
Tengo mil cabezas rumiando a la vez,
se excitan por clavarme su verdad,
no saben que su demencia se llevó
mi razón neófita el último verano.
Me pongo un abrigo de cordura
que guardo mohoso en el armario
y salgo a retarme con las calles rectas,
los puentes colgantes, el invierno hiriente.
Vuelvo a casa y los cigarrillos me esperan
también mi gato y la estera vacía.
Te llevaste todos los recuerdos,
tus memorias y las mías. ¡Qué egoísta!
Las paredes extrañan la violencia de tus floreros;
mis uñas, tu sangre ennegrecida.
Juraba que me habías mentido aquella mañana
que no te encontré entre las sábanas.
© 2007 Gabriela Mercado






































