
diente de miradas en
muchedumbre
y populacho en la constancia
a cien pesos,
a veces cuatrocientos,
sirviendo de arma
de apaciguador
de silenciador del silencio mismo,
en lo colgado
en lo pendiente
en los pasmado y ceniciento
de la ranura del baño.
Oxidada de boca
y chirriante al contacto piojento,
con y entre las hebras promiscuas,
te lames de pies y manos,
te cuelgas,
pendes
y te pasmas en la ceniza
de niñas acongojadas y con ojos de
sirvienta.
Mujeres en abortos infinitos
y tiernas fiestas de payasos medicados,
pasando por cada puente y vena,
azuladas sin melenas, los punkers, los
sobacos de las reinas y más sedientas
pelusas y barbas y pechos y tanto antebrazo,
caliente en la ducha…







































Bonito.
Muy interesante y didactico sencillo pero substancioso.Saludos