Yo soy la Ira de Dios, el Príncipe de la Libertad
y del reino de Tierra Firme y provincias de Chile...
Esta gran vena sobre la cual flotamos parece una cárcel para nuestros sentidos, nos arrastra, nos empuja, reconocidos como intrusos por ella, por las sombras de los caníbales sus veloces pies y sus traidoras flechas que pasan inesperadas por nuestras cabezas sumergiendo a negros y blancos en el fondo del furioso cauce. Dos palabras se repiten constantemente como una maldición en la boca de nuestros esclavos, jíbaros, marañón, jíbaros marañón, jíbaros marañón, jibañon, mararos, mabajos, mararos, mabajos miraron, mabajos no se detienen, no tienen piedad de nuestros oídos, el sonido se entrevera, se vuelve ridículo inexpugnable, un galimatías que arremete perentorio contra nuestra débil cordura y cada vez más fuerte, implacable a medida que golpetean las silabas, rápido, temeroso, destructivo, rápido, jabaros, miraron, mabajos, mararos, mabajos, la tonada sin sentido, persecutoria se suma al trino de las aves y el silbado de los vientos que azota contra las nubes de cada árbol mas gigante que el otro y no podemos cerrar los ojos sin miedo a perder la noción del tiempo, no podemos ignorar nuestro destino, sólo mirar al frente, esperando que a la vuelta de esa curva verde que parece repetirse una y otra vez como la voz cáustica de los indios, este el reino bañado en oro. Pero no tenemos esa suerte, el paisaje continua como al principio. El cura dice que Dios esta castigando mi idolatra, mi ego asesino, el haber enviado esa carta a la corona, el escupir al rey. Patrañas, hemos perdido a la mitad de la expedición y el emperador, miserable Guzmán es una bestia insaciable, devora todo, ya llegara su momento, pero esto no es más que un giro de tuerca, ahora, sólo podemos seguir… en este desierto de musgo, en este infierno palúdico… escuchando la armonía de la demencia…
…Prolongándose desde la garganta, el canto de los siervos agazapados, su trino aun resuella estremeciendo mi columna, no puedo dejar amputadas en el pasado las amargas caras de los confiados a mi brazo, ni yo mismo puedo aceptar el clímax de la empresa, la amplitud, la anchura de la noche, del descanso atento a las emboscadas y el aire libre. Son un recuerdo pesado, el río de mi frustración, la infructuosa orilla que nunca llega, el caudal infinito de muertos que mi deceso no podrá apagar, por que ahora, hombre y naturaleza somos uno… -Aguirre ha llegado tu momento, levántate. –La luz lastima mis ojos, no reconozco las miradas, pero las voces, el acento, son los guardias de mi caída anunciando la venganza real. –Apura el paso, tu público espera. –Me conducen por el laberinto de cemento, afuera una turba grita, quieren sangre, una conclusión. En la palestra, el hombre del rey se pronuncia airado, grita a viva voz, enardece a los antropófagos de seda y modales cortesanos. Me condenan. -Lope de Aguirre se le acusa del severo crimen de lesa majestad, el precio a su comportamiento, será morir descuartizado y sus restos serán esparcidos en los territorios violados por su cruel tiranía, su cabeza será entregada a los perros del rey. ¿Tiene algo que declarar? –En un último estertor, con una furia animal, antes de que el mundo se cierre, la lección final, indómita, insalvable como el río que arrastra todo sin piedad reclama al universo -Yo soy Aguirre, yo soy la Ira de Dios, el Príncipe de la Libertad y del reino de Tierra Firme y provincias de Chile...
Daniel Rojas P.
"El Loco" Arica 1 de Octubre del 2007
Primer Lugar del Tercer concurso de Narrativa organizado
por el Departamento de Español de la Universidad de Tarapacá







































CUENTO DE DANIEL
Fuerza , èpico , asombroso , delirante . Me impresiono .
UN GRAN SALUDO MARIETTA