
WITOLD GOMBROWICZ Y LA CORVINA
“Como
mi estancia en Potoczek, la finca de mi hermano Janusz, no curó del
todo mis pulmones, fui a pasar el verano a Rabka. Recuerdo que mi
estancia en Rabka agravó aún más mis relaciones con la gente, ya de por
sí bastante tensas. Pero es que en aquella estrafalaria pensión donde
me instalé, me encontré frente a una colección de tipos que parecía
expresamente confeccionada (...)”
“Esa gente representaba la
mezcolanza de estilos y lo más grotesco de lo polaco. Movilicé
enseguida todos mis rencores y me volví provocativo, lo cual no tardó
en producir un resultado desagradable con una damisela que había estado
en Inglaterra: –Se nota que se atracó de Inglaterra y ahora la está
repitiendo en la mesa. La damisela me echó una mirada fulminante y dijo
algo a propósito de los mocosos mal educados (...)”
“Un
señor muy autoritario y terriblemente digno, añadió unas palabras sobre
la arrogancia típica de los estudiantes insensatos. Cuando un juez
retirado, reprendió violentamente a su hija, yo me sentí aludido
inmediatamente: –¡Hay que saber con quién se juega! Este señor, según
supe después, había reprendido a la joven por haber jugado a las cartas
antes de comer (...)”
“Sus palabras provocaron un cataclismo entre
todos los presentes que no comprendía bien, yo creía que la indirecta
estaba dirigida a mí. Después de la comida se produjo un gran
movimiento entre los señores, ellos también habían jugado a las cartas
antes de comer, se sintieron por lo tanto ofendidos y le pidieron
explicaciones al juez. Cada uno mandó un emisario para preguntarle si
se refería a él (...)”
“Al final llegó mi turno, me sentía
enfermo, la suma de todas esas idioteces, esa notable ausencia de
civismo que nos caracterizaba a todos en esa maldita pensión de Rabka,
me sumió en un estado de terrible impotencia, de trágico desánimo. De
esa forma se producían en mí saltos de la bufonería a la seriedad, de
lo cómico al sufrimiento real. Y seguía sin poder resolver mi problema
con la farsa polaca, con nuestro desequilibrio (...)”
“Se
trataba de un océano en el que yo naufragaba pero que, a la vez,
llevaba dentro de mí. Desde Rabka hice una breve excursión a Zakopane
donde una noche en un café me encontré con Tadeusz Boy-Zelenski. No lo
conocía personalmente pero sabía cosas de él: escritor, inteligente,
talentoso, europeo... Lo observaba de lejos, sorbiendo mi té. ¿Y si me
acerco? Estaba solo. La sala estaba vacía. Si me acerco, ¿qué le diré?
(...)”
“¿Señor Zelenski, me permitiría unas palabras, aunque no
tengo el honor de ...?; –Siéntese; –Verá usted, yo soy un pasajero
sentado sobre una silla, la silla está sobre una caja, la caja sobre
unos sacos, los sacos sobre un carro, el carro sobre un barco, el barco
sobre el agua. Pero, ¿dónde está la tierra firme y cómo es...? Nadie lo
sabe; –No lo sabemos. Navegamos y navegaremos en este barco polaco pero
no tocaremos tierra hasta que no nos hundamos”
Tadeusz
Boy-Zelenski era médico, escritor, poeta y crítico, tradujo además más
de cien clásicos de la literatura francesa. Fue el enfant terrible de
la escena literaria de Polonia en la primera mitad del siglo XX. Se
convirtió muy pronto en una de las autoridades más destacadas de la
intelectualidad liberal y democrática que existía en Polonia antes de
la guerra.
Criticó con dureza la doble moral del clero,
promovió la secularización de la vida pública y de la cultura, y fue
uno de los mejores defensores de la igualdad de la mujer. Luchó en sus
ensayos contra la tradición romántica de Polonia, una forma que
distorsionaba el pensamiento de la sociedad sobre su pasado. Los nazis
lo asesinaron junto a otros cuarenta y cinco intelectuales polacos en
el año 1941.
