
Diario de prisión (Fragmentos)
¡Oh, gracias! Aprecié menos la finura de tu elección que el encanto de tu gesto... Esas cosas tendrían que comerse con el corazón y los ojos... sin embargo me abandono sin cumplido a tu gentileza y trataré de nunca olvidar mi alegría en la soledad de esta noche.
Un sueño prolongado del intelecto parece retroceso, más bien deficiencia... Creo que ya podemos agradecer algo: la curación de “la intelectualidad”. Festines de ideas mal digeridos o por el contrario demasiado asimilados; esbozos múltiples de personalidad in-coherente y sin funcionamiento útil. Ahora, dejar que germinen. Hasta el límite de la putrefacción. Incluso podría decirse: si la cultura se pudriera, el daño no sería enorme. De todos modos hay poca, incluso en los más sabios...
Pero hay dos casillas muy distintas en mi: en la primera el deseo que acucia a toda persona, dicha ávida, de expresar de vez en cuando y en voz alta: “Nunca sabemos demasiado”-y en el segundo... ¡ahí sí que! ... muy raro: una inimaginable pereza que me agarra en cuanto se ofrece la ocasión de aprender más. En general me alejo con asco de las lecturas y conversaciones de escasa longitud de onda –bueno, en general, ya que a veces hojeo Elle o mantengo muy honrosamente mi posición en una charla de cintura para abajo, pongo por ejemplo- de modo que en teoría me vuelvo hacia otro tipo de charlas.
11/03/1959
En mí, la idea de aceptación no puede traducirse más que en términos de no-dependencia. Querer lo impuesto, preceder la obligación. No decir si, más que a ti mismo, sin jamás decir no a lo otros. Otra idea rabiosa: guardar MI tiempo. Trabajar más de prisa para ganar un ocio en donde trabajo de nuevo. Imposible holgazanear despreocupada-mente si no estás libre. Standing... Me gusta cortar mi propio trozo de pastel, puesto que sólo yo conozco mi apetito.
Pascua/ 1959
La vagabunda no decide su camino... el camino sabe decidir por ella, sin embargo. Estar en una ciudad y no conocer más que el nombre... la luz, la llegada al castillo, tiene más claridad, fatiga gris, familiarmente dulce: el destierro, mi único país. Y aprovecho para bautizarme princesa... la facultad más maravillosa: el sueño, mejor que la imaginación, más anestesiante que la esperanza. La verdadera realidad. Realidad en donde yo dispongo y ceso de depender. Los seres y los lugares vuelven a modelarse bajo mi fantasía. ¡Domino el tiempo y el mal! ¡Llamo a todos las marejadas! Se acabó. La oleada de lo cotidiano refluye a nivel de los ojos, las palabras de los libros aparecen... me baño, en los cuentos. Evaporación: apenas si las piernas y los de-dos algo tirantes, estropearían, quizás, la estremecida música nocturna.
¡Todos son mis invitados, mis reyes, mis trovadores, mis amigos! Entren ya que es por mí por quien late vuestro corazón y vibra vuestra voz. Para mí sola y para toda la tierra.






































