“Nos propusimos, más que un libro multigenérico, un libro que sea divertido”
Carlos Torres Rotondo y José Carlos Yrigoyen, escritores
Por Gabriel Ruiz Ortega
Una de las publicaciones más esperadas del 2010 fue Poesía en Rock. Una historia oral. Perú 1966-1991 (Altazor), de Carlos Torres Rotondo y José Carlos Yrigoyen. Libro polémico, pero sumamente necesario para afianzar convicciones.
- Por el título
de la publicación, como que el libro estaba destinado a ser escrito por
ustedes. Es decir, no pocos saben que son conocedores del rock y
atentos lectores de poesía peruana.
-
Ambos somos fanáticos de ambas artes, aunque en distinto
grado. Al comienzo de la investigación leíamos a poetas como
Verástegui, Málaga, Santiváñez, que en nuestro imaginario habitaban un
limbo entre la poesía y el rock. En nuestras conversaciones hablábamos
por igual de ambas e intercalábamos sus referentes intentando crear una
especie de red narrativa que lo contuviera todo, o lo más sustancioso
del asunto, por lo menos. Por eso el libro está construido utilizando
gran cantidad de información, con el objetivo de que el lector no
iniciado no se pierda nada de lo que fue esa época, tanto poética como
social y políticamente. Claro, sabemos que nos faltan varios datos,
medianos y menores, para que esta historia esté de verdad completa. Por
eso en las siguientes ediciones nos reservamos el derecho de
ampliarla.
- En la
dedicatoria, se consigna que el punto de partida fue el verano del 2000.
Digamos que en ese contexto el libro nació como idea; y si no me
equivoco, tú, Carlos, te fuiste a vivir a España. Entonces tenemos
presente el factor de la distancia. ¿Cómo trabajaron?
- Me fui a vivir a España y prácticamente corté todos los
vínculos con el Perú. En el 2006 presenté una ponencia sobre rock y
poesía en un congreso de poesía peruana en Madrid. José Carlos me ayudó
mandándome ingente información consistente en recortes periodísticos,
raros poemarios y antologías de la época, que me sirvieron de mucho
para terminar mi ponencia. Seis meses después conversamos por teléfono,
una mañana de sábado de febrero del 2007, y alguno de los dos planteó
la idea de escribir un libro en base a lo que había leído en aquel
congreso. Comenzamos comunicándonos varios días a la semana, mediante el
mail y el skype, elaborando la estrategia del libro (que cambiaría a
medida que este iba avanzando). Fuimos haciendo también las entrevistas
necesarias, según nuestras posibilidades; por ejemplo, Carlos
interceptó en España a Oscar Málaga y lo sometió a un meticuloso
interrogatorio; José Carlos visitó el departamento de Jorge Pimentel
durante dos largas jornadas preguntándole su versión de los hechos. En
octubre del 2008, ya con Carlos en Lima, entrevistamos juntos a
Jáuregui, Verástegui, los falsos primos Mendizábal y a Tulio Mora,
además de otras fuentes que aparecen en los agradecimientos del libro.
El magma del libro fue escrito de junio 2008 a enero 2009, y corregimos
y aumentamos durante año y medio, cotejando testimonios de poetas que
nos íbamos encontrando en el camino.
Cada dato nuevo, cada contradicción, aumentaban geométricamente los
pies de página con el paso de los meses. Además consultamos casi un
centenar de libros, decenas de estudios críticos, muchas revistas,
todas las antologías disponibles y en algún caso citamos a la mesa de
un bar a un poeta del que teníamos como referencia un texto
presuntamente rockero al cual nos era imposible acceder. Buscamos en el
fichero virtual de la Biblioteca Nacional libros desconocidos que
podían servirnos, la mayoría de veces sin mucha fortuna. La carnecita
de la información la encontramos en los archivos personales de los
mismos poetas; Pimentel guardaba incluso algunos volantes de los
recitales, además de la mayoría de manifiestos de Hora Zero (nadie
tiene la colección completa). Y ahora que hemos publicado el libro, nos
hemos topado con más información, más sucesos, más contradicciones,
que, si hubiéramos seguido escribiéndolo, hubieran aumentado al menos
veinte páginas más al texto original.