Este
crimen de los alemanes se lo conoce como la masacre de los profesores
de Lviv. Gombrowicz se veía poco con Boy, apenas tenía contacto con las
mujeres que lo rodeaban, un séquito de segunda mano, mujeres de letras
entradas en años que constituían el estado mayor femenino del maestro.
También había mujeres jóvenes y hermosas, actrices, poetisas o a veces
simplemente muchachas atraídas por el ambiente.
En este medio
su belleza podía resplandecer si correr riesgos, pero estas jóvenes que
venían a buscar la vida fácil en la órbita de Boy, tenían una actitud
deliberada, y su deseo de emancipación era demasiado estereotipado,
entonces, no resultaban atractivas y hasta llegaban a ser irritantes.
Cuando se propone llevar al teatro a “Ivona, princesa de Borgoña”, lo
consulta a Tadeusz Boy-Zelenski: “Pregúntale a Mira, ella te dirá”
Mira
Ziminska era actriz, a más de ser inteligente tenía un gran sentido del
humor, pero Gombrowicz se llevaba mal con los actores, especialmente
con las actrices, consideraba que los intérpretes pertenecían a una
clase inferior de artistas. “Con las actrices me mostraba aún más
implacable que con los actores, y tenía la costumbre de fingir que no
las conocía; me presentaba solemnemente a cada una de ellas en cada
encuentro (...)”
“Un día, cuando me presenté cortésmente por
quinta vez a una diva, ésta agarró un vaso de agua y sin pensarlo dos
veces me lo vació en la cabeza. Mira, por suerte, no me guardaba
rencor, pero sus horizontes teatrales no eran tan amplios como para
poder apreciar una obra tan innovadora como ‘Ivona’. Me dijo que el
principio no estaba mal, pero que el resto no valía nada”
‘Ivona’ es una transición entre "Memorias del tiempo de la
inmadurez" y "Ferdydurke". Ivona, un juego humorístico y una forma
transitoria que Gombrowicz utiliza para ganar tiempo. Se convirtió en
la obra de teatro más atractiva para el público por su humor ligero y
cruel y porque su puesta en escena le permite al regisseur la libertad
de movimientos en todos los niveles y planos dramáticos.
Una de
las ocupaciones principales que tenía Gombrowicz en la época en la que
escribió ‘Ivona’ era decir sandeces en forma reiterada, sandeces que,
sin embargo, le permitían mantener y desarrollar lo que siempre fue
para él la ley suprema: el estilo. La risa y el estilo son pues los dos
cánones de Ivona, el príncipe se rebela contra la ley de la naturaleza
que lo obliga a gustar tan sólo de mujeres atractivas.
Esta rebelión
introduce un factor de descomposición que se manifiesta en vicios y
degeneraciones de todo tipo al punto que la corte se convierte en una
incubadora de monstruos. La acción comienza en una época indefinida en
la que hay reyes, príncipes y chambelanes. Los reyes y su hijo Felipe
entran a un paseo arbolado anunciados por el son de las trompetas.
La
reina y el chambelán se complacen con la belleza del crepúsculo y el
rey piensa en la partida de bridge que jugará a la noche. Un mendigo
pide limosna y el rey ordena que le den cinco centavos para que el
pueblo sepa que no es indiferente a sus problemas, la reina duplica la
limosna inspirada en la puesta de sol, y el rey la sube a quince para
que el pordiosero sienta todo el peso del presente regio.
Los
cortesanos hacen gestos de admiración. Los reyes se retiran, el
príncipe se queda en el paseo con dos amigos y entre los tres consultan
el horóscopo del que el príncipe deduce que las horas eran favorables
para una aventura galante. Cipriano los anima a que desempeñen la
función de la alegre animalidad juvenil como muchachos jóvenes, para
que los curas tengan trabajo y funcionen como curas según el principio
de la división del trabajo.
Felipe
siente que empieza a recorrer el camino de siempre, buscar unas buenas
piernas y la dulzura de unos labios diciéndole que sí. Cada uno
representa un papel, su padre forja el alma de los súbditos y él seduce
el corazón de las súbditas. Los amigos miran a una rubia que pasa y él
a Ivona que entra al paseo con dos tías. Como la joven carece de gracia
uno de los amigos empieza a burlase y el otro a ladrar.
