LA POESIA DE ESPERANZA MEDINA.
Encontrar la palabra justa, la adecuada para que en el texto poético proyecte el significado deseado, modificándose en el interior de un sintagma, sin apenas adjetivos que introduzcan quizá nuevo matiz, pero también probablemente confusión, pérdida de nitidez, es el trabajo que Esperanza Medina realiza y nos propone en sus poemarios. En boca de la poeta, las palabras, “las limpio con mimo, las coloco y las recoloco de maneras diferentes, las deslizo en los poemas y espero, reteniendo el aliento, que a algunos de vosotros os hagan cosquillas de nuevo, como si estuviesen recién estrenadas”.
Mucho se ha hablado del parecido comportamiento de la publicidad y la poesía en cuanto a la manera de comunicar. Tanto en una como en la otra si el receptor sólo encontrara en ella lo que espera, lo que conoce previamente, o sea, la redundancia por habitual, no recibiría propiamente información, ya que ésta se da sólo en función de lo inesperado, de lo imprevisible, de la sorpresa. A esta conclusión llegó Yuri M. Lotman, añadiendo: "Buena poesía es la que contiene una información poética, o sea: aquella cuyos elementos son a la vez esperados e inesperados. Sin lo esperado, es decir, sin el puente que el código tiende entre el emisor y el receptor, el texto no podría cumplir su función comunicativa. Pero sin lo inesperado, el texto sería completamente trivial y su información sería nula”.
E. Medina, para sorprendernos, para llegarnos, utiliza un tratamiento del texto poético que sorprende, justamente por lo que rompe. Extrañamente, no rompe con el discurso del habla natural, no nos sorprende con un lenguaje poético de significados o símbolos excesivamente fuera del habla habitual, sino al contrario, con una gran sensibilidad, recoge detalles, aspectos aparentemente mínimos del mundo y lejos de la imaginería en el que se mueven la mayoría de poetas anteriores a su generación, y aun muchos de la suya. Desde esa cotidianeidad de la palabra y del significado, nos presenta la estética de lo pequeño, de lo mínimo, del detalle. Probablemente es el mayor logro de su discurso poético. Y como todo lo aparentemente sencillo, es trabajoso, difícil de conseguir, muy elaborado, evitando caer en el universo de la prosa, y Esperanza Medina lo consigue.
Decía Wittgenstein, en una carta a un amigo: “mi obra se compone de dos partes: de la que aquí aparece, y de todo aquello que no he escrito”. Otro tanto decía Althusser en su estudio sobre los Grundisse de Marx, respecto a lo que un texto dice y oculta. También en la mayor parte de las obras poéticas se insinúan, en muchas ocasiones, ideas y reflexiones que apenas asoman en el texto poético. Este es el juego intelectual que Esperanza Medina nos propone y que, una vez hecho el esfuerzo, tiene el premio de entrar en un rico y muy personal mundo, el de una poeta en plena madurez de creación.
J.Garés Crespo.
NOTAS BIOGRÁFICAS
Esperanza Medina, nacida en Avilés (Asturias- España) en 1964. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo y diplomada en Magisterio. Ha obtenido los premios Ana de Valle de poesía en 2006 y Nené Losada Rico de poesía en 2009. Ha publicado los siguientes libros: No recuerdo un invierno tan frío como éste, Ed. Trabe, Oviedo, 2010. Armadura de azúcar, Dolmen Books, Palma de Mallorca, 2010. Epanadiplosis (o la metáfora de lo irremediable), Dolmen Books, 2008 y Escrito con la a…, Ayuntamiento de Avilés, Asturias, 2007. Ha participado, entre otras, en las siguientes publicaciones: Antología -homenaje a Miguel Hernández, Aunque tú no estás, Sociedad Económica de Amigos del País de Avilés y comarca, Avilés, 2010. Antología “XLIII Justas Poéticas de la Ciudad de Dueñas”, Ayuntamiento de Dueñas, Palencia, 2009. Antología “Poetas de Asturias en Cangas de Onís”, Ayuntamiento de Cangas de Onís, 2008 y en el Nº 24 de la revista de artes y letras “Luces y Sombras”, Fundación María del Villar Berruezo, Tafalla, 2008. Es así mismo colaboradora habitual en el diario La Nueva España.
MUESTRA DE POEMAS
de ESCRITO CON LA A..., Ayuntamiento de Avilés, Asturias, 2007
I
A veces
se me escapan las palabras de las manos,
no dicen lo que pienso,
me traicionan
y cuentan lo que siento.
Yo las miro,
incrédula, extrañada,
sigo su vuelo, absorta, con la vista,
noto
su dardo amargo en la garganta.
A veces
las palabras se apiadan de mi,
traen a mis labios tu piel,
a mi alma tu beso,
y luego, absurdas,
caprichosas,
se alejan con el viento,
se giran
y me guiñan
ese dulce ojo azul que hoy no tengo.
IV
Escribo
para poner en su sitio cada cosa:
el llanto en el papel secante,
la mirada
en la última calle que cruzamos juntos,
la risa
en el viento que la esparce,
la vida
aleteando curiosa sobre el lápiz,
el miedo
libre en la tinta para que se escape,
la soledad
dictándome al oído sonriente,
y a mi
perdida y encontrada
(confundida y buscando)
Viva al fin,
viva en cada sílaba que
escribo.
Viva
en cada sílaba que callo.
V
Sola
(y no a solas).
Corriendo tras la vida,
parando a respirar algunas veces,
rozando con la punta de los dedos
su vestido,
sintiéndola escaparse,
locuaz,
provocadora...
Me espera si me canso,
y cuando al fin parece que la toco
oigo su carcajada al alejarse.
Sola,
a veces sola,
a veces
simplemente acompañada.
