo que cuenta es la intensidad que de allí viene,
un ventilador para la fuerza aérea
allí desmenuza estavogiros vagidos al hongo de
lluvia
impermeables bajo el paraguas entre las aguas
tintas
estrés de las algas aéreas de la corporación Chi
cago
un mar de rozagancias radiantes, sin fines, sin
azules
cambia las series, sin confines
Me contoneo en líneas estrábicas
en humo sagrado
lejos, siempre, aquí
en la máxima corporeidad
el lábil y el sfumato por puntos suspensivos
frase rota, agregado suscinto
el hada y el cuerpo, el lejos y el cerca,
el san nicolás en el cielo, hecho con estrellas
habita y repica en sus campanitas de cuerpo
aquí, en su llegada como regalo
el pegoteo puntilloso y el aplique en lamé
brillaré, brillaré, en tu estambre de plata
en tu luz de cuerpo gemelo, anupcial
el alma rutilante
en vez de ser un doble como la sombra es un doble
luminoso
La deriva de la eternauta se vuelve flor
inhumana, como en la silva el sueño,
pero regresa a la femenina vestimenta con el
afeite
y así vuelve a casa
Equivalen: hada alma a la vez incardinada
con animal es la máquina hada
el animal-ada, un compuesto
de función luminosa: orgasmol
pasa de hada a luciérnaga
y culmina en estrella
el faro de Alejandría en el sueño
Ellas ya brillan, son las madres de la luz
El goce aflora que sacude
fulgores estrenan nuevas carnes,
un grito con lo que implica de plenitud
desafiante
aún en medio del horror,
fantástica, eterna
me he disuelto hace tiempo
la posesión de lo ajeno me ha poseído
el agua me ha blindado y penetrado
a la vez la piel y el sistema nervioso
al ser en parte agua
cualquier cosa menos yo
la ye se repite en todas las personas menos en la
primera
Hay algo que me dice que no estoy aquí
es eso mismo lo que escribe
No crean hadas, no crean en nada
sólo escuchan
el horror de ser sin mí
lo odio con horror, lo envidio
pero la voz habla en segunda persona:
“Eres la hija boba de sí misma
o de su no ser,
de su incomodidad con lo que es,
de su vergüenza
inaceptable ante sí misma
te echarán del paraíso de las hadas.”
Labia estremezcal,
la oportuna palabra márica nos endobla
sola y fértil me condeno al amargo
y cadenoso recreo de tus amores
Uno queda colocado, puede ser por la ingestión
por una ebullición, chisporroteo, lucernario
luces de aguas, puntillismo de constelación
cambiante
complicadísimo combate y rearreglo instantáneo de
fosfenos
No tiene por qué haber una relación causal
entre ingestión y calce
porque doble ciego y mudo
en sus ribetes, en sus labores
producciones insignificantes
se moldean hasta en su grafía
se deforman de acuerdo a la intensidad
a través de una lógica de contrastes:
el sonido mal maldito de su linaje real
Mal maldito porque es ilusión de sentido aliterado,
el adene translúcido que sólo tú te atreves a
relucir
luminolina, piel reptílica, brillosa drug queen
qué paquetería la tuya
En las escamas de los reptiles se dibujan
pautas de diseño en colores diferenciados
el movimiento de la serpiente, iridiscencia
indiscernible
en función de la velocidad
El cine progresaba a saltos por la menor continuidad de las fotografías
cuyo tempo equivale a nuestra capacidad,
la cámara lenta, la imagen quieta
y el afecto se traslada allí,
en el hueco líquido del aire es peso
¿Cómo pueden soportar las mordidas
sólo por ese beso suspirado
acabado en preciosismos, en marrasquinos perlados
aunque más no sea con un brillo opaco de porcelana
biscuit?