- El
libro he tratado de ubicarlo en un género, mas no he podido. Y es allí
donde creo encuentro su riqueza, ya que es un cacerola de géneros,
tenemos mucho de ensayo, algo de teoría, testimonios y relatos con
sabor a crónica.
- Es verdad, es un montaje de textos de diversa índole, que
más que un amplio fresco recuerda más al collage, al patchwork.
Seríamos hipócritas si no reconociéramos que nuestra referencia
principal fue Por favor mátame, de Legs McNeil y Gillian McCain, además de Algo muy divertido que jamás volveré a hacer,
de David Foster Wallace, porque esta es una historia oral en la que
nosotros también participamos, a través del pie de página. En realidad
nunca nos planteamos que este fuera un libro multigenérico: lo que pasa
es que quisimos completar las partes de una escena muy compleja y
llena de contradicciones, historias oficiales, leyendas urbanas y
autocensura que ha ocultado o deformado la verdad, aquella que nunca
sabremos. Esto lo sabíamos desde un comienzo, y por eso dejamos hablar a
los protagonistas principales que siguen vivos (En ese sentido
seguimos creyendo que sin Juan Ramírez Ruiz este libro queda
incompleto) para que concordaran, se contradijeran y se desdijeran
entre ellos, con total libertad e impunidad. Intentamos, sí, obviar
toda referencia a la vida privada de los protagonistas: si el libro
hubiera sido escrito sin este filtro, hubiera resultado impublicable.
Otra cosa que quisimos fue armar una suerte de libro paralelo mediante
las notas a pie de página, aprovechando este recurso para sembrar la
narración principal de atingencias, opiniones muy personales, auténticas
boutades que encontrábamos divertidas a la hora de discutir
ciertos aspectos de algún episodio… nos propusimos, más que un libro
multigenérico, un libro que sea divertido, directo, incluso muy
subjetivo en sus juicios como lo eran los poetas con sus testimonios. La
moraleja de esto es que nos hemos esforzado por no presentar una
verdad única e indiscutible, una historia oficial, y sobre todo, en no
tomarnos en serio a nosotros mismos: creemos que eso es a veces
necesario para no ser tan solemnes con la poesía peruana, que
últimamente ha perdido el sentido del humor del que gozó durante tanto
tiempo.
- Justo en los
pie de página. Hay dos que me son de antología. A lo mejor se me escapan
algunos más. Sin embargo, la semblanza que hacen de Juan Ojeda es por
decir lo menos, alucinante. Como si fuera el punto de partida para una
novela. El otro es, indefectiblemente, desgarrador. Me refiero al
testimonio de Manuel Aguirre.
- En casos concretos hemos escrito algunas de las notas con
el objetivo de divagar un poco sobre ciertos personajes o situaciones
que derivan de la historia principal, procurando que el lector no
iniciado sepa de quién o de qué estamos hablando. La vida de Ojeda es
quizá la más rockera de todas, aunque él no escuchaba rock (solo
escuchaba música clásica) y aunque no paraba tanto con los grupos vimos
necesario hacer una breve relación de su carrera vital y poética. El
testimonio de Aguirre era el de un solitario con talento en pleno
apogeo de los grupos poéticos. Era el único militar en un medio repleto
de militantes. Por eso nos fue muy difícil decidir el lugar donde
poner su declaración, y resolvimos hacerla un larguísimo pie de página
en medio del libro, casi como una caja china. Es un juego, porque si te
das cuenta al más insular de todos lo hemos puesto en el mismo
centro.
- En la introducción señalan que el centro de eclosión de esta historia urbana es Poemas Underwood de
Martín Adán. Entre otras cosas, Adán dejaba sentada una actitud para
con la poesía, que yacía en que las ganas de vivir eran más que las
actitudes señoriales de la poesía. O sea, este texto de Adán fue un
pionero de lo que varias décadas después sería la manera de asumir la
poesía.