Lenta,
confusa y lenta,
queriendo ignorar (y sonriendo)
que la vida
es demasiado rápida en su huída,
apenas si la siento.
de EPANADIPLOSIS ( O LA METÁFORA DE LO IRREMEDIABLE), Ed DOLMEN, Palma de Mallorca, 2008
CARTA ABIERTA
Dime que me calle
y yo,
que no pretendo otra cosa que tus ojos
enmudeceré dócil,
olvidaré los signos de las letras,
esconderé los lápices,
dedicaré mis manos a tareas
finitas, cotidianas…
Pero dime que vuele y te recree,
que preñe la palabra
de susurros, cosquillas, sensaciones…
de promesas, de lágrimas,
y dejaré
vacía mi despensa,
solitaria mi casa,
para que quepan dentro, sonrientes,
los nombres de los hombres
a los que nadie llama.
No sé cómo nombrarte,
pero sé que me escuchas,
que me hablas…
(situado justo frente a estas palabras).
II.
Mientras tú te paseas por la orilla
yo le echo sal al agua,
que no sepas que el mar se está muriendo,
que se vuelven insípidas las ganas.
Mientras duermes al sol sobre la arena
yo le echo azul al agua,
que no descubras nunca que incolora
va y viene gastando las palabras.
Mientras sueñas lejanos horizontes
yo arreglo la toalla,
que si el viento te obligara a girarte
tropieces con mis ojos en la playa.
XXVII.
Hoy plancho
-por ver si los estiro-
los escasos recuerdos que me quedan
de aquella vida tibia, luminosa,
que se me va olvidando,
arrinconada,
entre la ropa vieja.
Ya no he sabido hacer más la colada,
se me llenan las ganas de tristeza,
se empapan de derrota
-antes de lluvia-
las prendas que conservo
de tu ausencia.
Hoy plancho
- es por pasar el rato-
y almidono, como si fuera fiesta,
las ansias de vivir, las ilusiones,
quizás algunos versos,
mis quimeras…
pero es inútil, la plancha aún está fría,
la arruga de mi alma me encadena.
de ARMADURA DE AZÚCAR, Ed DOLMEN, Palma de Mallorca, 2010
II.
¿Puedo buscar,
despacio y sin cansarme,
los miedos que me escondes,
las dudas que me ocultas,
esos momentos,
pocos y fugaces,
en que sientes vergüenza y desconcierto?
Déjame que posea lo que eres,
que ame lo callado y lo inmaduro,
que sea tu plenitud, y sea la mía,
con luces y con sombras,
las que se den la mano y se acompañen.
Quiero inspirar profundo
y respirarte,
saber que me respiras
cuando inspiras.
No una parte de ti, todas las partes.
Esa parte de ti
que no compartes
XXI.
Tráeme un hilo de seda,
delgado y transparente,
enhebrado en la aguja del olvido.
Haz que sea invisible,
no es bueno que se noten las puntadas.
Dame una hebra muy fina,
que no dañe al coser el alma herida.
Busca adornos de flores,
sonrisas y esperanzas,
que cubran cicatrices y zurcidos.
Tráeme un hilo… cualquiera,
urge coser los trozos
que me quedan.
XXXVII.
FONDO DE ARMARIO
Sandalias,
traje nuevo,
un pensamiento alegre,
un imposible
oculto en el armario,
apolillando
los átomos de duelo,
las partículas
de esfuerzo innecesario
cuando quisimos ser lo que otros fueron.
Un pensamiento propio,
un paso sólo nuestro,
a veces a compás,
a veces alocado o descompuesto,
una arruga,
un deseo robado al subconsciente,
un beso que nos damos,
una sonrisa que nos merecemos,
un sombrero estrambótico que hace
que pongamos el mundo por sombrero,
un color llamativo
que ensordece
las luces donde quieren que esperemos.
El amor,
con fonemas que no entienden
de orden ni concierto,
se expanden, se separan, aterrizan
envolviéndonos juntos en un juego
que crece y se propaga
en proporción a cuánto lo ofrecemos.
No caben decepciones,
las baldas
están abarrotadas de lo que más queremos.
Un nombre -nuestro nombre-
en el primer estante,
y luego, en cada percha,
todos los nombres que nos quepan dentro.
de NO RECUERDO UN INVIERNO TAN FRÍO COMO ÉSTE, Ed. Trabe, Oviedo, 2010
ESCRIBO PARA QUE ME QUIERAN
Sabes que escribo para que tú me leas,
para que el desconcierto
que ocupa mis mañanas,
mis tardes,
mis espejos
-en las noches aún duermo-
se vuelva inconsistente
o se diluya, en parte, en la sed de tus ojos
que escuchan, inocentes,
el llanto de estas manos y esta voz que me vence,
derrotándome siempre.
Ya ves que como Lorca, Márquez y tantos otros
yo también
escribo para que me quieran,
o al menos
para no estar tan sola tantas veces.
Estaba entre el café y el logaritmo
que te posé en la mesa.
No había necesidad de tanta higiene,
de dejar impoluta la tristeza.
Ahora
el camión de la basura
se lleva tu promesa.
SOLEDAD
Era una multitud dañina
de uno sólo,
preguntándose siempre,
dudando a cada paso
si posar el talón, la puntera o el vértice
del alma.
Negando a cada paso
la sonrisa,
desordenando el llanto,
desdoblando el deseo
de serse de quererse y de encontrarse,
desmembrando la prisa
en gotas de reposo malogrado.
Doliéndose y mintiendo su abandono.
Era una multitud de muchas voces
y un solo nombre,
vulgar, corriente, desarmado y pobre.





































