
Como puedo perdonar lo imperdonable (texto completo enviado por AnaGómez Rocha)
Cada vez que vuelve a mi memoria lo que quisiera borrar para siempre, me recojo como un gusano y quiero esconderme en lo más profundo de la tierra, recuerdo vividamente que era tan sola una niña tal vez cinco, seis, o nueve años me estremecía oír su voz ”mencho ven un momento mira lo que tengo para ti” mientras mis manos entumecidas de frío solo querían abrigarse y mi estomago pegado a mi pellejo pedía a gritos un vaso de leche tibia, pero un caramelo en ese momento estaba bien, mis pobres hermanitas menores que yo, sabían bien de que se trataba ese soborno del caramelo, ahora me tocaba a mí y nadie podía defenderme de esa odiosa situación, luego llegaba mi madre una mujer humilde sin carácter, como juzgarla, ella debía complacer los deseos aberrantes de un ser cruel que hacia del incesto una arma de placer, éramos doce hermanos y seis éramos mujeres una a una fuimos sus víctimas sin poder defender nuestra inocencia y dignidad ultrajada.
Luego de tanto maltrato nuestra madre se fue y nos dejo como trapos viejos inservibles busco otro rumbo, otro hogar quedamos a la deriva sin que nadie nos cuidara, nos acurrucábamos en las noches para abrigarnos entre si, con mis pequeños hermanos, sin calefacción y el estomago vacío salíamos a mendigar, pero estábamos contentos, mi padre escapaba de la policía y no podía acercarse a nuestro humilde hogar. Mis hermanos tomaron cada uno un rumbo distinto, otros frente a nuestros ojos enfermaron y murieron, recuerdo a Ramón mi hermano amado, se enfermó con tanta fiebre y a nadie parecía interesarle su dolor, él se orinaba en la cama y se ponía al sol para secar sus orines, vestido siempre de chaquetas viejas como si fuese un hombre grande, solo tenia quince años y toda una vida por vivir y se mecía en las noches y se arrullaba y susurraba algo así ”huuuuu,uuuuu,mmmmm,mmmmm,” y se adormecía todo mojado, muchas veces sentíamos llegar a uno de nuestros hermanos mayores como a la una o dos de la madrugada y preguntábamos si traían algo para comer y todos de un salto estábamos en pie cuando era así.
Mi pobre hermano Ramón murió de peritonitis recuerdo su cara de dolor cuando lo llevaron a la posta fue solo a morir ya no había vuelta, como pudo resistir tanto tiempo con ese dolor y con algo tan terrible. Dos semanas sin que nadie hiciera nada, yo solo tenia nueve o diez años, no recuerdo bien.
Y luego fue Luchito de una herida muy fea por andar a pata pelada, luego septicemias y jaqueline atropellada. Y paso el tiempo entre miserias y llantos y llega un día mi padre muy mal hinchado con sus ojos desorbitados por el dolor mal oliente y haraposo con un cejo fruncido. Me dice mencho estoy enfermo necesito ayuda, lo miro fijamente, yo mujer adulta casada con hijos y me recojo como si fuese un gusano queriendo esconderse bajo la tierra y le pregunto es todo lo que me tiene que decir. Hija me dice queriendo tomar mi mano estoy mal que quieres mira como estoy, me muero. Solo quiero verlo lejos de mis niños y mi vida usted nos jodio la vida a todas mis hermanas y a mi, yo era su niña y me hizo mucho daño, hija por favor perdón, solo perdón. Nunca supe si ese perdón que pedía era sincero ya no había tiempo de averiguarlo tampoco. Tome un taxi y como pude fui a buscar a otra de mis hermanas, le pasamos ropa limpia y lo llevamos a la posta ahí quedo. Su diagnóstico cirrocis hepatica me despedí de él y le dije adíos, cuídese y le susurre. Imposible perdonar lo imperdonable. Murío días después, yo no fui a su funeral.
Autora: Ana Gómez Rocha.







































malostratos
En el mundo se producen de continuo agresiones y malos tratos, como los que cuentas, y aun peores. Y hay que perdonarlos todos, para poder descansar en paz. Los malos tratos y agresiones han formado siempre parte de la existencia humana. Ojala que todos los seres humanos podamos algun dia Perdonar, Descansar en Paz, y Dejar de Existir, y Dejar de ser Espiritus Atormentados por el Odio y la Sed de Venganza.