El
príncipe los interrumpe y se presenta a las tías como el hijo del rey.
Las tías le cuentan que están fastidiadas con Ivona, que tiene una tara
fisiológica, en el invierno se hincha, en el verano se congestiona, en
el otoño le salen los sabañones y en la primavera le vienen los flujos,
que se podría curar si la sangre le circulara más rápido pues se
pondría más alegre, pero no se puede poner alegre porque tiene la
sangre espesa, un círculo vicioso.
El
príncipe se dirige a Ivona y le dice que le vienen ganas de pincharla
con una aguja para burlarse de ella, que le ha puesto los nervios de
punta, y como la joven se calla empieza a construir a partir de ese
callar el porte y la conducta soberbia de una reina ofendida, en ese
momento decide que será de él y se la presenta a sus amigos. Cipriano
se anuncia como el conde de la mierda y Cirilo como el marqués de la
colitis.
La dama de honor de la reina les pide piedad para la
pobre muchacha. Y pobre muchacha es el disparador final de la rebeldía
de Felipe, decide casarse con ella y pedirle el consentimiento a las
tías. ¿Una broma?, si ella misma es una broma, si ella puede bromear,
él también puede bromear, sí él es príncipe ella es una reina orgullosa
y ofendida a la que le pide el honor de que le conceda la mano.
Cuando
las tías le están agradeciendo la generosidad y la filantropía y los
amigos, que no lo pueden creer, lo maldicen, las trompetas anuncian la
llegada del rey, la tías se escapan. El rey se complace con la
naturaleza donjuanesca de su hijo que heredó del padre, según dice, y
la reina lo reprende. Le pregunta qué clase de bicho es esa doncella a
lo que Felipe le responde que es su prometida.
El
chambelán y la dama de honor le aclaran que es un chiste y el rey lo
acepta como broma, esa broma lo hace sentir más joven. El príncipe le
explica que tiene bastante fortuna como para someterse a los peores
sacrificios, no está obligado a elegir la belleza, puede también elegir
un mamarracho, no acepta nada que pretenda esclavizarlo. El rey le
recuerda que si una chica es linda, está bien, y si es fea, buenas
noches, es una ley de la naturaleza.
El hijo le responde que es
una ley vulgar e injusta. El chambelán comenta que es vulgar pero
sabrosa; al rey todo eso le parece un síntoma del hastío que le
producen a Felipe los estudios universitarios en el Instituto Oficial
de Construcción de Altos Hornos y sus ocupaciones en el dominio cívico
y social, para el chambelán el hastío proviene de la facilidad que
existe en los tiempos que corren para la práctica de juegos eróticos.
La
reina le recuerda que si sus juegos juveniles han dejado de gustarle y
el bridge y el polo no tienen atractivo para él le quedan todavía el
fútbol y el dominó. El príncipe exclama que se casa y listo, el rey se
ofende y lo trata de mocoso insolente, que como lo está ofendiendo en
su propia casa se verá obligado a lanzarle el anatema, mientras la
reina le ruega que no lo haga porque es el buen corazón del hijo el que
lo arrastra.
El chambelán le observa al rey que,
necesariamente, la acción debe ser noble pues si no lo fuera el
casamiento sería un escándalo. El rey aprecia la nobleza
desproporcionada de la acción pero el hijo le aclara que no es por
nobleza que lo hace; Margarita, la reina, le ruega a su Fitito que no
los contradiga, que lo autoriza a que les presenta a la prometida, el
chambelán y los cortesanos lanzan suspiros de admiración.
En
el momento que el príncipe presenta a Ivona el chambelán le pide a la
joven Ivona en voz baja que haga una reverencia, como no la hace se lo
pide Felipe, después la madre, después el rey y otra vez el príncipe,
pero Ivona permanece impávida. La reina le manifiesta al príncipe que
están en el cenit de la emoción y a la joven que en adelante serán
padres para ella.