Arde con una llama suave
la llama de la lámpara de vidrio azul muy baja que
ilumina
en el rincón de la casa
con pleno disimulo, segura de su ser nadie
intacta en su propia lluvia
y perfectamente amable en su buen proceder
Si todas las artes tienden hacia la música
la danzarina es la figura capital
que nunca se completa: notas, apuntes, secuencia
cuenta verdades perfectamente inocentes
mientras el otro siente la tentación
reminiscente del horror del principio,
pero dentro de un agotamiento momentáneo
el muerto estallar de tus tripas
fluoresce invicto de toda virginidad
máquina soltera, no menos carnal o corporal
engendra virgen
(acerca de Estremezcales de Romina E. Freschi)
Ombligo
No un punto o un área de la tierra el ombligo del
....mundo
sino la tierra ombligo del universo,
habitáculo, cámara de oír
....resuena
de un lado al otro el rebotante,
si mónada por rebote
un punto más chico abandona para volver a rebotar
....percute
en el alto fenecer de su gemido, bramido
escozor de garganta al colocarse el pescuezo, constructo suspendido momentáneo
cual se recuerda un diseño para mejor
rebotar en el desquite
nada había ya de lo que hubo,
había una bahía
el cortar los retruécanos la garganta ese mantel,
....cuando lo
pica la ventisca, la nevasca, el aguanieve
el garrotillo, los balines de hielo,
nieve menuda, copos de gran tamaño,
dando puntos y a contrapunto
en el nodal elemento de torsión al punto
sorprendióse de que cada suceder de letras
formara palabras, y eso torcían, el roble
y la aflicción del fuego
en el confín de piedra, el punto de cada
....componente
en el lugar de cada uno, como si los lugares
tomaran consistencia al viajar
a constituirse sobrevuela la especie por el fuelle,
caminamos por el suelo de conchas rotas,
se incorpora el ruido del agua,
la piedra, el anillo retumba en cada frase
pero los saltos nos llevan a olvidar el sonido
para más adelante comprender y quedar
abierto el otro borde
y da que parpadear, ya en la pequeña estancia que
....se cuadre
bajo el cerquillo de esa ene
a poca distancia, todavía está aterrado.
La diosa
Le parecía divisar, en cada esquina, a lo lejos, por calles que desembocaban en el estuario, un copo flotante de espuma blanca. Hasta que percibió el bulto. Alguien, Don Quién, caminaba en el mismo sentido que el vehículo. Captó primero la espalda: una cortina de pelo fuliginosa bajo el alumbrado. Cargaba una mochila negra. ¿Dónde terminaba la crin? ¿Dónde empezaba la mochila? La crin semoviente aminoró la marcha. El conductor frenó para avizorar el hocico entre las greñas. ¿Se trataba de una hembra? Imposible decirlo. El caminante torció en la esquina. El coche dobló tras él.
Desde la costa, parado en la arena, no despegaba la vista de su obsesión. Le imponía un perfume blanco, sugerido por el tufo del mar. La tusa suelta sobre la espalda se fundía, en la zona de los glúteos, con las calzas negras, remangadas a lo pescador. Ese “pescador” había hecho todo lo que tenía en su poder para convertirse en diosa. Entraba con tal confianza que hacía tambalear; sin género, a su juicio, era la propia diosa que se metía en el agua; concentraba una virtud que le venía de lo ambiguo. Esa fuerza ocultaba el rostro con una visera inescrutable, una cortinilla de cordoncillos o de dijes colgadizos, la veladura de una crin que le sirve de chal, los cabellos de caballo.
Su mente, incluso su recuerdo –
todo era blanco y liso – salvo
un Don Quién en el escenario del bosque.
¿Era exotismo? ¿Quién lo podía expresar?
El exotismo se había vuelto más exótico todavía.
Era un exotismo acarreado por él, no menos exótico.
Primero apareció dentro del lente todavía opaco el cabello
oscuro como la noche, liso, pegado al cráneo y partido con raya al medio.
Luego se abrieron paso los ojos,
aquel violáceo azul negro de alquitrán mojado.
El rostro era la traducción de la imagen perdida,
el lenguaje de otra realidad tercamente callada y serena,
ningún pensamiento había detrás de esa frente
que no se hallase en consonancia con todo su ser. O así le parecía.
Los dientes se conservan blancos, enteros, la pálida lengua
ya le hace una pavorosa señal.
Helos aquí en el aprontamiento de sus placeres, repentinamente confesados, con la urgencia de una catástrofe que sirve de ocasión y estímulo.
Surgió en el cielo, no el exterior de la tormenta, sino uno de él, o de ambos, un proyector, un faro: el haz subía y bajaba sobre las olas con efecto muy deseable, un sol diagonal caía desde el mástil, horadaba lo negro, descubría la sábana blanca de la espuma encima de un grumo de tirabuzones
gris pálido en hilera deslizándose con nerviosa rapidez.
Como el fetiche que en verdad era
el pelo volaba por su cuenta.
Tironeó de esas alas.
Se adueñaba de esa prótesis monstruosa, infibulada.
El injerto absurdo no guardaba ninguna relación de correspondencia
con su punto de apoyo, el cráneo.