- Poemas Underwood está escrito en versículos, no
con verso medido y anuncia el verso libre, coloquial y confesional que
se pondría en boga varias décadas después, opción que vino para
quedarse hasta hoy. Como la poesía conversacional popular, su escenario
es urbano y su espíritu libertario y expansivo. La juventud como la
edad de lo confrontacional es otro elemento que Poemas Underwood
comparte con la obra de los poetas analizados en el libro. Este texto
de Martín Adán, en suma, es el primer poema rock, con actitud punk, de
nuestra tradición poética.
- También dicen
que en la historia de la poesía peruana hemos tenido solamente tres
generaciones, y que el resto han sido y son promociones. La última
promoción sería la conformada por los poetas del setenta.
Definitivamente es una toma de posición que no gustará a muchos. Como
que la etiqueta “Promoción” fuera una suerte de carné de identidad.
- En primer lugar, tenemos que recordar que esta percepción
de las tres promociones no la vendemos como una verdad absoluta –como
no vendemos ninguna de nuestras aseveraciones como dogmas, sino como
acercamientos, opiniones y apreciaciones. No son las nuevas
circunscripciones del canon poético, que tienen derecho a cierta
cantidad de escaños en el parnaso (porque en el fondo
es así como muchos poetas ven estas divisiones teóricas), sino un mapa
mental para introducirnos a la realidad del libro. Es una herramienta
metodológica que nos ha servido para enhebrar narrativamente el texto,
poblado en gran parte por poetas con una estética similar y de
referentes comunes. Este ciclo poético, lleno de matices, afinidades,
continuaciones y cismas, duró veinticinco años. Si a otro investigador
le funciona el esquema de las generaciones por década no habría una
contradicción, sino un esquema distinto para una misma coyuntura más o
menos reconocida y aceptada. En segundo lugar, existe un mito muy
difundido que afirma que la obra de cada poeta particular está signada
por el devenir de sus coetáneos, lo cual es bastante discutible, dado
que las propuestas poéticas de nuestros protagonistas, más allá de
compartir el aliento conversacional y todas las características que
este implica, han escrito obras muy distintas entre sí, incluyendo las
del grupo más disciplinado, Hora Zero.
- El hecho de situar su trabajo a partir de 1966 puede ser tomado como una negación de los discursos poéticos signados por el hálito del rock, desarrollados en, por ejemplo, la inicios de los sesenta.
- Hemos tomado como punto de partida la fundación de la
revista Estación Reunida porque se trata de la primera agrupación de
poetas con afinidades auténticamente rockeras, con una actitud que
combinaba el aliento pre rockero de Hernández y Cisneros (más las
consabidas influencias directas beatniks y poundianas) con una actitud
menos cosmopolita y más cercana a la calle. No te olvides que en
1966-1967 Manuel Morales escribe Poemas de entrecasa, el libro
fundacional de esta vertiente, y que marca una forma de poetizar
absolutamente distinta a la anterior. Esa es la época que hemos querido
narrar, que no niega a la anterior, sino que tiene características
distintas, más contestatarias, más impúdicas, más violentas, es decir,
más rock and roll. El rock que practican los poetas que aparecieron en Los nuevos
es hippie; lo que viene después es punk. ¿Harías un libro presentando
ambas historias como una sola? Incluso te diremos que los poetas early
60’s profundizaron más en la sicodelia que los poetas del setenta, como
es el caso de Chirinos Cúneo, Rodolfo Hinostroza y Mirko Lauer, pero es
otra corriente, que prefigura la que nosotros contamos, y luego se
desarrolla por ámbitos distintos. Lo que sí tenemos claro es que los
aportes de los sesentas fueron decisivos para que los poetas del
setenta pudieran desarrollar una obra acorde a sus necesidades, y que
para negar ese aporte es necesaria una ceguera, voluntaria o no. Entre
nuestros proyectos está justamente hacer un libro sobre esa historia
entrevistando a cuatro poetas de los primeros sesentas, pero sería un
libro aparte, distinto, más situado en Londres y en Barcelona que en la
Plaza San Martín o el Wony.