El espíritu evangélico los colma de felicidad
y la belleza se encuentra en la cimas más elevadas del espíritu. El
rey, a solas con Margarita y el chambelán, se desespera, fueron ellos
los que tuvieron que hacerle la reverencia al monstruo horrible y no
ella a los reyes, la reina le recuerda que a pesar de esa falta de
modales la acción es bella. El chambelán concluye que cuanto más
horrible es la novia más bella debe ser la acción.
Él
tratará de descubrir las verdaderas intenciones del príncipe pues no
conviene exacerbar su rebeldía. Felipe entra a su aposento con Cirilo,
Ivona y un criado, echa al criado y le dice al amigo que habría que
atarla a la pata de la mesa para que no se escape. Piensa que su novia
es un monstruo al que hay que cazar del mismo modo que los cazadores
solitarios y nocturnos cazan a los búfalos.
Cirilo protesta
pues no se puede entender con él, entonces Felipe le dice que es
justamente por el hecho que ella no tiene derecho a gustarle a nadie
que se siente príncipe hasta la médula de los huesos, que uno nunca
conoce su verdadera superioridad hasta que encuentra a alguien
inferior, que ser príncipe para los demás no vale realmente nada, que
él quiere ser príncipe para él.
Ivona responde con el silencio a
todas las preguntas que le hacen probablemente porque está asustada y
ofendida, pero como les dice que no está asustada ni ofendida empiezan
a investigar cómo funciona ese mecanismo. Es apática porque es dejada y
es dejada porque es apática, una dialéctica monstruosa, un sistema
cerrado, tiene miedo porque es tímida y es tímida porque tiene miedo,
mientras tanto Ivona permanece impávida.
Le
buscan desesperadamente una virtud, por más pequeña que fuere, cuando
le preguntan si cree en Dios les responde que sí con un gesto de
desprecio. Se les ocurre que utiliza a Dios como una pantalla para
ocultar sus enfermedades, es una pena que no se la pueda curar con
vitaminas pues no asimila los remedios. El príncipe descubre que lo
está devorando con los ojos con una debilidad libidinosa y
desvergonzada.
Decide asarla al fuego como si fuera una babosa. El
chambelán les pide a los cortesanos y a las damas que no se rían. El
príncipe les presenta a Ivona, le responden con admiración y asombro,
le ruega a su prometida que les dirija la palabra y le advierte a los
invitados que es delicada, orgullosa y tímida. Cuando la invita a que
se siente ella hace un ademán para sentarse en el suelo.
Una
de las damas le susurra al príncipe que se han dado cuenta de que el
golpe teatral que está dando es contra ellas, que se compromete con esa
infeliz para ponerlas en ridículo, a Yolanda con sus ungüentos y
máscaras faciales, y sigue luego una cadena interminable de los
reproches que se hacen unas damas, de las dentaduras y de los pechos
postizos, de las espaldas torcidas, de los zapatos ortopédicos.
Los
cortesanos se empiezan a reír de los defectos de las damas, el
chambelán le advierte al príncipe que ha hecho cundir el pánico entre
el bello sexo. Un cortesano, después de muchas dudas, les confiesa que
ama a Ivona, que todo lo que estaba ocurriendo le parecía una infamia,
que en un principio tenía ganas de protestar pero después le pareció
mejor desistir de la protesta.
Felipe
se atormenta, de golpe el momento se vuelve sagrado, le pide perdón a
su prometida pues de repente descubre que puede despertar amor. Ivona
llora. Inocencio confiesa que las chicas mejores le resultaban
terriblemente difíciles mientras que con ella no había problemas. Ni
ella ni él podían encontrar algo peor, basta de remates al mejor
postor, que de esa manera se respira tranquilidad.
Sin embargo
está celoso y le habla con pasión. Ivona le grita que se vaya. A partir
de ese momento el príncipe siente que Ivona está enamorada de él, a
pesar de que la humilla y la atormenta lo ama, lo ama porque no la
puede tolerar. Ivona calla. Si es su bienamado no podrá dejar de
quererla, es necesario que la ame y la amará. Le pide a Ivona que se
ponga el sombrero para ir de paseo, y mientras caminan intentará
amarla.
