Brendan Frye es un estudiante de secundaria de California, a su aguda inteligencia no escapa nada ni nadie, conoce todos los ángulos y no duda en apoyar sus palabras con acción. Aún con todo ello prefiere permanecer marginado del resto de la fauna adolescente. Y así lo hace hasta el día en que su ex-novia Emily reaparece y le contacta desesperada solo para desaparecer misteriosamente. Aún guardando sentimientos por ella, Brendan se obsesiona en buscarla, y con la ayuda de su unico amigo "The brain", decide hacerla de improvisado detective. Así se sumerge en el submundo de la elite estudiantil donde nada es lo que parece y que pronto involucra femme fatales, drogas, matones, una ominosa y misteriosa figura solo conocida como "the pin" que no pierde una onza de amenazador por vivir con su madre y desde luego para rematar el director del colegio.
Es difícil despreciar a un cineasta con iniciativa, Ryan Jonhson así lo demuestra en su cinta debut como guionista/director en la que realiza un interesante replanteamiento del genero Noir o cine negro ambientándolo en un colegio contemporáneo de California, Jonhson crea un juego de estilo con afilados diálogos disparados a 80 km. por hora, diálogos que parecen salidos del Halcón Maltes (o para el caso de la literatura de Hammet que inspiro las cintas de Howard Hawks y John Huston) sin caer en la redundancia propia de repetir el genero Johnson consigue examinarlo bajo una nueva luz, osada en concepto y ejecución, evita la ruta de lo ceremonioso al incorporar momentos de humor impredecible y de un timing exacto.
En el mundo de Brick la juventud es majestad, con solo dos breves presencias de figuras adultas en el metraje . El resto de los arquetipos del cine negro se trastocan deambulando entre el experimento y el homenaje y personificándolos en actores adolescentes mayormente desconocidos pero afiatados en sus roles. A la cabeza del grupo un sólido Joseph Gordon Levitt quien encarna al protagonista y lo hace con la solidez que exige el genero, dotándolo por momentos de vulnerabilidad, en otras de rudeza y cinismo siempre disparando enrevesadas líneas de dialogo con total elocuencia. Esta claro que los adolescentes normales no hablan como los personajes de Brick pero eso se debe precisamente al planteamiento de Johnson.
La cinta demanda del espectador una comprensión casi inmediata del juego que propone y ello es clave para hallar disfrute en ella, de lo contrario se corre el riesgo de encontrarse perdido en el estilizado, casi experimental universo de esta sin entender que pasa realmente. Un inteligente diseño del sonido es otro aporte a la mezcla enriqueciendo la narración, sugiriendo eventos fuera de cámara. La fotografía de Steve Yedlin es una nota aparte a destacar, siendo esta en si misma un instrumento en el genero negro, aquí acertadamente se opto por no usar blanco y negro lo que podría haber hundido la cinta en la pedantería o derechamente en la autoparodia, para compensar Yedlin hace uso de la iluminación en áreas aisladas en escenas claves como el hallazgo de Brendan en el sótano de "The Pin" por mencionar una. O luego nos presenta al sol como un poderoso reflector quemando el asfalto californiano en estupendas tomas angulares en las escenas de persecución, así vemos a un personaje corriendo por la escuela, algo tan común pero que ante el lente de Johnson parece algo completamente nuevo, transmitiendo con energía la urgencia del momento.
Esa es la tónica de Brick, su esencia consiste en presentar algo ya visto pero desde un nuevo ángulo, una revisión que lo hace ver nuevamente fresco y novedoso. Lo que es admirable cuando se escucha a menudo que ya esta todo visto y dicho. Brick no es una cinta perfecta su ritmo pierde balance durante el medio pero afortunadamente se las arregla para recuperarlo en la cohesiva conclusión. Sin duda Ryan Johnson es un nombre a tener en cuenta en el futuro algo que deja claro con su osado debut que se erige como un refrescante oasis en una cartelera llena de formulas repetidas hasta la saciedad.
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