Las manos de ambos, por un movimiento
de amistad creciente entre sus partes,
se tocaban sin querer.
Casi boca a boca respiraban;
el dueño de los cabellos lo sahumaba con su aliento.
Al borde de esa catarata cuya veneración lo tornaba grave,
se prometió que ésta sería la última vez que se despedía.
Ahora, al empezar el verano, centro y culminación de su empresa,
le apeteció compartir con el otro el mismo aire de mar,
un techo espacioso entregado de un solo golpe,
un pulmón de pronto ensanchado
y cómo tales cosas deben ser sentidas
entre los canteros de tunas y los laureles.
Capullos cabezones se apretujaban detrás de una verja,
rodaban sobre las baldosas,
eran pisoteados por los perros,
aumentando el sofoco, espesando el remezón del mormazo
su aroma mareaba, casi un castigo.
Recostaba la cabeza sobre las nalgas de la diosa.
Semi incorporóse para observar el nacimiento del pelo en la nuca.
Admiró un forúnculo en la base del cuello.
Detectó imperfecciones, manchas violetas que, en horas de la noche,
disimulaba la crema anti-acné.
Escudriñó el rostro lívido, triangular, de gato,
pálpebras de china atosigadas por la luz
que achataba esos ojos apretados como los de un minino durmiendo,
un minino recién parido y ciego.
Dio unos pasos tambaleantes.
Veía a lo lejos una sucesión de tornados brutales.
La música empezó una rumba ruidosa
y con ella un cariño de corto aliento pero loquísimo.
Sintió que sólo ahora iba a reanudar aquello
en el punto en que hace años lo interrumpiera tan vilmente.
Aquello de lo que uno deba arrepentirse sólo puede perdonárselo uno
a uno mismo. Pero antes de haber concluido la rumba ya se había
perdonado.
Se revolvían como peces luchadores unidos por la boca,
resbalaban pesados entre los baúles de la bohardilla
o caían a la intemperie sobre las baldosas.
Furiosas cabalgatas y cavatinas al azar de los programas.
Los pies de uno se enredaron en los cables de una lámpara de pie.
El tirón la arrancó del rincón donde estaba.
Al caer el bulbo se hizo añicos.
Quedaron en tinieblas, tanto dentro como fuera.
A cada giro y galope arriesgaban romperse la crisma.
La música aceleraba. Con el ejercicio, se les pasó el frío.
La percusión del dance los elevaba al trance,
atravesados de ardimiento, el castañeteo de un clinamen de fosfenos
los sacudía desde la base del tronco, desde el perineo.
No sabían dónde se encontraban salvo por colisiones intempestivas
que les recordaban ángulos y contornos del ambiente.
Quemaban energía que no sabían que encerraban.
La pura interioridad orgánica se volvió pura exterioridad.
El chisporroteo parpadeante no los dejaba ver.
Deslumbrante se orinaba una paloma.
Tras esa pared vibratoria, tras esa membrana derretida de caramelo detectó con la palma abierta, de un modo bruto, el corazón, el hígado. Metió un dedo en el ombligo, lo desbraguetó, demorando la paja. Levantó la cabeza ante la doble hilera de dientes blanquísimos mientras desataba, con la mano libre, el nudo de las chuzas: sintió el latigazo de la coleta mojada sobre la cola. Se arrodilló para succionarlo. Los pechos enhiestos del indio temblaban como atravesados por un tiento de cuero que los estirase, jalándolos cada vez más hacia el fuego, un baile del sol, hasta destrozarlos, destornillándole los pezones. Supuso que se abrasarían juntos como todo el resto.
El martillo de jade entra en la región del jade.
Golpea a izquierda y derecha, un luchador desordena las filas enemigas.
Con movimientos ascendentes y descendentes, de caballo salvaje,
corcovea, se hunde, se retira,
cambia la medida del ritmo
tal un gorrión que pica las sobras de arroz en un mortero.
Hace una pausa. La serpiente
se hunde en el hoyo para hibernar.
Al fin golpea tal un águila atrapa un conejo.
Se alza y se deja caer:
un velero cabeceando en la tormenta.
“Quero a mulher que existe em vocé.”
No es una mujer, claro. Es un cuerpo usado sin inhibiciones.