El chambelán le dice a Cirilo que una mujer joven
realmente desagradable puede obligar al joven que se le acerca confiado
y entusiasmado a llevar por delante las cosas, a realizar actos
horriblemente atroces que un gentleman no puede conocer, pues si los
conociera no sería gentleman. Entran Ignacio y Margarita, el rey se
caga en Dios y se pregunta qué mierda habrá inventado Felipe para que
las damas estén tan alborotadas.
Se
le están quejando a la reina de que se comprometió con ese mono para
burlarse de los dientes y de los senos postizos de las señoras, y la
reina se queja de que los caballeros están haciendo bromas fuera de
lugar. El chambelán les advierte que es mucho más que eso, que el
príncipe la ama, que el hecho tiene algo de explosivo, que hay que
desconfiar y tener cuidado, que puede provocar un estallido general.
En
una sala del palacio el príncipe habla con Cirilo, está susceptible,
piensa que ahora es él el hazmerreír de la gente, no está acostumbrado
a que la chusma se burle de él. El rey y la reina le preguntan a Ivona
si está satisfecha, si le gustan las peritas con azúcar y crema fresca.
Ivona calla. El criado anuncia la llegada del médico que va a revisar a
la novia antes del compromiso.
La
reina le dice al hijo que la decencia exige que Ivona salga del mutismo
absoluto en el que ha caído, que le ha brindado su corazón de madre y
pasado por alto sus defectos, el príncipe le responde amenazante que
debe amarla, que nadie puede atreverse a dejar de amarla. La reina y el
chambelán le insinúan al rey que, quizás, en vez de inspirarle amor le
inspira miedo.
El rey no encuentra motivos para que le tenga
miedo pero sí los encuentra para el hastío que le deben producir a la
joven los cargoseos de Margarita. La reina y el chambelán insisten, le
piden que se familiarice con ella para que se habitúe a la corte, que
se la van a mandar con cualquier pretexto. El chambelán le aconseja que
le sonría, el ir y venir de las sonrisas traerá la afabilidad.
Ignacio
se imagina que tendrá que sonreírle y hacerle las reverencias, y la
tarada estará cagada de miedo, le pide al chambelán que no lo deje
solo. Empieza la conversación preguntándole por las novedades, ella le
contesta que hay un ovillo de lana y se calla. El rey se acerca unos
pasos y le pregunta si tiene un poco de julepe, ella retrocede, se le
aproxima más aún y le dice que es padre como un hombre cualquiera.
Ella
retrocede bruscamente y deja caer el ovillo de lana, el rey aúlla de
rabia y el chambelán le dice que así no. El rey empieza a putear y la
joven se escapa. El chambelán comenta que Ivona no sabe asustarse de
una manera elegante y picante como algunas damas, tiene un miedo
desnudo, un miedo en pelotas. El rey se acuerda de que cuando todavía
no era rey, en ese mismo desván, tuvieron una aventura con una
costurera.
La costurera también tenía miedo, después se
suicidó, tenía el mismo aire de maltratada, la asociación se le
apareció con una fuerza infernal. Entra la reina y el rey le pide que
no se le acerque, que tiene derecho a tener un capricho, que si no
salió bien la cosa es porque se acordó de algo que le concernía a ella,
que cuando miraba la forma de moverse, de temblequear y de rumiar de la
tarada pensaba en cierto abandono de ella.
Le recordaba su
dejadez, su descuido y su asquerosidad. La reina le pide que no le
falte el respeto. Cuando el rey se va la reina sermonea a la dama de
honor por hacer monerías frente al espejo como lo estaban haciendo
todas las señoras desde que la desdichada apareció en la corte.
Intrigada por lo que le dijo el rey se le ocurre que alguien puede
haberle mostrado el cuaderno donde escribe poesías.
Es probable que
exista una relación entre el abandono y la asquerosidad de Ivona y sus
poemas demasiado líricos, y entonces empieza a maldecir sus
ensoñaciones, sus éxtasis, sus delirios y sus confesiones. El príncipe
le pregunta a la madre por qué el rey espanta a su prometida, por qué
se abalanza sobre su novia para injuriarla, por qué Ivona le recuerda
al padre algunos pecados de ella.