- Cuando dan paso
a los testimonios de los poetas, es el de Roger Santiváñez el que marca
la pauta, ya que estuvo, de alguna manera, en todos los grupos
poéticos que encontramos en Poesía en Rock.
-
Roger estuvo en La Sagrada Familia, Hora Zero segunda etapa y
luego en Kloaka, colectivo del que fue líder. Su relación con los
grupos poéticos fue muy temprana. Tenía dieciocho años cuando viajó de
su natal Piura a Lima para estudiar Literatura en San Marcos. Pero en
lugar de prepararse para postular se dedicó a deambular por el Centro de
Lima intentando encontrar a los Hora Zero (los había leído en Estos 13),
justo cuando estos se encontraban en pleno interregno entre la primera
y la segunda etapa. Roger pertenece, propiamente, a la promoción del
75, por lo que sus coetáneos son los de La Sagrada Familia, colectivo en
el que milita durante toda su duración. Luego se va a Hora Zero
segunda etapa y al final, por fin, funda su propio grupo. Roger, en
definitiva, ha sido testigo de todo. Si a esto sumamos su memoria
prodigiosa (pese a su bohemia radical), se convierte en la fuente ideal
para escribir un libro como este. Narrativamente, además, es una
presencia constante, una especie de hilo conductor que enhebra casi
todas las etapas desarrolladas en el libro. Más allá de sus indudables
cualidades como poeta, es esta condición de testigo privilegiado lo que
convierte sus testimonios en una especie de columna vertebral.
- Ahora, algo que
me pareció más que interesante, fue el testimonio de José Rosas
Ribeyro. Específicamente cuando relata la forma cómo Enrique Verástegui
conoce a Octavio Paz; a partir de ese encuentro Roberto Bolaño no
perdonará jamás a Verástegui, al punto que se burla de él en Los detectives salvajes.
-
Rosas es un tipo muy chispeante, muy gracioso, además de un
estimable narrador oral. Si tuviéramos un poco menos de escrúpulos,
habríamos repletado el libro de decenas de anécdotas impropias sobre
poetas que Rosas nos contaba con mucho humor. Creemos que la anécdota de
Verástegui con Paz reviste mucho interés literario –el encuentro del
mandarín intelectual mexicano con la jovencísima promesa poética
peruana- y de por sí es entretenidísima, nos reímos mucho
escribiéndola, intentando que no se perdiera la carga humana, absurda,
del incidente. En general Verástegui es uno de los grandes personajes
del libro, nuestra entrevista con él distó de ser fácil pero nos dio
algunas claves que fueron muy útiles para entender la historia de Hora
Zero en toda su magnitud. En cuanto a que si Verástegui no ha perdonado a
Bolaño, es verdad. En la entrevista que nos concedió aprovechó para
llamar al narrador chileno (y en general a todo el infrarrealismo) “la
cloaca de México”, además de otros calificativos.
- Cuando leí las
páginas sobre el duelo poético entre Pimentel y Cisneros, me vino a la
mente la conocida frase “es preferible creer en la leyenda que en la
realidad”, algo así. Si no me equivoco, es la primera vez que tenemos
–en libro- la versión de este asunto por parte del autor de Como higuera en un campo de golf.
- Cisneros, sin participar en los testimonios, es quizá uno
de los personajes más ubicuos del libro: prácticamente todos lo
mencionan o como amigo o como influencia o como enemigo, pero siempre
está. Le preguntamos sobre el duelo poético y respondió lo que sale en
el libro, nada más. Sin embargo su breve intervención es interesante,
porque es el único paréntesis cuestionador al tono épico de la historia
de Hora Zero relatada en el libro, la única impugnación al discurso de
los miembros del Movimiento.