El cuchillo
El que mueve fuerzas negativas acaba recibiendo lo
....que genera
vive en un mundo que trae disminución
un perjuicio directo o indirecto
limita sus capacidades
¿para qué?
al destruir destruye calidad en sus niveles
....de relación
y
atrae un fondo negro deglutido
por cada pelo
que candombea
el pelo-cuchillo
aunque se tenga harto no es menos un cuchillo
con un solo envión degüella
más que azagaya o puñal ardiente
más que arder soslaya por ardid una dobladura
El que caza, el que destruye, un mono con navaja
ejercita un poder de degüello por la dobladura
hacia el más beneficiado de la clase
por el camelo del amor
circula la dádiva de muerte
la contraesperanza, siempre allí,
aunque nosotros nos olvidábamos en la confianza
con gentil grupa de caballo
Descansaba en nuestros hombros la tarea
de decapitar a la Gorgona
¿pero quién lo es?
La falta de escrúpulos se teatraliza en películas y
novelas acerca de criminales:
deglute a la víctima bajo cualesquiera formas
de causarle daño, de quebrantar la salud y el
....vigor,
de un golpe cauteloso bien dirigido
esa hoja se hundió limpia
dentro de la espalda
entró y salió rápida
por un embrujo
de sangre salpicada en una tabla
ambos a dos
el brazo ejecutor y la orden emitida
desde la tabla
No te amas lo suficiente
te arriesgas para investigar
pero el campo está minado
y cualquier intento de sustituir la guerra
....por el afecto
te vuelve precario,
te catapulta a un hueco con él, sin él
sin saber de sus milagros, de sus aventuras
¿Me traga o no me traga?
Me larga, me da un susto
Un equivocado ofrecimiento de “verdadero” afecto,
un pez fuera del agua, rojo
une por la pasión lo que es adverso por el interés
riesgo por su zalamería y descuido de lo demás
Una semilla de muerte
tuvo su tiempo bajo la tierra
él vino a traer muerte, está muerto
Los huevecillos de la muerte empollaron
El diablo
La experiencia que no tuve
el diablo en el cuerpo
y mientras el cuerpo expiraba en la página
la página tenía cuerpo de mar
un párpado horizonte
el diablo en el piélago
y mientras yo escribía el pliego
el diablo se desplegaba
y mientras el diablo navegaba
yo lo seguía en mi bote de papel
pero yo no sabía qué era el diablo,
más bien el diablo estaba en otro lado
y yo no conocía ese lado
Un secreto se bebe
sin oír las palabras
y ahora ¿qué haré
sino callar esta barbacana
y calificar de precario
un cruzamiento
de personajes desparejos?
A ojos vista se acoplan jumentos impares
sin hablar a veces
porque no se conocen sino raramente
cada cual aporta un vestigio de vida,
a su hora y todos juntos
estos particulares inconexos enredados
salvo que uno se detenga un minuto más,
salvo que uno quiera filtrar más que flirteo
y en la encrucijada se pregunte:
¿hasta dónde y hasta cuándo doy pistola?
El genio está encerrado en la botella
pero la materia se pervierte
allí dentro
De hecho se diría que uno apenas llega a cumplir once años
La máquina soltera
Y ceder las enramadas ráfagas cada vez más intensas
....y partidas de palabras,
una amalgama de furia autónoma
el instrumento de transcribir y empalillar
una máquina dentista
para y salta y no sabemos
ni en qué lugar quedó
hasta que sigue con el cambio
mientras el cuerpo permanece en un sentido quieto
una bicicleta recorre la pantalla de arriba
.... abajo
cada rueda es una pantalla
y esa transposición, ese doble discernimiento
el palillar de espasmos
transmite un ritmo de motor fuera de borda
confronta la quietud dentro y fuera del bote
Leyendas vestigiales
Estratos maltratados abandonados
cayendo al borde de una ceja
derrumbándose en una fosa
entre indios y cristianos,
desierto y población,
cintura y cuero y cuerpo.
Vacas muertas se agolpan entremedio
para que el malón franquee
el borde carcomido
de leyendas vestigiales.
Un cambio de luz, el crujido del papel al flamear y
....quemarse
y todo lo que hizo fue arrebatado
por la implosión de una burbuja.
El indio salió del polvo, le fue lavada la cara
el pelo se mojó en la cañada
el cuchillo afiló en la lonja de cuero
y lo ajustó a la cintura.
Fue montado y montó,
aros de metal en las muñecas, tobillos, orejas.
De eso quedó un olvido y una semilla
que crece de repente
y somos de nuevo, otra vez, en eternos ratos,
los rastros, los vestigios.






