Felipe
está confundido, ¿así que el padre se arroja sobre Ivona porque la
madre tiene pecados? Entra el rey y otra vez le pide a la reina que no
lo mire, la madre le dice al hijo que no haga tonterías, entonces el
príncipe termina confesando que no la ama, que se siente estúpido y que
se comporta de una manera idiota con Ivona. Felipe empieza a saludar a
los padres, el rey le pregunta qué bicho lo picó.
El príncipe le
dice que con Ivona uno puede permitirse cualquier cosa, y lo saluda al
chambelán que retrocede disgustado, que todo el mundo puede tocarla y
hacer lo que quiera porque ella no va a protestar. Cuando se retira la
dama de honor el príncipe le besa la nuca y después le besa la boca,
Isabel lo rechaza y le dice que es un atrevido, pero él la abraza y la
besa otra vez,
Tiene
el propósito de hacerla sufrir a Ivona y pide que se la traigan
mientras le declara su amor a Isabel. Le confiesa a Ivona que la está
engañando con Isabel, que ya no es más su prometida, le besa la mano a
la dama de honor, le pide a Ivona que no se quede plantada delante de
él y le comunica a Isabel que anunciará de inmediato su compromiso
nupcial con la dama de honor.
Como Ivona no se mueve le pide a
Cirilo que traiga de inmediato a Inocencio, su amante anterior, le dice
a Ivona que no tiene ningún remordimiento, que es frívolo y no tiene
piedad, que si no se va ella se pueden ir ellos. Ivona se inclina y
levanta del suelo un pelo de Isabel. Inocencio protesta pero el
príncipe lo obliga a callarse y le pide a Ivona que le devuelva el
pelo, Isabel le recuerda que tiene otros pelos.
Felipe insiste en que le devuelva el pelo
porque tiene el presentimiento que es a ellos a quienes lleva en ese
pelo. Da órdenes de que no la dejen salir del palacio y demora el
anuncio de la ruptura de su compromiso. Cirilo sospecha que todo va a
empezar de nuevo pero el príncipe le asegura que la historia terminó
haciéndole un gesto con la mano de que la va a decapitar.
Cuando
el amigo le dice que devolviéndola a su casa ella desaparece le
contesta que prefiere matarla, está enamorado de Isabel, no le
preocupan los sufrimientos de Ivona, pero sí le preocupa que si se va
los lleva con ella, a él y a Isabel, tiene que matarla y le pide ayuda
a Cirilo. El canciller le pregunta al rey qué vestimenta debe llevar el
embajador en su viaje a Francia.
El rey le contesta que vaya
en pelotas, pide disculpas y le da libertad para que se vista como a él
le dé la gana pero que pague de su bolsillo. El mariscal le pregunta
que desearía comer en el compromiso del príncipe con Ivona, le responde
que cagadas y escupidas, se disculpa enseguida. Cuando el juez supremo
le pide gracia para un viejo servidor, vocifera que nada de indultos,
que le corten la cabeza, les exige a todos que no lo miren y los echa.
El
rey escondido detrás de un sillón le dice al chambelán que le gustaría
saber qué cosas hace Margarita cuando nadie la ve, está empezando a
sospechar que lo engaña. Le habla de la prosperidad de la inmoralidad,
el cinismo y la desvergüenza, de que si pasara por ahí Ivona podría
matarla, que ya otra vez lo habían hecho. El chambelán lo previene de
que es necesario, debido a los momentos que se viven, conservar la
urbanidad y el tacto.
En el banquete se podría servir un plato
de pescado con muchas espinas como la corvina. Ivona se pone nerviosa
delante de la gente, casi se ahoga con una papa, la corvina es un
pescado difícil. El rey lo aprueba, esa idiotez es tan grande que no
puede despertar sospechas. Entra la reina y el rey se esconde tras el
sillón otra vez. Margarita saca un cuaderno de poemas de amor y recita.