- Algo me dice
que al momento de ordenar los testimonios, se divirtieron mucho con los
de Jorge Pimentel y Eloy Jáuregui. Con este libro se gradúan de
excelentes narradores orales.
- Y son narradores muy distintos uno del otro. Pimentel está
más cerca de la épica y Jáuregui de la picaresca. A éste último bastaba
escucharlo en Panorama, cuando hacía la voz en off en los reportajes,
para darse cuenta de lo ingenioso que podía ser su discurso. Todo esto
por no hablar de su faceta como cronista, llena de juegos de lenguaje y
sentido del humor. A veces uno termina creyendo que el mejor barroco
de Jáuregui no se encuentra en sus poemas –que tiene varios muy buenos-
sino en sus crónicas. Lo entrevistamos en la cafetería de profesores
de la Universidad de Lima, en los altos de un edificio desde donde
podía contemplarse La Molina. Estaba completamente sobrio y fue quizás
uno de los testigos más honestos, uno de los que menos quiso preservar
una historia oficial, y por eso las contradicciones entre su versión y
las demás, contradicciones que enriquecen muchísimo el libro, en
realidad. En cuanto a Pimentel, debemos consignar que ésta es una de
las escasas entrevistas que ha concedido en varios años, y fue muy
generoso con su tiempo, como ya dijimos. En la conversación
prácticamente se le dio rienda suelta para que se explayara. Y no nos
equivocamos al quitarle los frenos pues su discurso oral era arrollador
y lleno de recursos literarios.
- Definitivamente,
es el Movimiento Hora Zero el que más prestancia tiene en la
publicación. Fueron los que llevaron a los extremos la actitud del rock
en la escritura poética. Hoy en día, el movimiento no tiene los fuegos
de antaño. La juventud no es eterna.
- Para juzgar a Hora Zero hoy, debemos considerar una
realidad que a veces parece no tomarse en cuenta: el Movimiento como tal
ya no existe como organismo vivo y activo hace muchísimo tiempo: lo
que queda es un legado importante –muy importante-, varios libros
excelentes, una actitud que hace treinta años era justa y necesaria
para, parafraseando a Velasco, romperle de un golpe el espinazo a la
oligarquía literaria. La primera etapa (1970-1973) es sin duda la mejor
literaria y teóricamente, la más consistente y la más justificable
históricamente. Juan Ramírez Ruiz nos parece un componente
imprescindible, y creemos que ese “fuego de antaño” que pareces extrañar
(y que nosotros también extrañamos) se debía también en parte a él.
Hablar de este tema, lo reconocemos, es espinoso porque sabemos que hay
cierta gente que considera que el Hora Zero de la segunda etapa
traicionó los ideales de la primera y por lo tanto Juan Ramírez era el
único puro de ellos, el verdadero horazeriano, mientras que hay otra
que considera que el único Hora Zero es el que alguna vez lideraron
Pimentel y Mora. La verdad es que nos sentimos ajenos a estas disputas,
que nos parecen totalmente inútiles; también nos parecen inútiles
algunas voces que intentan quitarle todo mérito histórico y literario a
Hora Zero y de ese modo otorgárselo a una generación posterior para
conseguir más escaños en el parnaso mental de nuestros críticos y
estudiosos. En general, es irritante que los debates de poesía en el
Perú no puedan avanzar ni llegar a buen puerto porque no son debates,
sino confrontaciones de grupos (o membretes, más bien, porque ya no
existen los grupos poéticos en sí) que no se conceden un ápice entre
ellos y que intentan imponer una verdad única sobre los demás. Se
discuten cosas intrascendentes, a veces apertrechándose de argumentos
que pueden ser válidos o no, pero el objeto de fondo suelen ser
minucias al fin y al cabo: que por qué no se puso en tal antología a
este, que si Jorge Pimentel escribió o no escribió Palabras urgentes
junto a Juan Ramírez Ruiz, que por qué se hizo determinada encuesta
preguntándole a tal y no cual. La verdad, con una poesía peruana como la
actual, -la que va a tomar el relevo, la del 2000 y la que se
prefigura- que francamente se cae a pedazos, da que pensar ver como en
vez de atender temas más importantes e inmediatos, desde hace treinta
años la discusión y los calificativos y la animadversión sean los
mismos.
