
Montañas tapizadas en el mantel
de la cartografìa infinita .
Los àrboles que golpean mi ventana .
Voy construyendo esos caminos ,
por el surgur del demonio metàlico
con humo de locomotoras ,
o el encender de la chimenea
en la alcoba principal .
Llevo en mi corazòn
un torrente de espigas .
El tejido del Olimpo
por la tirada de naipes ,
de las sombras que danzan
en el jardìn secreo ,
esparcidas como molèculas
en la frialdad de un laboratorio .
Voy caminando y veo el letrero
de un pueblo perdido en el mapa .
Los rìos lloran mi llegada
y me hace girar
hacia el roble màs alto ,
sobre el camino de los bueyes
donde veo el viaje de una semilla
ennegrecida por el exilio eterno .
UN POEMA DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ






