Se
siente humillada por la semejanza que encontró el rey entre sus
escritos e Ivona y está decidida a matarla con un veneno volcando unas
gotas en su medicina. Pero la tiene que matar con otro aspecto, se
desordena el cabello, se pintarrajea y cuando está por entrar al cuarto
de Ivona el rey se le echa encima y la detiene. Le dice que es un
monstruo, una infame y ella se desmaya.
Cuando Margarita se
despierta el rey le dice que ellos saben como matarla, que hace mucho
tiempo habían ahogado a otra tarada. La reina no está de acuerdo, el
rey le dice que la asesinará con estilo y majestad y de una manera tan
idiota que nadie podrá pensar mal, que en el banquete de la noche se
iba a manducar una corvinita a la crema exquisita. Margarita le dice
que ni loca piensa servir corvina.
En ese momento el rey le pide al chambelán que le
alcance la corona, la reina retrocede aterrada mientras Ignacio la
amenaza con pegarle y le exige que prepare y sirva la corvina. El rey
se tranquiliza y le ruega que invite a los dignatarios más snob, a los
viejos profesionales de la arrogancia capaces de paralizar a
cualquiera. No quiere ver más emociones ni éxtasis.
Le pide que
termine con su poesía, que ella es más que esos versitos, que es la
reina. A la noche todas sus chicas deberán exhibir su elegancia hasta
reventar, quiere una recepción brillante, le ordena que vaya a cocinar.
El rey y el chambelán escuchan pasos y se esconden, entra el príncipe
con un cuchillo en la mano y Cirilo con una bolsa. Desde fuera del
cuarto ven como Ivona bosteza y caza moscas.
Felipe aprieta el
cuchillo y se prepara, cuando Ivona se queda dormida le pide a Cirilo
que lo haga por él porque es tan fácil como degollar un pollo, Cirilo
no se anima, entonces le pide que se vaya, que lo hará solo. Ivona
suspira, entra Isabel, se espanta y les recrimina a los dos que se
estén preparando para ser asesinos. El rey escondido desea que la mate,
Isabel le dice qué es de él en cuerpo y alma, que se ocupe de ella.
Sin
embargo el príncipe siente que todos están en el interior de Ivona, que
los arrastra por el barro y hace de ellos lo que quiere. Isabel le
ruega que la bese, el príncipe la observa a Ivona que ronca y traga
saliva, Cirilo le pide que bese a Isabel, el rey en silencio también lo
anima, Isabel ofendida se niega a mendigar besos, Felipe le implora que
se quede, que no quiere perderla, que el beso será la salvación.
La
abraza y le pide que le diga que lo ama, Isabel se niega. Ivona aparece
en la puerta restregándose lo ojos. El rey sale de su escondite y lo
azuza al hijo para que mate a Ivona, le dice que hay que darle duro a
la tarada, el chambelán lo contiene e Isabel los convoca a una huida
general mientras el rey lo exhorta al hijo para que la degüelle viva
con ánimo y valor.
Entra
la reina vestida de gala con los invitados, los criados traen las mesas
del banquete, entonces el rey se acuerda de la corvina y le pide al
hijo que se detenga, que se arregle la corbata y que se pase un peine,
y al chambelán que le alcance la corona. El rey le ruega a todos los
invitados que se ubiquen y que sienten frente a los reyes a la futura
nuera. Los invitados hacen reverencias.
El rey les explica que se
celebra la comida en honor a Ivona a la que condecora con el título de
Princesa de Borgoña. Los invitados aplauden y se deleitan con la
corvina. El rey y el chambelán la estimulan para que coma, Ivona
empieza a comer, Ignacio le dice que tenga cuidado con las espinas.
Ivona se ahoga. La reina y los invitados se lamentan de la pobre
desdichada y se van retirando poco a poco mirando el cadáver de Ivona.
Mientras el príncipe y el chambelán constatan que se
murió atragantada con una espina la reina piensa en el luto, acaricia
los cabellos del príncipe y le dice que está con él. El chambelán le
ordena a los criados que la preparen para las pompas fúnebres y se pone
de rodillas, todos se arrodillan excepto el príncipe. El chambelán y la
reina le piden que se arrodille. El príncipe se arrodilla.
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