- Un alto a la
entrevista. Acaban de hacer alusión a “por qué se hizo determinada
encuesta preguntándole a tal y no cuál”. Se refieren a la encuesta
sobre una antología consultada, cuyos resultados han generado cierta
polémica en el ambiente poético limeño.
- Mira, no creemos mucho en las encuestas poéticas (aunque
participamos en esta porque, la verdad, siempre es bueno poder expresar
nuestros cánones individuales y cotejarlos con los de los demás, aunque
eso no contenga ninguna valoración absoluta, ni mucho menos), y en
realidad consideramos que esta en particular se pudo hacer mejor; se
pudo tomar cierta distancia para evitar las suspicacias en los
resultados, por ejemplo, o categorizar y delimitar adecuadamente el
universo de encuestados. Pero nos parece que pudo haber un debate de
verdad en torno a esta propuesta y eso no ha sucedido. Las encuestas no
van a canonizar a nadie nunca, la cosa es más compleja, mucho más
larga y menos coyuntural.
- Extraña, sí, que el legado no haya seguido después, ni por asomo en los poetas que conforman las promociones.
- En cuanto a si las nuevas generaciones han recogido o no el
legado horazeriano, de hecho que desde el 75 para adelante muchos
poetas de valía han recibido su influencia desde el punto de vista
poético, con notables resultados en varios casos. Si la pregunta va por
si es que los nuevos poetas deben seguir el legado contestatario de
Hora Zero, diríamos que todo tiene su época, que imitar ese accionar a
estas alturas no solo es redundante sino ineficaz, y que ahora el
debate debe estar signado por la firmeza, el respeto y la capacidad de
dialogar con nuestros adversarios ideológicos sin asesinarlos
literariamente en el camino.
- Mientras leía
los testimonios del los poetas del grupo Kloaka, tenía la sensación de
que la toma de posición ideológica se convertía en medular, al punto
que aquello terminó transformando poéticas. Ellos vivieron en carne
propia los años duros de la violencia política, ya sea por parte de
Sendero Luminoso y la ineficacia del estado que no actuaba con firmeza.
- Los ochenta fueron la peor época en la historia del Perú
desde la Guerra con Chile. A veces uno olvida que ser joven durante
aquellos años era lo peor que le podía suceder a alguien, más aún a un
poeta. La violencia influyó en la poética haciéndola más radical. Por
eso el paso del lenguaje callejero, en los setenta, al lenguaje lumpen,
en los ochenta: este paso fue coherente con la degradación social,
material y política del país en aquellos años. Sin embargo, la relación
entre poesía y revolución es algo patente desde siempre. Está en
Vallejo, por darte el ejemplo más obvio. No creemos que esto sea algo
privativo de Kloaka, sino que más bien Kloaka lo asume como una de sus
banderas principales, reivindicando una tradición que reconocen y
rescatan (pues el parricidio de Kloaka siempre fue más moderado e
inconsistente que el de Hora Zero). Simplemente adoptó el signo de los
tiempos, pues: exigían una toma de posición más clara en una época
urgente.
- Santiváñez, aparte de ser el más destacado de Kloaka, fue, digamos, también el más radical.
- Santiváñez, creemos, es tan politizado como todos los
otros, y que incluso su politización fue más larga, radical y compleja.
- En el capítulo
final, muestran un panorama muy desalentador de la literatura peruana
en general. Y, en parte, ello se debió a la política económica llevada a
cabo por el gobierno de Fujimori a inicios de los 90, al que se suma
un generalizado espíritu de desconcierto, lo que hizo que todas las
manifestaciones artísticas cayeran en un páramo, la poesía incluida.
- ¿Damos un panorama muy desalentador? Creemos que en
realidad hemos sido mesurados a la hora de interpretar nuestros últimos
veinte años, pero a la vez no vendemos humo diciendo que nos
encontramos en un momento de auge y de consolidación de varias
poéticas, como sucedía de verdad en los sesentas y setentas. Cuando
leemos en la prensa a los reseñadores afirmar que nuestra poesía está en
un gran momento, se nos viene a la mente las carátulas de las revistas
argentinas, afectadas por la censura, en la época de la guerra de las
Malvinas: “estamos ganando” decían, mientras en el frente los hacían
añicos. La corriente conversacional hegemónica –no la poesía
conversacional en sí, sino las poéticas conversacionales que la
conforman en nuestro imaginario-, extenuada, agotada, ya dio lo mejor
de sí, y si bien puede dar muy buenos libros a estas alturas, ya todo
va sonando igual y diciendo las mismas cosas, con variaciones muy
discretas, que en los años pretéritos. Las otras corrientes, como el
último neobarroco, por ejemplo, han dado resultados muy discutibles
todavía, con excepciones claras, pero son aportes insuficientes todavía
como para quitarnos la impresión de que todavía tenemos un gran
espacio absolutamente en decadencia frente a ramas marginales en estado
rudimentario. Esa es la poesía peruana hoy. Hay algunos poetas
interesantes, sin duda, muy buenos, también, pero no podemos hablar de
que en los últimos diez años su número sobrepase los dedos de una mano,
siendo algunos bastante epigonales de los poetas conversacionales de
los sesenta y setenta. Aquí también existen los amiguismos, reacomodos y
capillas que imposibilitan un diálogo, una estructura visible de lo
que se está haciendo, de qué es resaltable y qué no. Volvemos al
problema de las verdades únicas, del establecer un canon más basado en
cuestiones políticas que en un análisis cualitativo. Debemos desviar la
cuestión sobre la poesía peruana de una vez hacia asuntos más sensatos
que quién es el que debe estar o quien no en el canon. Quizá de esta
manera podamos comenzar a darle un sentido nuevo a la discusión sobre
nuestra poesía y hacer menos irrespirable el ambiente de estos últimos
dos lustros.
- La lucha de
poderes siempre ha estado presente, pero durante el fujimorato esta
cambió de atuendos. Y la lucha por el poder cultural no pudo ser ajena.
Hablan de un grupo de escritores vinculados a una derecha conservadora
y un círculo de izquierdistas progresistas vinculados a la academia
americana.
- Hay varios factores a tener en cuenta. En primer lugar, de
los setenta a los ochenta hay casi un monopolio de la izquierda sobre
la cultura. La excepción es, claro, MVLL a partir del caso Padilla. La
caída del socialismo a partir de 1989 cambia el panorama. Ya en los
noventa, con la estabilidad económica llegan las multinacionales (Norma
y Santillana) al Perú. Además, la globalización entra definitivamente
al mercado cultural. Es así que se fomenta una literatura de consumo,
hedonista y tranquilizadora de conciencias. Paralelamente, hay un
sector de la izquierda que permanece inalterable en sus postulados. Aquí
están los viejos representantes del Grupo Narración, que regresan con
obras mayores, pero que no alcanzan la internacionalización, quizás
porque sus libros son más herméticos (y por lo tanto menos comerciales)
o porque su discurso es profundamente cuestionador. En cuanto a la
izquierda académica, recordemos que las universidades de Estados Unidos
tienen una clara tendencia izquierdista y que la avalancha de
estudiantes peruanos a estos centros de estudios comienza en los
ochenta. Por otro lado, es casi una verdad de Perogrullo que los
intelectuales de derecha en este país van a hacer una literatura
dirigida al mercado y los de la izquierda van a hacer una
reivindicatoria. Si fueses editor de una multinacional, ¿a quién
publicarías?
Blog de Gabriel Ruiz Ortega: www.la-fortaleza-de-la-soledad.blogspot.com







































